Jueves, 14 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

Bruselas, una opinión diferente

Los argumentos se nos escapan de las manos, y no logramos convencer de forma razonada que la mezcla es positiva, y que la llegada de inmigración es buena tanto para los que arriban, como para los receptores

A la vista de lo ocurrido en Bruselas, personalmente, quiero dar mi opinión de rabia e impotencia.

Para todas las personas que dedicamos tiempo a la defensa del multiculturalismo; y criticamos el racismo tratando de aportar argumentos sólidos. Para todos los que, como yo, dedican tiempo a informarse e informar acerca de los beneficios del mestizaje cultural, de la movilidad laboral, etc... Todos aquellos que tratan de criticar el cáncer social que supone la aceptación de tópicos, que por desgracia se cumplen en muchas ocasiones, tóxicos y nocivos, lanzados por quienes carecerían de resentimiento si se cerrasen las fronteras a las personas, pero luego lloran si se aplica lo mismo sobre los capitales.

Los que han sido críticos con los proyectos de invasión, y criminalización. Todos aquellos que saben a qué me refiero cuando hablo de Fukuyama, de Wolfowitz, de Rumsfeld, o de la simpática Conloeeza Rice. Todos aquellos que conocen lo nocivo que resulta el desprecio y el rechazo, y más aún cuando este responde a un condicionamiento casi casi ideológico (digo casi casi, porque en la mayoría de los casos actúa como ideología, pero se trata de una gran cantidad de incultura o desprecio "hereditario")

Resulta superfluo decir que los perjudicados por los atentados son ellos mismos, que pierden legitimidad. Arrojan su causa por el suelo haciendo uso de acciones masivamente despreciadas por la masa social. Pero, en realidad, quienes sufren las consecuencias reales de estos problemas son personas muy distintas. A los terroristas no les importa, porque su causa está ya perdida. Es imposible que el colectivo occidental acepte un sólo ápice de ideas procedentes del Islam radical, debido a que, como todas las religiones interpretadas de forma radical, es nocivo y despreciable. Más aun el Islam, que, como siempre digo yo, al ir con muchos siglos de atraso en su formación, ni si quiera han hecho su revolución francesa. Todavía están en tiempos de la inquisición. Ya han vivido ramificaciones como las surgidas en el cristianismo, pero esto no es suficiente desarrollo. Resumiendo, por el simple curso de la historia el islam va retrasado bastantes siglos en comparación con la cultura surgida del cristianismo. No ha evolucionado en su curso normal. Nosotros tampoco evolucionamos rápidamente.

El problema surge cuando dos civilizaciones con unas cotas de desarrollo bien diferenciadas; y con unos intereses monetarios similares, conviven en un mismo periodo. Y esto se agrava en tanto que dentro del conflicto se producen choques de intereses y motivos ajenos al simple hecho de la religión y su vigencia en el mundo cristiano-capitalista actual en Europa y América. Con esto me refiero, a que el problema es agravado en función del posicionamiento del mundo musulmán frente a cuestiones como el estado de Israel, el petróleo, las primaveras árabes, los derechos humanos, los derechos de las mujeres, etc…

Retomando el tema principal, sobre el que quiero incidir de manera especial, y motivo por el cual escribo este artículo, ya que es aquí donde muestro mi disconformidad real, y no ante la situación islámica, debido a mi amplio y reconocido desconocimiento de la causa. Las personas que defendemos, repito, el multiculturalismo, la apertura de fronteras, y el mestizaje social nos vemos situados entre la espada y la pared en cualquier defensa o discusión de los ya mencionados hechos.

Los argumentos se nos escapan de las manos, y no logramos convencer de forma razonada que la mezcla es positiva, y que la llegada de inmigración es buena tanto para los que arriban, como para los receptores.

Hechos como el ocurrido en Bruselas hoy (22/03/2016) hacen que quienes defendemos a capa y espada la llegada de refugiados, y trabajadores de países magrebíes, seamos criticados y apartados, y por el contrario, se vea como revelador el mensaje de personajes como el sonado Donald Trump, o el menos sonado, pero con mucho más recorrido Nigel Farage.  Nuestro terreno de debate se complica, y la zona de posible acuerdo, o convencimiento en este caso, se reduce drásticamente. Por todo ello, el rechazo y el desprecio de quienes buscan una vida mejor en la afortunada Europa se generalice, se masifique, y los que tratan de luchar contra ese desprecio, sean más despreciados aún.

Por esta elevada dificultad de defender lo indefendible, ya que no se nos muestra otra cosa, y por la libertad que nos es reprimida a los europeos a causa de estas cuestiones, muestro mi disconformidad profunda con lo ocurrido hoy en la capital belga.

Antimilitarista hasta la médula; pena me da que muera gente en atentados, pero al fin y al cabo, eso es una cuestión pasajera. Rabia me da que la libertad, de la que disponemos los europeos, y yo al menos me enorgullezco, sea coartada en pro de la seguridad, ante amenazas externas a nuestras condiciones y nuestra civilización. La situación cotidiana occidental de libertad, se ve siempre reprimida por cuestiones de seguridad nacional; es eso lo que más rabia me produce, y más me entristece de todo lo sucedido.

Los asesinatos son una cuestión realmente triste que debe ser tratada como es debido, pero el trasfondo real de los atentados es el ataque sobre la libertad que tanta sangre ha costado en Europa. Esta libertad, con motivo se ve reprimida, ya que la seguridad es importante, pero la cuestión real sería que la amenaza no existiese, y por ello la seguridad sería prescindible, y la libertad plena.

La conclusión que busco escribiendo estos párrafos, es la molestia que causa la cuestión terrorista, no sólo desde una perspectiva de seguridad, sino desde una visión social, y amplia.

Las respuestas a las posibles preguntas que pueden surgir son extremadamente complejas y me abstengo por completo de opinar, pero no lo hago de cuestionar y relacionar unas últimas cosas:

¿Es posible una relación de antimilitarismo-desprecio del terrorismo y posibilidad de eliminarlo?

¿Se puede dar el mestizaje cultural sin costes, ni daños colaterales reales?

¿Cómo se puede reaccionar antes estos hechos? ¿Seguridad o libertad?

¿Tolerancia o desprecio? ¿Cuál es el límite de la tolerancia?

¿Es útil realmente la función de gente que aboga por la apertura de fronteras?

¿Cuál es el posicionamiento debido en esta cuestión?

¿Arabia Saudí o Irán? ¿Decapitación o ahorcamiento?

¿Qué elegir entre lo malo, lo peor, y lo horrible?

Hoy Europa está de luto; la libertad reprimida, y los refugiados mucho más cerca de la catástrofe que de Austria o Alemania. Todo ello, por culpa de la radicalización.

Quienes defendemos la multicultura, hoy hemos recibido un duro golpe. Por el contrario, Marine Le Pen está sonriendo, y feliz, viendo cómo la intención de voto hacia su partido se dispara.

En mitad de todo este caos, la joven y frágil mujer llamada libertad está siendo perseguida, y sobre ella se está cometiendo una tremenda violación de su derecho a la existencia. Prueba de ello son los controles militares que hoy habrá en las capitales europeas. Prueba de ello es que la policía nacional esté en la puerta del sol con armamento militar. Prueba de ello es que en oriente medio se ejecuten y se decapiten a personas en nombre de Dios.

Javier Ramos Pérez

Estudiante