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Investigadores salmantinos descubren un marcador que facilitará la lucha contra las taquicardias
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avance de la unidad de arritmias

Investigadores salmantinos descubren un marcador que facilitará la lucha contra las taquicardias

SOCIEDAD
Actualizado 30/07/2014
Olga Prieto / www.saludadiario.es

La mitad de los pacientes con un desfibrilador interno presentan un peor pronóstico, y están 'condenados' a recibir descargas para que el corazón recupere su ritmo normal

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A partir de una programación previa, el desfibrilador automático implantable (DAI) es capaz de detectar un ritmo cardiaco anormal y revertirlo mediante una estimulación antitaquicardia indolora (EAT) o mediante descargas eléctricas de gran potencia que, en casos de fibrilación ventricular, permiten devolver al corazón su ritmo normal. Sin embargo, estos choques no sólo resultan dolorosos y traumáticos para el enfermo por su impacto psicológico -"los afectados que sufren descargas repetidas tienen tendencia a la depresión y a la ansiedad"- sino que a la larga ocasionan daño miocárdico y deterioran la función ventricular, por lo que los pacientes presentan un peor pronóstico.

En este contexto, el estudio desarrollado desde el IBSAL (Instituto de Investigación Biosanitaria de Salamanca) por un equipo dirigido por el doctor Javier Jiménez-Candil, demuestra que es posible, a través de un simple electrocardiograma, predecir en qué personas va a ser insuficiente la estimulación indolora y, por tanto, si tienen taquicardias ventriculares "van a estar condenadas a recibir potentes descargas del desfibrilador (DAI), choques tremendos que los pacientes perciben como dolorosos y que alteran su calidad de vida, además de dañar el corazón con el tiempo".

En la investigación participaron 286 enfermos con DAI sin resincronizador, afectados por una disfunción sistólica del ventrículo izquierdo. Durante el periodo de seguimiento se analizaron 955 taquicardias ventriculares que ocurrieron consecutivamente en 108 personas, demostrándose que en los pacientes que mostraban una fragmentación del QRS Estimulado (la segunda onda del electrocardiograma) por empastamientos con una duración igual o superior a 50 milisegundos (ms) la estimulación antitaquicardia indolora fue menos exitosa. Por ello, estos enfermos necesitaron descargas para poner fin a sus taquicardias en una mayor proporción (el 31%, frente al 8%).

De este modo, la Unidad de Arritmias ha logrado validar científicamente un procedimiento que utiliza desde hace unos años en el hospital salmantino para establecer si un enfermo cardiaco con desfibrilador automático interno presenta en su electrocardiograma un QRS estimulado (QRS-E) fragmentado y, por lo tanto, va a tener un mayor riesgo de choques debido a la ineficacia de la estimulación antitaquicardia indolora.

Un procedimiento sencillo

Además, se trata de un marcador de predicción sencillo, a través de un electrocardiograma, un elemento que confiere aún un mayor interés al descubrimiento. "Yo creo que las variables que mejor funcionan dentro de la práctica clínica son las que son baratas, están disponibles en todas partes y son fácilmente interpretables, y el electro cumple las tres perfectamente", resalta el doctor Jiménez-Candil.

"Gracias a este marcador, ya sabemos que hay pacientes en los que, claramente, las terapias indoloras son menos eficaces. Pero, en investigación, despejamos una incógnita y se nos abren otras cinco, así que la siguiente pregunta es: ¿qué podemos hacer por ellos? Ahora tenemos que plantearles alternativas para evitar que reciban descargas traumáticas y que, a la larga, son negativas. Seguramente esa será nuestra siguiente línea de investigación", explica el especialista.

Sobre la mesa existen algunas posibilidades. "A lo mejor tenemos que optimizar el tratamiento con betabloqueantes -fármacos que reducen la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la contractilidad del corazón- y otros medicamentos antiarrítmicos, replantear la programación de la estimulación antitaquicardia (EAT) para aplicarla en el ventrículo izquierdo, y no en el derecho, o ser más agresivos con la ablación por catéter, incógnitas que tenemos que despejar dentro de esta nueva línea de investigación", apunta el cardiólogo.

De hecho, los especialistas del Hospital Universitario de Salamanca ya están planteando alternativas terapéuticas para los pacientes en los que el marcador (QRS-E fragmentado)predice una estimulación indolora no exitosa, tanto farmacológicas -aumentando las dosis de betabloqueantes- como invasivas. "Una de ellas es la ablación con radiofrecuencia, una técnica que se basa en localizar el punto de origen de las taquicardias y, mediante la introducción de un catéter en el corazón, hacer una quemadura para eliminar el circuito. Con eso conseguimos que desaparezcan las taquicardias ventriculares en prácticamente dos de cada tres casos. Claro, es una técnica invasiva y peligrosa, que puede presentar algunas complicaciones, aunque no muchas. Por eso tenemos que seleccionar muy bien a los pacientes tributarios de la misma en función de criterios de riesgo-beneficio. Entre ellos podrían estar estos enfermos que presentan una peor evolución con la estimulación indolora del desfibrilador", apunta el doctor Javier Jiménez-Candil.

El especialista estima que aproximadamente la mitad de los enfermos con DAI porque tienen el ventrículo deteriorado pueden estar afectados por este condicionante pronóstico, "sobre todo los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio y que llevan un desfibrilador por ello, y es en quienes tenemos que focalizar nuestros esfuerzos para evitar que reciban descargas, bien de manera que no tengan taquicardias o consiguiendo que la estimulación indolora sea más eficaz".

Sobre esta base, afirma el especialista, "tenemos ya otras ideas, porque el fin de la investigación no es sólo generar información, sino dar respuestas, y en ello estamos". Mientras tanto, la Unidad de Arritmias presentará los relevantes resultados de su estudio en el próximo Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares (SEC 2014), que tendrá lugar en Santiago de Compostela entre los días 30 de octubre y 1 de noviembre.

(Autores del estudio: Javier Jiménez-Candil, Olga Durán Bobín, Tania Rodríguez Gabella, Jesús Manuel Hernández Hernández, José Luis Moríñigo Muñoz y Pedro Luis Sánchez Fernández, del IBSAL-Hospital Universitario de Salamanca).

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