Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Lo que pasa no tiene ninguna gracia

He de reconocer que estoy como los niños. A veces, hasta termino por  decir lo mismo que ellos cuando están hartos de jugar a la play: “es que me aburro”. Sí, a mi edad me aburro. No cambia nada, o sí, pero para peor.

Me aburren hasta los “Papeles de Panamá”, no encuentro en ellos nada que me llame poderosamente la atención, ni siquiera el hecho de que estén traspapelados los de la humanitaria tía del Rey, el marcapáginas de Vargas Llosa o la hipocresía de los presidentes de varios países, es algo que ya suponíamos y como tal nuestra capacidad de sorpresa reacciona como un laxante.

También me aburre sobremanera la clase política que manda en Europa, parece satanizada, está llena de prejuicios. Son parte de esa generación que nació matando marcianitos y presumiblemente ven así a esos angelitos que al huir de la guerra son presa de los peces. Pero ahondemos en su pensamiento: Quién dice que los niños de los refugiados sean como nuestros niños, no puede ser. ¿Y sus mayores amarán y sufrirán como nosotros?, mejor no saberlo, a ver si la mezcolanza nos va a dejar sin una rubia en la playa. Mejor ponerlos en manos mercenarias y abandonarlos a su suerte.  

También me aburre nuestra clase política, muy pocos dicen lo que piensan y aún menos los que sienten las penurias de este pueblo; tan políticamente correctas son sus miradas, que continuamente viajan a las estrellas, que son las encuestas, para calibrar cualquiera de sus movimientos. El común de los españoles importa muy poco, da la impresión de que cada grupo quiere gobernar una parcela, la suya, donde está el granero de sus votos.

Los partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, de quienes se esperaba que mediante pactos  acabasen con el bipartidismo y la asfixiante mayoría rajoniana, llevan ciento quince días de pasarela y ni por asomo se les ve que estén a la altura de las circunstancias. Unos y otros se esconden a ambos lados de Pedro Sánchez, su punto equidistante, para lanzarse dardos de reproches. Así, ni es posible avanzar ni sabemos si sería bueno que entraran a formar parte de un mismo gobierno. Una apuesta demasiada ingenua para este país.

Sí es verdad que Ciudadanos ha puesto mayor interés en encontrar puntos de encuentro, pero al ser un partido que nace en Cataluña, el muro del “derecho a decidir” es un listón tan alto que no le deja ver algún otro tipo de compensación para el adversario. Justo lo contrario de Podemos, quien está hipotecado con grupos nacionalistas, de quien recibe sus votos, y no quiere enterarse que para el derecho a decidir se precisa un cambio constitucional y un refrendo de todos los españoles.

No obstante, a pesar de lo dicho, la política es camaleónica y todo puede cambiar de un momento para otro. Podemos, dado el desgaste que le está suponiendo la metamorfosis desde la utopía a la realidad, las responsabilidades de un cambio la quiere dejar en manos de sus bases, al igual que ya hiciera Sánchez con los suyos en su apuesta conjunta con Ciudadanos, pero el tiempo se echa encima y ya queda muy poco margen.

La deriva por la que dicen que Podemos está sufriendo desgaste es fácil de resumir: Podemos comenzó tratando de “casta” a todo bicho viviente con responsabilidades en la democracia, después pidió empleo antes que programa en cualquier hipotético gobierno con el Partido Socialista, a continuación desolló voces que emergían dentro de su partido como las de Carmena y Villarejo y continuó la ruta ideológica de Verstrynge y Monedero (presuntos consejeros del régimen venezolano que, dados los resultados obtenidos en ese país, deberían devolver el dinero si alguna vez cobraron), Podemos también cayó en el insulto innecesario a un político talismán de la talla de González, además de poner el ventilador a las diferencias entre Errejón e Iglesias, y, por último, escenifica en demasía posturas trasnochadas parecidas a las de “El cuarto Estado” (véase cartel película “Novecento”) de Giuseppe Pellizza, con niño incluido.

Todo lo dicho en el párrafo anterior ha salido por televisión y es conocido por todo el mundo, con lo que no decimos nada nuevo ni a favor ni en contra de Podemos (aunque le reprochen no haber abierto una mesa de negociación desde el mismo 20-D, pues ahora sólo les queda tomar las doscientas medidas de consenso y llevarlas al taller, no ofrecer unas nuevas porque no queda tiempo) pero sí le falta definición y sobre todo definición de ser un partido de izquierdas, clásico o socialdemócrata. Si no es así y se trata de una apuesta nueva, aunque sea de buena fe, que estamos seguros lo son sus simpatizantes, los problemas urgentes que acucian a este país no están para muchos ensayos.

Así que viajemos al futuro más inmediato, y ahí, a pesar de todo, si comenzamos por Podemos, las encuestas que le dan a la baja tampoco son demasiado malas, pero son encuestas y nunca se sabe qué ocultan. El panorama para el Partido Socialista es una incertidumbre a pesar de sus denodados esfuerzos en las negociaciones, y no así en el caso de Ciudadanos, que está al alza, quizá recogiendo los restos de UPyD. Pero curiosamente, por inacción, aunque alguien diga que es injusto, el señor Rajoy, con su permanente queja de “ese señor no quiere hablar conmigo” (“Pedro no me ajunta”), refiriéndose a Sánchez, es posible que salga beneficiado. Pero ¡ojo!, la gran sorpresa la puede dar Garzón con Izquierda Unida.

Así que, con gran abstención a la vista, si nadie lo remedia, nos veremos votando el 26-J y, mientras, los grandes problemas del país sin resolver, aunque nos sobren políticos por todas partes. No hay más que encender la tele y veremos algunos que se saltan reuniones o votaciones con tal de verse en la grabación al día siguiente.