Miércoles, 26 de febrero de 2020

Dominique Lapierre

   Parto de la base de que he conocido en persona a muchos autores de éxito y desde que hace una década me metí de lleno a escribir novela aspiro intensamente a ser escritor de best-seller.

   En mi último viaje a París adquirí por veinte céntimos de euro en una librería de ocasión del Boulevard Saint Michel un ejemplar de la primera edición de bolsillo de Le cinquième cavalier, de Dominique Lapierre y Larry Collins. Un acto tan nimio como ese puede adquirir carácter significativo si se toman en consideración varias circunstancias curiosas.

  La primera vez que entrevisté a Lapierre fue en 1975 en Bilbao con motivo de la presentación en España de Esta noche la libertad, escrito también al alimón con Collins, y tuve ocasión de volver a hablar con él en 1998 en Salamanca. Me firmó entonces un ejemplar de Mil soles con esta dedicatoria: “A José Javier Muñoz, esa epopea (sic) de toda una vida de encuentros extraordinarios. Con toda simpatía sempre”. Curiosamente Le cinquième cavalier incluye en el subtítulo de aquella primera edición la palabra "epopeya": L'épopée du premier chantage nucléaire.

     Me pareció estupendo poder comprar en su país y en su lengua natal un libro de un autor por el que siento particular simpatía, porque es de los pocos que en lugar de predicar dan trigo y ayuda con su dinero a personas muy necesitadas de India.

     En cuanto al hecho de ver una novela importante reducida a producto mercantil de veinte céntimos, me dio que pensar sobre la prevalencia del contenido sobre el continente o, lo que es lo mismo, la relatividad del aserto de Marshall McLuhan en el sentido de que el mensaje es el medio. La verdad, no me importaría nada que cualquiera de mis novelas se pusiera en el mercado a un precio tan insignificante... siempre y cuando, claro, se trate de ejemplares de segunda mano procedentes de una tirada millonaria en ventas y en derechos de autor.