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El Palacio Episcopal expone las tavolettas y el Cristo de la Tabla de Jerónimo Prieto
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El Palacio Episcopal expone las tavolettas y el Cristo de la Tabla de Jerónimo Prieto

Actualizado 24/03/2024 20:00
Redacción

Las obras pertenecen a la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, y salen a la calle en su marcha penitencial del Sábado Santo, junto al Santísimo Cristo de la Liberación

La sala “José Luis Núñez Solé”, en el sótano del Palacio Episcopal, acoge hasta el 30 de abril una exposición con las tavolettas que creó el artista salmantino, Jerónimo Prieto, para la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, junto al Cristo de la tabla. En total serán 22 piezas, 21 de ellas tavolettas, sumando las seis últimas piezas que ha realizado este año.

El Servicio diocesano de Patrimonio Artístico ubicará las nuevas tavolettas durante un mes en la Sala de la Contemplación, en la planta baja del Palacio Episcopal, donde también se proyectará un vídeo explicativo de las obras, donde interviene el propio artista, Jerónimo Prieto; los historiadores de Arte, Montserrat González y Eduardo Azofra; el artista salmantino, Andrés Alén, y el presidente de la hermandad, Manuel González. Además, en el Palacio Episcopal se custodiarán todas estas obras durante todo el año, salvo cuando la hermandad salga en su marcha procesional, el Sábado Santo. Como apunta el responsable del Servicio diocesano de Patrimonio Artístico, Tomás Gil, el Cristo de la Tabla y algunas de las tavolettas (que irán rotando), se podrán ver en la exposición permanente del museo diocesano.

El horario de visita es de 10:00 a 18:00 horas, con el último acceso a las 17:15. La visita es gratuita para los nacidos o residentes en la Diócesis de Salamanca, así como a los niños de 0 a 6 años, y para personas con discapacidad con grado superior al 65%.

La creación de una sección en la hermandad

El primer encargo de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz a Jerónimo Prieto fue del Cristo de la Tabla, al crear la sección del Santísimo Cristo de la Liberación en el año 1988, que procesiona en la madrugada del Sábado Santo con un yacente tallado por Vicente Cid.

Los fundadores de esta sección cuidaron hasta el más mínimo detalle de la marcha penitencial, con obras de arte, como el caso de las tavolettas, el Cristo de la Tabla o una manga litúrgica; y hábitos vinculados a la historia de la tierra, como el traje de luto charro o de vientoseno, y para los hermanos, el de antiguo estudiante disciplinante, de paño negro, con túnica que arrastra cola en la parte posterior y capucha monacal.

El artista salmantino, Andrés Alén, que formaba parte de la hermandad en el momento de la creación de esta sección, fue el encargado de ponerse en contacto con Jerónimo Prieto para encargarle el Cristo de la Tabla. La idea era contar una cruz que se denominaba de Jueves Santo, “yo había visto alguna en las Agustinas de Monterrey, y en Valladolid, en Santa Ana, y me gustaba la idea de un Cristo pintado”, relata.

Un arcón del siglo XVIII

Para él, este tipo de representación es diferente, “en una imagen pintada tienes que imaginarte todo lo que hay detrás, y en una escultura es más real”. A Jerónimo Prieto le llevó una fotografía del Cristo de la Zarza, de San Juan de Barbalos, “con la misma forma en la cruz que el Cristo de la Tabla, en omega”.

Para buscar el material donde pintarlo fueron al taller del autor de la talla del Santísimo Cristo de la Liberación, Vicente Cid, donde encontraron un arcón del siglo XVIII que podía servir de base. “Jerónimo dijo que en esa madera no había que hacer ni imprimación ni nada, que era una maravilla pintar sobre ella”.

De forma paralela, también le encargó las primeras tavolettas, cuya idea original procede de Italia, y Andrés Alén las descubrió en un libro titulado: “El poder de las imágenes”. Según detalla, “eran como altares que llevaban para los reos que iban a ejecutar”. De hecho, como aclara este artista, el modelo elegido fue el de San Giovanni Decollato, de Roma, que tenía imagen por las dos caras, “por una parte tenía una escena de la Pasión, y por la otra, un santo mártir que había muerto como se iba a morir el reo”. Como argumenta Alén, las tavolettas estaban en las celdas de antes de la ejecución.

El presidente de la hermandad, Manuel González, recuerda que el Cristo de la Tabla comenzó a salir en procesión en 1989, y las tavolettas, en 1991. “Cada año se iban incorporando algunas, y en 2009, se hizo la última”. Hasta este año, contaban con 15, que no están vinculadas a las estaciones del vía crucis, sino que representan diferentes escenas de la Pasión de Jesús. Las tavolettas son portadas por hermanos tras la Cruz de guía, y a los hábitos monacales que llevan el Jueves Santo les incorporan un escapulario de arpillera.

Nuevas tavolettas

Y este año, la hermandad ha encargado nuevas tavolettas a Jerónimo Prieto, 33 años después de que salieran en procesión las primeras, y ha pintado seis nuevas, que en la actualidad está expuestas en la Sala de la Contemplación del Palacio Episcopal. Además, el pasado 17 de marzo organizó un homenaje al pintor en la capilla de Santa Catalina de la Catedral de Salamanca.

Respecto al Cristo de la Tabla, su autor precisa que pintó a un Cristo vivo, “porque era la única forma de que ocupara exactamente la cruz”. A Jerónimo le gustó mucho la tabla elegida para pintarla, “no estaba cortada a máquina, sino a golpes de azuela”. Este pintor salmantino, natural de Espeja, recuerda que la idea original de las tavolettas era que peregrinaran por las casas de los hermanos, aunque nunca se llevo a cabo. “Yo quise recoger la ilusión de ellos, y lo hice representando diferentes momentos de la Pasión de Cristo, que después de unos años en el Seminario de Ciudad Rodrigo, algo que me quedó”, subraya.

A Jerónimo Prieto, el conjunto de tavolettas, le parece “muy interesante”, donde siempre ha puesto su sello más personal, “con escenas que han parecido más interesantes”.

De su trayectoria hablan en el vídeo que se proyecta en la Sala de la Contemplación, los historiadores de Arte, Montserrat González, y Eduardo Azofra, que forman parte del equipo del Servicio diocesano de Patrimonio Artístico. En sus intervenciones recuerdan que Jerónimo Prieto es autodidacta, “no pasó por ninguna academia de dibujo, ni facultad de Bellas Artes”. El artista realizó una serie de lecturas, de investigaciones, y se puso a experimentar, como relata Azofra. “Es un pintor tradicional, que domina las técnicas tradicionales, que realiza sus propias imprimaciones, que investiga los colores, los pigmentos… para poder realizar esas obras que él denomina estucos, con una técnica muy determinada, muy cercana a la acuarela”.

Para Montserrat González, la elección de Jerónimo Prieto por parte de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, “fue un acierto, porque nadie como él para realizar esas composiciones en un espacio reducido como el de una tavoletta, que hablan mucho de lo que es su universo pictórico”.

Fuente y fotos: Diócesis de Salamanca.