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Juzbado, la biblioteca de hojas y ramas de Augusto y Ana
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"Pequeño santuario de la botánica"

Juzbado, la biblioteca de hojas y ramas de Augusto y Ana

CULTURA
Actualizado 14/05/2022 12:22
Charo Alonso

Situado en el pueblo pleno de arte mural, de poemas y fallas, el Centro Botánico de Juzbado es un espacio privilegiado de estudio, divulgación y conocimiento

Piedra para la ermita de San Miguel que fuera silo, arco restaurado con la pericia del arquitecto Emilio Sánchez Gil y el entusiasmo de todo un pueblo que quiso participar de un proyecto que buscó raíces en el Juzbado de los poemas, de la falla que se asoma al río, de los murales en la pared de todos y del amor a una tierra cubierta de plantas donde crece el proyecto de Ana González-Garzo y Augusto Krause. Y dentro de la ermita convertida en archivo verde y sonoro de infinitas ramas, la biblioteca, madera que guarda –trabajada por el carpintero local Óscar Martín– más de tres mil volúmenes y un herbario infinito que florece al cuidado de una pareja que se enlaza como árbol y enredadera… Y qué hermoso es escuchar a Ana y a Augusto, una sola voz enamorada.

Charo Alonso: ¿Qué aparece en un herbario?

Augusto Krause: Nosotros en los herbarios, escritos con caligrafía, ponemos el nombre actual y los nombres que ha tenido la planta a lo largo de la historia con alguna de sus propiedades, como las medicinales. En otros trabajos, incluimos los escritos de Dioscórides y Plinio, por ejemplo.

Ch.A.: ¿Y quién escribe a mano esta letra tan hermosa de los herbarios?

Ana González Garzo: Él.

A.K.: Yo.

A.G.G.: Y los dos hacemos las plumas y las tintas.

Ch.A.: ¿Y dónde aprendió a escribir así?

A.K.: Mirando documentos antiguos, recuerdo un libro de contabilidad de un barco que se hundió, un libro de 1803 con unos dibujos magníficos que relataban todo lo perdido… Mirad, se me está inclinando la letra con la edad…

El Centro Botánico de Juzbado guarda la impresionante biblioteca de ambos que muestran con mimo y dedicación. Y bajo los libros, ordenado minuciosamente, el herbario que crece lozano como una planta bien cuidada.

A.G.G.: El herbario se remueva constantemente, de hecho esta mañana hemos estado recolectando y ahora estamos prensando.

Ch.A.: ¿Y qué es eso de “herborizar”?

A.G.G.: Se trata de guardar las plantas. Las recogemos, las ponemos entre papel, cartón, las metemos en la prensa al menos un mes… y luego se preparan, mirad, estos dibujos están tomados del microscopio.

Ch.A.: ¿Cómo se decidieron por este pueblo para su Centro Botánico?

A.K.: Teníamos varias propuestas para llevar nuestra biblioteca, pero pesó el hecho de que es un pueblo de muchas iniciativas culturales donde todo fueron facilidades, donde se implicó absolutamente el alcalde, Fernando Rubio, así como todo el pueblo para hacer este pequeño santuario de la botánica.

Ch.A.: ¿Se implicó verdaderamente la gente del pueblo en este proyecto?

A.G.G.: Se implicó mucho y se implica, y aunque haya quien no entienda de esto, saben que hay algo importante, muy importante en el pueblo y participan. Somos de Sanabria, vivimos aquí y nos sentimos muy bien acogidos, la gente nos trata con un cariño tremendo.

Considerada como una de las mejores bibliotecas privadas de botánica de España, la de Ana González-Garzo y Augusto Krause ya es patrimonio de un pueblo que abraza con sus ramas un proyecto que resume cuarenta años de minucioso estudio de las plantas silvestres, uso, valor medicinal, historia… fruto de un amor que trasciende las páginas, las paredes de madera de la biblioteca que enseñan, dedicados y entregados, Augusto y Ana.

A.K.: Tenemos libros de todas las épocas y tenemos muchas floras…

Ch.A.: ¿Qué es una Flora?

A.K.: Es el estudio de las plantas de una zona, tenemos la primera Flora de España, y en las modernas, la actual Flora que está ya completa. Mirad, aquí tenemos un curioso libro de Gandhi sobre plantas, y la primera edición francesa de Darwin y la de Linneo. Y la obra de Abrahan Zacut…

Carmen Borrego: Yo vivo en la calle Abraham Zacut, la curiosidad me llevó a averiguar quién era…

A.K.: Los libros están aquí alegres, no están guardados en la oscuridad, aquí se ven, se tocan se huelen… los abrimos, los olemos, los vemos. Se huele la historia… ¡A los libros no los puedes tener encerrados!

A.G.G.: Claro que lo que no puede ser es que la gente venga y los coja como si fueran un cómic, pero es verdad que los libros pueden verse, olerse… Este huele a humedad del mar… y otros nos recuerdan la librería de viejo dónde los hemos encontrado.

C.B.: ¿Los han comprado todos ustedes?

A.G.G.: Algunos nos los han traído amigos, o hemos tenido alguna pequeña donación, aunque no de los libros antiguos. Aceptamos donaciones de libros pero siempre de botánica. Esta es una biblioteca de Botánica.

A.K.: Aquí hay un libro que aguantó un incendio, y otro al que no le hemos cortado las hojas porque tenemos la información que contiene y preferimos dejarlo así. Nosotros juntamos nuestras dos bibliotecas desde hace cuarenta años que estamos juntos, y luego hemos ido formando esta… Mirad, este libro es del médico de Carlos el Hechizado, todos los grandes botánicos eran médicos…

Ch.A.: ¿Y eran dibujantes?

A.K.: No todos eran dibujantes, no todos.

A.G.G.: Nos gusta resucitar a toda esta gente que ya está olvidada.

A.K.: Este era un libro de un gran botánico, mirad su ex libris. Era un botánico inglés muy famoso y cayó en nuestras manos porque su biblioteca fue vendida. Por eso no queremos que estos libros se dispersen. Vamos a establecer una Fundación y lograr que permanezcan juntos.

A.G.G.: Este libro de Miguel Colmeiro, un gran botánico, era de su biblioteca que se vendió a su muerte. No queremos que pase esto y deseamos que este patrimonio se cuide, se reúnan los libros de botánica y quede como una herencia.

Ch.A.: ¡Somos muy afortunados en Salamanca por este regalo! ¿Se ha puesto de moda la botánica?

A.K.: Sí, cada vez más. Está el aspecto curativo, por ejemplo, lo cual no quiere decir que no vayas al médico, pero es cierto que muchos fármacos salen de las plantas.

A.G.G.: La palabra “aspirina” viene de la planta “Spiraea ulmaria”, por eso se lo puso la Bayer.

C.B.: Y por ejemplo, ¿qué se puede tomar para el insomnio?

A.G.G.: Valeriana, melisa, pero cuidado con la valeriana, te da un tiempo de excitación y luego tiene efecto sedante, por eso tienes que tomarla una media hora antes de ir a dormir, no inmediatamente antes.

A.K.: Puedes tomar infusión de tomillo para algunas cosas, pero no el timol, que es el principio activo que se obtiene de él. Se trata de estudiar la posología, y recordar a Paralcelso, que decía que la naturaleza ha puesto el remedio junto al mal. Es la dosis la que hace el veneno, eso lo explicamos en la exposición de la Biblioteca Torrente Ballester “Plantas mortales”.

Ch.A.: Gracias a esta exposición y a las jornadas, Salamanca está conociendo este proyecto. ¿Están contentos con la exposición?

A.K.: Mucho, y las actividades que se hicieron en la biblioteca han salido muy bien, vinieron entre otras personas Joaquín Araújo, Carlos de Hita, la directora del programa “El Herbario sonoro” y Raúl de Tapia, a quien le debemos mucho.

Ch.A.: ¿Y la Universidad?

A.G.G.: La Universidad nos ha acogido muy bien, reconocen nuestro trabajo porque nosotros decimos que no somos botánicos, sino “botanófilos”. No hemos hecho una carrera como tal ¡Pero le hemos dedicado toda una vida!

C.B.: ¡Porque qué importantes son las plantas! Lo hemos visto con la pandemia…

A.G.G.: La historia de las plantas es la historia de la humanidad. Y para nosotros no hay mala hierba, hay hierba “inoportuna”.

A.K.: A propósito de la pandemia… Cuando sabes de plantas estás “liberado”, sobrevivirías con los conocimientos que tienes: puedes alimentarte, curarte… Nos hemos alejado del médico que sabe de plantas, porque la historia de la medicina es la historia de las plantas… eso sí, sin olvidar la cirugía.

A.G.G.: No hay que obviar la medicina, sino reconocer que la farmacopea sale de las plantas. Que nos alimentamos de plantas, y que es muy triste que esta ciencia sea historia.

A.K.: El hombre siempre ha estado ligado a las plantas, hay que recuperar esta “ciencia amable”, que decía Rousseau. Para nosotros es la base de la vida. Las plantas “pasan de nosotros”, ellas viven, se disfrazan, bailan, huelen para atraer a sus polinizadores… algunas aman el viento y viven en él… Pase lo que pase, que la situación actual me causa terror, las plantas seguirán.

A.G.G.: En Chernobil la vida volvió, volvieron la flora, los animales… En este planeta las plantas han vivido sin nosotros. Y nosotros las necesitamos y nos embelesan. ¿Habéis visto el mural de afuera? Es un beleño que pinto Doa Ocampo. De beleño viene embeleñar, arrebatar gratamente los sentidos, embelesar. ¿Y los poemas de Ida Vitale? Venid cuando queráis, aquí hay una atmósfera muy buena para trabajar…

Y nos embelesan ambos con sus palabras, con esa sabiduría que va de boca a boca, la mesa del calígrafo llena de plumas, de orden minucioso, el dibujo exquisito del trazo del botánico. Es la piedra este arco que guarda la planta y son ellos los jardineros de la palabra escrita con la pluma con la que Augusto, escribiente de la savia, y Ana cultivaron estos libros que nos rodean y se engarzan, zarcillos vivos, en la antigua ermita a su cuidado. Un proyecto que vio la luz gracias a la Junta, a Enusa, a la Fundación Tormes-EB, a la Diputación, a iniciativas privadas, al apoyo incondicional del pueblo de Juzbado y sobre todo… a la generosidad de Ana y Augusto, quienes no dudaron en entregar a este pueblo la tarea de toda una vida de amor y conocimiento. Afuera parece que quiere llover sobre el verde de los campos, la encina de las lomas, la vera del río… Y en la ermita, al abrigo del tiempo y de los avatares de los hombres, late la inacabable biblioteca natural que nos alimenta.

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