El zapatero salmantino mantiene vivo el legado familiar en su taller del Paseo de San Antonio adaptándose a la reparación de calzado deportivo y luchando contra la presión fiscal y el relevo generacional.
El aroma a cuero y pegamento impregna el local del Paseo de San Antonio. Es el mismo olor que Jonatan Aparicio recuerda de su infancia, cuando observaba a su padre trabajar entre hormas y herramientas. Hoy, él es quien está al frente de este taller, resistiendo en uno de esos oficios que las estadísticas sitúan en peligro de extinción. "Llevo 24 años en esto", afirma con la seguridad de quien conoce cada secreto de la profesión, desde el cosido a mano hasta las técnicas más modernas.
Jonatan no oculta la realidad de su gremio. A pesar de mantener el negocio a pleno rendimiento, su diagnóstico sobre el futuro del sector es contundente: "Es un oficio que tiende a desaparecer por la falta de interés y la complicación de poner en marcha un negocio", asegura. Sin embargo, su día a día demuestra que, con adaptación y oficio, la reparación de calzado sigue siendo un servicio esencial para los salmantinos.
El taller funciona como un puente entre dos épocas. Jonatan decidió continuar con la tradición familiar nada más dejar los estudios, aprendiendo directamente de su padre. De aquella enseñanza conserva métodos que ninguna máquina ha podido superar. "La técnica de pegado de piezas, los montajes de alzas y, sobre todo, el consejo de dar un buen remate en el acabado de las reparaciones", explica, son prácticas que aplica exactamente igual que hace décadas.
No obstante, la tecnología ha reclamado su espacio. El zapatero reconoce que procesos como "los clavados de las puntas" ya no se realizan manualmente y que el pegado a presión se ha vuelto indispensable, ya que "sin él, muchos zapatos actuales no se podrían reparar" debido a los nuevos materiales sintéticos.

La clave de la supervivencia de este taller salmantino ha sido su capacidad para leer los cambios en el consumo. Lejos de quedarse estancado en el pasado, Jonatan ha diversificado su oferta. "Se puede vivir de esto sabiendo adaptarse a los nuevos tipos de reparación y complementando con duplicado de llaves, afilados y venta de productos", detalla.
Esta flexibilidad le ha permitido conectar con un perfil de cliente inesperado: los jóvenes. Aunque el encargo más común sigue siendo la reparación de tacones en zapatos de señora, el taller recibe frecuentemente a estudiantes. "Se ve gente joven porque nos hemos adaptado a la reparación de calzado deportivo y calzado moderno", señala el zapatero.
Además, ha notado un cambio de tendencia frente a la cultura del "usar y tirar". Tras unos años de descenso, este salmantino percibe un repunte en la actividad: "Ahora tenemos un aumento en la reparación por el incremento de la calidad y el precio en el calzado nuevo". El cliente actual no solo busca duración, sino también "comodidad y estética".

El oficio conlleva retos técnicos complejos, como la elaboración de alzas ortopédicas para personas con dismetría en las piernas, un trabajo donde "cada caso es diferente" y requiere máxima precisión. En este sentido, la honestidad es su norma inquebrantable: "Si veo que la reparación no quedará bien o no durará, no lo hago", sentencia.
Sin embargo, la excelencia técnica choca a menudo con la realidad administrativa. Aparicio lamenta la creciente presión sobre los autónomos. "Cada día es más complicado, ya que la subida de alquileres y de impuestos crece", explica, destacando el esfuerzo que realizan para "no repercutir" estos costes sobre sus clientes en el barrio.
Sobre el horizonte del negocio, Jonatan mantiene una postura abierta respecto al relevo generacional. Padre de dos hijos, le gustaría que "aprendieran el oficio", aunque deja en sus manos la decisión final de continuar con la saga familiar. Mientras tanto, desde su mostrador en el Paseo de San Antonio, sigue demostrando que reparar es, en sí mismo, un acto de resistencia.

FOTOS: David Sañudo