Lunes, 18 de diciembre de 2017

El divorcio de los padres y las consecuencias para los hijos

El número de divorcios y de separaciones ha aumentado considerablemente en los últimos años

El número de divorcios y de separaciones ha aumentado considerablemente en los últimos años. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas de España, el número de divorcios había aumentado un 47% y el de separaciones matrimoniales en más de un 50%.

Eso significa que muchos niños (los hijos) estarán ingresando en situaciones para las cuales no están preparados. Y aunque pensemos que es mejor que la pareja se separe que continúen viviendo situaciones conflictivas de convivencia, indudablemente, una separación afectará a sus hijos. En todo caso, si el niño está viviendo situaciones no idóneas, por ejemplo, de constantes peleas, discusiones, que terminan en maltrato, problemas de alcoholismo o drogas, y que el ejemplo de su padre y/o madre no sea el más adecuado, será más beneficioso para él que sus padres se separen. 

Está comprobado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que cuando deciden vivir separados. Los niños quieren sentir que sus padres son felices. Es importante considerar que al tomarse la decisión de separarse que se analice primero la relación con los hijos, los cambios que éstos pueden sufrir, las razones que tendrán que presentar a los hijos, y sobretodo que su decisión no afecte ni comprometa a las necesidades básicas de los niños. El niño continuará necesitando de cariño, de cuidados, de atención, de apoyo, comprensión, etc... 

Padres separados y los hijos

Aunque separados, la pareja ya no es una pareja de matrimonio pero jamás dejará de ser una pareja de padres para sus hijos. No se puede olvidar que los niños tienen derechos y necesidades básicas como la alimentación, el alojamiento, el cuidado cuanto a la salud, la educación, la vestimenta, en resumen, atenciones de todo tipo. Los niños sólo se sentirán seguros si existe un clima de confianza, respeto, y de afecto con sus padres. Considerando estos derechos, los padres deberían ofrecer una educación basada en valores como el optimismo, la responsabilidad y la familia, brindando a sus hijos con una convivencia civilizada, integradora y social, observando el comportamiento de sus hijos y estando a su lado en todas las horas en las que necesiten. Siendo muy importante la distribución equitativa de los tiempos de convivencia, (según las necesidades de la pareja), para poder educar en igualdad.

Los padres separados llevan su guerra al colegio

La Asociación de Padres de Familia Separados (APFS), ha  presentado a la consejería de Educación de Castilla y León, un protocolo para regular las relaciones en los centros educativos con los progenitores separados.

Los procesos de ruptura sin acuerdo acaban afectando emocionalmente a los menores y convirtiendo los colegios  y los docentes en una trinchera más de la guerra entre los padres.
La salida de los niños de los  colegios debería de ser un momento de alegría. Sin embargo, se torna en pesadilla cuando padres separados en conflicto, a veces con abuelos de por medio, empiezan a discutir en la puerta de los colegios  ante la vergüenza y desasosiego  de sus hijos y la mirada atónita de  colegiales y padres. La escena, que podría parecer de película, es una triste realidad en algunos colegios donde incluso no es extraño ver como padres y abuelos se aferran a la valla del centro a la hora de los recreos. “Llegan allí con la esperanza de ver o hablar con sus hijos o nietos cuando la otra parte les impide verlos”.

"Un cambio de centro nunca lo debería poder decidir un padre unilateralmente"

Uno de los aspectos que más urge clarificar en el protocolo que ha presentado la APFS, en la consejería de Educación es el proceso de elección de centro en el caso de padres separados o divorciados que comparten la patria potestad de su hijo. Hasta ahora, para matricular a un escolar en un centro basta con la firma de uno de sus tutores legales. Esto, cuando los padres chocan por todo, se convierte en una trampa que permite cambiar al menor de colegio o instituto sin que el progenitor no custodio de su consentimiento. 

"Al igual que no se puede empadronar a un menor sin la firma de los dos padres, un cambio de centro no lo debería poder decidir un padre unilateralmente". Cuando dos padres matriculan a su hijo en colegios diferentes por falta de acuerdo "se crea una duplicidad que perjudica claramente al niño, pues al quedar relegado al final del proceso pierde cualquier prioridad para acceder al centro elegido". Educación debería exigir las firmas de ambos progenitores. 

Juan Carlos López Medina. Presidente Nacional de Asociación de Padres de Familia Separados (APFS)