Lunes, 18 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

Quiere, puede: Triunfa

Manuel Diosleguarde se ha llevado el Bolsín de Ledesma sin ninguna duda, por méritos propios y por encima de muchachos bastante más toreados que Él

Rodeada de dehesas y escoltada por casi veinte ganaderías de reses de lidia tiene Ledesma tantas similitudes con esta nuestra Ciudad Rodrigo que parece que las pintó el mismísimo demonio.

Su entramado de callejuelas estrechas desemboca  en una plaza donde el templo que no es catedral  podría serlo perfectamente. Restos de murallas medievales con principio y final en el castillo envuelven casonas solariegas, vestigio de moradores insignes como los Chaves que al igual que en Miróbriga dejaron la impronta de su escudo de  las cinco llaves en aspa en algunas de sus fachadas. Sobrecoge la vista al rio Tormes aquí donde empieza a encajonarse entre moles inertes de granito testigos mudos del devenir de unas aguas algo molidas de  su paso por la capital. Mas no se entiende un rio sin puentes teniendo Ledesma dos, el medieval con sus arcos de ojiva que es el símbolo de la villa y otro  escasos metros rio abajo que descarga de circulación al hermano mayor.

En Los Corphus el espanto  de los toros no está prohibido. Está reglamentado y son la salsa de la fiesta. Por si fueran pocas las cosas que nos asemejan celebran en la Villa de Ledesma desde hace doce años un Bolsín, Certamen Taurino le llaman allí, que con distinto formato, ni mejor ni peor, tiene como principal y último fin  promocionar y dar a conocer a los chavales que han elegido este modo de vida para expresar su arte y su valor. Es después del Bolsín de Miróbriga el más famoso, serio y bien organizado de cuantos tienen lugar en la península otorgando a su ganador fama y ambiente en el mundo novilleril.

Lo sigo desde el principio, esta edición con el aliciente de ver a un chico de Ciudad Rodrigo del que había oído hablar mucho y bien. Se llama Manuel Sánchez, Manuel “Diosleguarde” en los carteles. Cuenta el muchacho con una peña de más de cien socios que le siguen y apoyan allí donde torea. Hay veces que las peñas nacen  y pronto pierden la razón de ser para la que se crearon, o sea, ser viento de popa y soplar para que el barco, a toda vela, vaya salvando los innumerables obstáculos  de la  profesión. No parece el caso. Por lo que he podido ver no se trata de” hooligans” que no ven más allá de lo que haga su pupilo si no de gente que entiende de esto, que respeta y aplaude a los otros torerillos si dan motivo para ello. Están  ilusionados y ahora les comprendo.

Manuel Diosleguarde se ha llevado el Bolsín de Ledesma sin ninguna duda, por méritos propios y por encima de muchachos bastante más toreados que Él. Le ves por el callejón y parece  un lindo e inofensivo gatito pero tiene esa rara y portentosa habilidad de transformarse en fiero león al ponerse  delante de la becerra. El pasado domingo, día de la final,  el frio y molesto viento que a todos trajo de cabeza pareciole al muchacho una ligera y agradable brisa marina. Lo vio claro desde el primer momento se puso a torear sin probaturas, pronto y a la mano, vamos que nos vamos. Tiene valor, raza, afición, gusto y una mano izquierda que ya quisieran algunos. Está aún tierno como una lechuga pero verle  supone un digestivo ante tanto torerillo de corte académico, insulso y repetitivo. Es su desparpajo, frescura  y ansia de triunfo sobre todas las cosas lo  que mueve a su peña y va a poner en la carretera a no pocos aficionados.

No sé si va a funcionar o no porque es un camino largo y tortuoso pero parece que a este gallo todo lo que le echen le parece poco. El que se vea capaz, por el bien de la fiesta, que dé un paso al frente. He dicho.     

JESÚS CID