Con tonillo hay que leer las “Preguntas y respuestas” que sobre el borrador del Estatuto Marco aparecen publicadas por el servicio de prensa del Ministerio de Sanidad. El retintín de la ministra García se deja oír en la perorata con que se pretende contestar al rechazo que ha suscitado la propuesta entre un porcentaje elevado de los médicos españoles.
Enlazo para que se sepa a qué me estoy refiriendo: aquí.
He de admitir que no he leído el borrador. Este aún no. Ya leí sucesivos borradores y textos legislativos que me resultaban directamente ofensivos con la esencia de mi profesión. En los más de once años en que me vengo dejando caer por aquí, en no pocos sábados me he dedicado a mostrarlos y opinar sobre ellos.
Hoy reduzco mis pesquisas a la tendenciosa publicación ministerial y vuelvo a detectar ese giro de foco hacia la tensión pública/privada, que es muy socorrida aunque ignore las carencias de gestión del Sistema Nacional de Salud a lo largo de varios lustros y, por lo tanto, simplifique mucho el análisis. Reniega de rigideces y obsolescencias mientras se aferra a otras, las que se revelan más difíciles de afrontar, como reconocer de una vez el agravio en el tratamiento de la singular jornada laboral de los médicos. Obviamente, se pone la venda en los ojos ante la masiva contratación de facultativos sin la titulación para ejercer la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria: “eso será cosa de las CC.AA.”, siempre habría sido la salida fácil.
Como se apresura en aclarar el Ministerio, no habrá ni estatuto propio ni grupo A1 plus ni nada que se le parezca a una diferenciación de los médicos respecto al resto de profesionales sanitarios. Somos minoría y estamos en el percentil 98, que eso suena a que estamos forrados. Además, seamos honestos, nos hemos ganado a pulso el pisoteo.
Porque si en nuestro código deontológico afirmamos que “el médico debe ejercer su profesión con el mayor respeto por el derecho a la vida y la protección de la salud de las personas y de su comunidad” (art. 4.5) hemos tenido motivos sobrados para habernos pronunciado alto y claro como corporación profesional en las últimas décadas, y no lo hemos hecho. Porque si decimos que “el ser humano es un fin en sí mismo en todas las fases del ciclo biológico, desde la concepción hasta la muerte. Es un deber deontológico respetar y proteger al concebido y no nacido” (art. 61.1) y apenas hemos susurrado ante el crimen del aborto exaltado como derecho, resultamos ridículos protestando ahora por dedicaciones exclusivas, horas de guardia y esas minucias. Porque si declaramos que “el médico no deberá provocar ni colaborar intencionadamente en la muerte del paciente” (art. 38.4) y nos resignamos a que la eutanasia sea la solución del Estado para la persona y nos usen de verdugos cooperadores del suicidio, ¿qué pintamos detrás de una pancarta pidiendo respeto?
Quizá por eso a algunos ni se nos ocurre sindicarnos, abonamos la cuota colegial por obligación y nos sale un tonillo algo desabrido. La vida nos da que en la consulta todavía existe la Medicina.
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