Lunes, 11 de diciembre de 2017

José Núñez Larraz: una mirada fotográfica

José Núñez Larraz es, sin duda, uno de los grandes fotógrafos salmantinos. Desaparecido ya hace años, su creación fotográfica, de una gran calidad y de una innegable personalidad, supone una documentación excepcional sobre la ciudad de Salamanca

No hay fotografía sin mirada. Es, acaso, uno de los axiomas esenciales, para detectar cuándo hay fotografía o no la hay. Porque, hoy más que nunca, debido a los impresionantes avances tecnológicos, hay muchos que hacen fotografías, pero sigue habiendo pocos fotógrafos de verdad.

            José Núñez Larraz es, sin duda, uno de los grandes fotógrafos salmantinos. Desaparecido ya hace años, su creación fotográfica, de una gran calidad y de una innegable personalidad, supone una documentación excepcional sobre la ciudad de Salamanca y sobre la propia provincia, que Pepe Núñez conocía y recorría, en busca de esa fotografía que revelara un rincón, un paisaje, una situación, un tipo humano, para trascender ese momento captado por una mirada con alma y convertirlo en esa suerte de eternidad, de duración permanente, que supone toda verdadera fotografía.

            Todo este tiempo en el que estamos y que ocupa parte de la primavera y del estío, en concreto, desde el 18 de mayo hasta el 31 de julio, tiene lugar en el Archivo Histórico Provincial de Salamanca, con motivo del centenario del nacimiento del fotógrafo, una exposición titulada “José Núñez Larraz, fotógrafo. 1916-2016”.

            Se trata de una exposición recogida, íntima, y marcada por el silencio, elementos todos ellos que favorecen esa contemplación serena de cada una de las fotografías que se exponen de nuestro artista. Se ha huido del exceso. Se ha elegido un discreto número de fotografías, siempre en blanco y negro, claro, para que el visitante no se fatigue, para que no quede estragada su mirada y para que pueda asimilar mejor lo contemplado.

            Tras haber visto no pocas fotografías de José Núñez Larraz y haber charlado con él, cuando vivía, en no pocas ocasiones sobre fotografía y otros mil asuntos, en este exposición el fotógrafo salmantino nos vuelve a sorprender.

            Percibimos una suerte de metafísica, de superación de lo real, de lo momentáneo en todo este corpus fotográfico. Hay en estas fotografías un silencio que sobrecoge. También hay un tratamiento de la luz, que adquiere un protagonismo muy especial, pues podemos interpretar estas fotografías, en primer lugar, como verdaderas “iluminaciones”, como revelaciones del espacio, de los edificios, de los seres (pocos y siempre muy bien escogidos) que pululan por los espacios y que los pueblan.

            La luz especial de los momentos de lluvia, la nieve tatuada de un pavimento urbano, la niebla que envuelve la ciudad…, son como revelaciones de unos espacios que, desde esta mirada fotográfica, se nos entregan para que percibamos algo de ellos, que nos había pasado desapercibido.

            Hay como una melodía de propuestas que el fotógrafo nos ofrece, en unas iconografías que, pese a que nos resulten conocidas y familiares, Núñez Larraz nos devuelve como sorprendentes.

            Es una melodía visual en la que aparece el Tormes, la ropa tendida, una desmesurada portería de fútbol, un carro en la nieve, algunas vistas desde el unamuniano “alto soto de torres”, unas cántaras de hojalata, la plasmación de la tormenta, la ebriedad y soledad de las torres, el actor Jean-Paul Belmondo en un cartel de cine colgado de un muro del edificio de la plaza del Mercado, el verraco, la catedral, la Peña de Francia, el hombre que carga al hombro con la canal de un animal sacrificado…

Todo, aquí, en esta acertada y pertinente exposición, nos lleva a una belleza que surge desde el silencio y desde la luz, desde una mirada que sabe cuáles son los secretos para que la realidad, por humilde y franciscana que sea, quede trascendida, pasando de lo momentáneo a una permanencia, que es un regalo para todos.