Viernes, 15 de diciembre de 2017

De Madrid al cielo…

En todas las entrevistas efectuadas a toreros se alude a Madrid como punto culminante de su carrera taurina y más cuando tratan de abrirse camino en el zozobrante y duro camino de la Tauromaquia

Según tengo entendido, siempre que arranca la temporada de Las Ventas, el aficionado más curtido de la plaza madrileña espera entre deseoso y desconfiado la cartelera: Siempre existe la suspicacia del por qué faltan o sobran toreros, algo que se sucede cada año en todas las ferias de la Iberia taurina, más aún ante el largo ciclo isidril que pronto va a comenzar.

Mucho se ha escrito, y más se escribirá, sobre el público de los toros y siempre se hizo y se hace el mismo descubrimiento de que el público de hoy es muy distinto al de otros tiempos... Y sobre tan ligera afirmación, hablando del público madrileño, se fundamenta un razonamiento por el que se le acusa de preferencias por unos diestros, mientras aparta a otros sin causas justificadas, o bien porque se han cansado de verlos feria tras feria, muchos de ellos repetidas figuras, que lo exigen todo, cobran una millonada y, sin embargo, torean poco como mandan los cánones, o muy parecido… Y como el público tiene un sentido reverencial de tanto “millón” y los toreros empiezan a ser avaros de su valor y decisión, los públicos empiezan a exigir por instinto de tasación, de que los méritos y justificación han de ser proporcionales a lo que cobran. Y, además, el aficionado venteño no les permite que su arrogancia cuestione la plaza. Sin embargo, lo que todos esperamos de Madrid es que vuelva a sus cauces lógicos y a poner el listón allí donde debe estar.                                                                                                     

En todas las entrevistas efectuadas a toreros en prensa, o en otro medio de comunicación, se alude a Madrid como punto culminante de su carrera taurina, y más aún cuando tratan de abrirse camino en el zozobrante y duro camino de la Tauromaquia. Parece ser que ir a Madrid es el sueño más deseado, que allí rompa un toro, produciéndose la eclosión necesaria y un talón en blanco para que el resto de las plazas abran sus puertas sin siquiera tocar la aldaba de las mismas (puede ocurrir, tal como ocurrió no pocas veces) y catapultar a un torero válido, de buenas hechuras y sabiduría relevante con pocas corridas de toros transformado en figura “señera”. Pero también ocurre que Madrid exige la reválida de lo aprendido en su carrera y el talón (también ocurrió muchas veces) puede ser el de Aquiles.

Si nos remontamos en el tiempo, incluso en el actual escalafón, veremos sinsabores y grandezas en la catedral del toreo, desde arrancarse con rabia de un tirón la coleta, hasta salir a hombros en olor de multitud y rendir Madrid a su arte; de estos gestos se han vivido muchos en la plaza venteña. Pero continuando con la reflexión a la que quiero llegar es que dicha plaza también alberga muchas dudas razonables para los toreros y sus tutores, dudas que comienzan sopesando la ganadería a lidiar y si ésta ofrece ciertas garantías de éxito, el público o el abono asistente, la responsabilidad de estar a la altura, no estar bien preparado, el tiempo etcétera. Y saber, ante todo, que te pueden olvidar para siempre, cosas simples si quieren, pero que pasan por más de una frente antes de hacer el paseíllo, sin embargo, el torero necesita a Madrid. Y si quiere más, debe desplegar cuanto sabe y triunfar, y luego seguir. O le pesará

                                                                                                                                                                     Fermín González  (blog taurinerias)