Lunes, 11 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

El Obispo ensalza a la mujer y pide que la Semana Santa sea algo más que un símbolo nostálgico

CIUDAD RODRIGO | Raúl Berzosa recordó textos literarios dedicados a la Virgen de la Soledad

> El pregón íntegro de Raúl Berzosa se puede encontrar aquí: http://salamancartvaldia.es/not/109801/pregon-integro-semana-santa-mirobrigense-cargo-obispo-raul/

Ciudad Rodrigo abrió en la tarde-noche del sábado su periplo de la Semana Santa 2016 con el habitual pregón, que este año corrió a cargo del Obispo de la Diócesis, Raúl Berzosa, que fue invitado de forma expresa a ello por la Cofradía de Nuestra Señora de La Soledad, que ostenta este año la presidencia de la Junta Mayor de la Semana Santa, y que cumplió en 2015 su 175 Aniversario, como recordó el propio pelado al inicio de su pregón.

La velada comenzó con el acompañamiento del Obispo Raúl Berzosa desde el Palacio Episcopal hasta el Teatro Nuevo al ritmo de cornetas y tambores. Una vez en el Teatro –a cuyo escenario se había llevado la imagen del Cristo que procesiona dentro del Santo Sepulcro-, tomó la palabra en primer lugar el presidente de la Cofradía de La Soledad, Arturo Pérez de Burgos, quién puso en valor la Semana Santa Mirobrigense, “aunque desde la lejanía no quieran reconocerlo”.

Arturo Pérez de Burgos invitó a todos los mirobrigenses y a los que estén en la ciudad esos días “a que nos acompañen en los cultos y procesiones que con enorme ilusión hemos preparado”. El encargado de presentar al Pregonero Mayor fue Tomás Domínguez Cid, en su calidad de cofrade de La Soledad.

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Tras unas palabras iniciales para la Virgen María, Berzosa dedicó el primer tramo del pregón a hablar de la Semana Santa, que en Miróbriga es, “a través de los pasos procesionales, como una Pasión itinerante y popular”. Para el Obispo, se trata de “una semana grande en la que vivimos al mismo tiempo cuatro pasiones: en carne del Hijo de Dios, en el alma de cada cofrade y de cada hermano, en el arte de los pasos, y en la historia o pasión continuada: Jesús, el Cristo, sigue sufriendo, muriendo y resucitando en cada uno de nosotros”.

Después de recordar que La Soledad es la Alcaldesa “espiritual” de Ciudad Rodrigo, recordó pasajes literarios en los que se habla de la Virgen de la Soledad, de San Gregorio Nacianceno, San Buenaventura, Santa Catalina de Siena, San Juan de Ávila, Fray Luis de Granada y Mari Carmen Oliva.

A continuación fue turno para hacer un reconocimiento (añadido a última hora al pregón, según el propio Berzosa confesó) a las mujeres “de hoy, en esta tierra y en este pueblo”, describiendo “las soledades y las lágrimas de las mujeres reales, de carne y hueso, que conoces y te rodean”, aunque a la hora de exponer sus ‘casos’ las bautizó con nombres simulados.

Con la Semana Santa, estamos en el ‘Pueblo de la Memoria’

Volviendo al concepto de Semana Santa, Berzosa expuso que “es todo menos folklore, tradición rutinaria, leyenda o mito; es la pasión de un hombre real, de carne y hueso, Jesús de Nazaret y, al mismo tiempo, de un Dios-Hijo”. El Obispo expuso que la Semana Santa en Ciudad Rodrigo “tiene que ser mucho más que un símbolo nostálgico del pasado”.

Desde su punto de vista, es “identidad, resistencia y provocación en medio de nuestra cultura del olvido y de la increencia, del laicismo, del fragmento postmoderno o del endiosamiento neoliberal”, y tiene que ser “el reconocimiento agradecido de un pueblo a su Señor”, porque “sigue siendo la medida de la altura y profundidad del hombre y la mujer de este pueblo y de estas tierras milenarias”.  

De este modo, cree que es la semana del ‘Pueblo de la Memoria’ frente al ‘Pueblo del Olvido’, exponiendo que en los templos “se celebrarán los misterios con serena y diga solemnidad; y nuestras calles y plazas explotarán en una sincera manifestación de religiosidad y de piedad popular, de manifestación pública de nuestra Fe”.

Para Berzosa, es “memoria viva de un acontecimiento que perdura y sigue encontrando eco”, donde “estábamos todos: hace más de 2000 años, en la capital del pueblo hebreo,  en el drama de un condenado a muerte, se concentraba toda la historia de la humanidad: la pasada, la presente y la futura”.

En este punto, pidió no olvidar “esta otra pasión real” de hoy, sufrida “en campos de batalla, en hospitales y psiquiátricos, en casas de acogida de inmigrantes y de trata de blancas, en pateras a la deriva y refugiados deambulando sin acogida, en hogares donde el maltrato es más frecuente que el pan de cada día, en pueblos excluidos y subdesarrollados bajo el peso de las guerras el hambre o el analfabetismo”. Todos ellos “esperan ser bajados de la cruz y gozar de nuestra ayuda y del consuelo de la Madre de la Soledad”.

El Obispo animó a todos “a mirar con otros ojos nuestras celebraciones, nuestras procesiones, nuestras expresiones sacras. Como si fuera la primera Semana Santa, la única, la última de nuestra vida”. Ya en el tramo final, tuvo un homenaje, a través de un poema del sacerdote civitatense Jesús Nieto, a los costaleros y cofrades que procesionan.

Como cierre, recordó textos de Miguel de Unamuno, León Felipe, San Agustín y José Cabodevilla, además de pedir que “no tengamos miedo; abramos nuestro corazón y nuestras entrañas a quien nos conoce mejor que nosotros a nosotros mismos, a quien nos puede limpiar y alumbrar de nuevo”.