Jueves, 14 de diciembre de 2017

Huérfanos

El pasado domingo, en la histórica manifestación que organizaron los centros educativos concertados en la comunidad valenciana, con gran eco a nivel nacional, muchos participantes se sintieron políticamente huérfanos. Aunque asistieron significativos representantes de Ciudadanos y del PP, cundía la sensación de que en los cuarteles generales de estos partidos falta sintonía, sensibilidad y competencia para identificarse con la libertad de educación, con los valores de la familia corriente y con los miles de maestros maltratados laboralmente por unos representantes políticos que, por lo general, confunden “administración pública” y “administración politizada”.

Esto no significa que estuvieran en sintonía con otros partidos con representación parlamentaria, ahora seducidos por lo que el ex Conseller de Educación Alejandro Font de Mora ha llamado el Marzá-ismo-leninismo. De hecho, algunos asistentes se preguntaban verbal y gráficamente dónde están los socialistas valencianos que en otros tiempos eran educativa, social y culturalmente menos sectarios.
Esta horfandad no impidió una adecuada organización de autobuses, seguridad y distribución de responsabilidades. Fue una muestra de autogestión organizativa de la que deberían aprender los partidos. No por el hecho de que la megafonía fuera precaria, las consignas fueran improvisadas o se percibiera entre los organizadores cierto “miedo a pinchar”. Se mostró la efervescencia de una sociedad civil sin consignas y buena muestra de ello fue la recuperación casi inconsciente de la mítica “Libertad sin ira” de Jarcha. El desamparo partidista no era vivido como un obstáculo en la reclamación de un derecho constitucional sino como un trampolín con el que transmitir a la opinión pública que la calle es de todos.
Este desamparo que puede ser leído como muestra de mayoría de edad, también tiene que ser leído como un serio aviso a las autoridades políticas de Ciudadanos y PP. Los primeros parecen más preocupados por criticar a los demás y no muestran excesivo entusiasmo por la libertad de educación, conformándose con mantener el statu quo. No sabemos si van o vienen, si suben o bajan en la libertad de educación.
Aunque los segundos sí creen en la libertad de educación, lo tienen complicado porque elaboraron una reforma educativa que se hizo de espaldas a las bases sociales, sindicales, culturales y políticas del centro derecha español. La reforma de Wert nació muerta porque no fueron las bases de los populares quienes la elaboraron sino un grupo de expertos en derecho administrativo y tecnología educativa que no habían trabajado nunca en un aula con adolescentes, que nunca habían elaborado unos horarios en los centros, que no sabían lo que era una guardia de secundaria, que nunca habían tenido problemas de disciplina en sus enmoquetados despachos, que nunca habían firmado un concurso de traslados y que apenas si sabían lo que era una pizarra.