Una joya histórica bajo la lupa de Pilar Benito, jefa de Conservación de Patrimonio Nacional
El pasado 28 de marzo, un extraordinario esfuerzo de conservación e investigación permitió desvelar el rostro original de Santa Teresa de Jesús, una de las figuras más emblemáticas de la espiritualidad y la literatura española. Este hito, resultado de años de dedicación, ha arrojado luz sobre detalles sorprendentes relacionados con la urna de plata y el hábito que custodian los restos mortales de la santa, fallecida en 1582.
El carmelita y restaurador artístico Ricardo Plaza, encargado de la limpieza de la urna de plata que alberga el cuerpo de Santa Teresa desde 1760, no ocultó su asombro ante la calidad de la pieza. “Es de una maestría brutal, nunca había visto algo similar”, afirmó Plaza, destacando el excepcional nivel de artesanía de esta obra que ha resistido el paso de los siglos. La urna, un testimonio de la devoción y el arte de la época, brilló con renovado esplendor tras las labores de restauración, revelando detalles que habían permanecido ocultos durante generaciones.
Por su parte, Pilar Benito, jefa de Conservación de Patrimonio Nacional, ha liderado el análisis del hábito que cubre los restos de la santa. Aunque el hábito está incompleto y consta únicamente de la parte delantera, conserva todas las piezas distintivas de una hermana carmelita: la toca y el velo, ambos en un estado de conservación notable.
El hábito, confeccionado en seda marrón carmelita y bordado con hilo de plata, refleja la sobriedad y elegancia propias de la orden. La toca y el velo, de color negro con detalles en blanco en su interior, completan esta vestimenta que, más allá de su valor material, encarna la esencia espiritual de Santa Teresa.
Estos hallazgos no solo resaltan la habilidad técnica de quienes crearon estas piezas, sino que también ofrecen una nueva perspectiva sobre la vida y el legado de Santa Teresa de Jesús.