Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Natalidad

Numerosas investigaciones demográficas, muchos artículos de revistas especializadas y la prensa diaria nos vienen alertando del invierno demográfico y sus consecuencias económicas y sociales. 

En varias conversaciones que he mantenido con diversas personas que viven en otros países de la Unión Europea, me ha sorprendido gratamente las ayudas que se ofrecen a la maternidad. Por ejemplo, me contaba una española que lleva viviendo en Alemania desde hace más de treinta años, que recibe una prestación por su primer hijo de 157€ mensuales hasta que termine sus estudios universitarios. Mayor estupor me llevé cuando me dijo que por el segundo recibe 254€. No me supo indicar la ayuda que se proporciona por el tercero y siguientes. 

También me he enterado que en Italia se reciben 80€ mensuales por cada hijo menor de 3 años. Si bien, el gobierno italiano ha decido elevar esta ayuda a 160€. En España, desde enero de 2015, las familias numerosas recibimos 100€ mensuales, lo que suponen 33,3€ por hijo…

Naturalmente, los padres no tenemos hijos porque nos den dinero, si bien, en estas sociedades occidentales hace falta dinero para poder tener hijos. Pero eso no es el meollo de la cuestión. Los hijos de hoy sostendrán las pensiones del mañana. Los hijos de hoy ayudan a dinamizar la economía, a que no se cierren los colegios o negocios familiares que prestan servicios a las familias. Los hijos de hoy generan esperanza e ilusión. Los hijos de hoy… Pero, ¡qué digo, hoy ya no tenemos hijos! Retrasamos la paternidad y la maternidad como una carga o un obstáculo para nuestra individual carrera profesional. Preferimos un viaje, un coche, unas vacaciones, una casa… El estado social de bienestar nos está llevando ineludiblemente al individualismo solitario de la noche demográfica.

Urgen políticas de natalidad. Se necesitan políticos decididos que afronten este problema que apremia, que llama a nuestras puertas y del que, al menos, algunos medios están alertando. Si bien ya vamos muy tarde, el tren ya ha partido y no queda otra que correr tras él para subirnos en la próxima parada. Junto con Portugal somos el país de la UE que menos ayudas otorga a la maternidad, a la conciliación y la natalidad. ¿A qué esperamos?

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