Viernes, 15 de diciembre de 2017

Lluvia, agua

Estas letras son tinta de tormenta, aguacero de pábulo y trueno deshuesado.

Hoy mientras llovía a mares en nuestra Salamanca, Lorca vuelve a Nueva York y en unos días alguien escribirá sobre Ucrania, tenemos amigos viajeros, una acuarela de Miguel Elías, la cueva de los nadadores en el desierto, “La Rebelión de las hormigas” y sueños que no soñamos.

En estos días es obligada visita El Tormes, o más bien será él quien nos visitará alargando su orilla hasta nuestros felpudos. Mi madre siempre me habló del poder de fuego, pero ¡ay!  del poder del agua, nadie puede con ella, humea el pozo en sus cascadas, vomitan las presas indigestas, el agua traza siempre su camino, ni surcos, ni acequias ni murallas.

El agua es vida y hace tiempo que dejamos de jugar con ella, apenas hay vestigios de “Katiuskas” (derivación que se dio a este calzado por el uso en una Zarzuela de una mujer rusa) saltando sobre los charcos. Apenas hay cabelleras y rostros con goteras, la lluvia no tiene ya compañera de baile.

 

A mi prima hermana gemela.