Miércoles, 24 de julio de 2019

Su costumbre fue el destino

Homenaje a Concha Lizárraga Ecenarro, mujer de Miguel de Unamuno

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Este viernes, día 15 de mayo, a las 19,00 h. en la Sala de la Palabra del teatro Liceo, la Asociación de Amigos de Unamuno, ofrecerá el recital poético-musical “Su costumbre fue el destino” con el que se rinde un homenaje en el LXXXI aniversario de su muerte, a la mujer que hizo posible la realidad de Miguel de Unamuno, porque fue, y sigue siendo, Concepción Lizárraga Ecenarro acreedora de eterna deuda que la Humanidad tiene con ella, por permitir y alentar que Unamuno alcanzara el reconocimiento mundial que hoy día se le otorga con merecimiento compartido con su esposa.

El programa para este acto es el siguiente:

- Audiovisual: “Su costumbre fue el destino”

Realizado por Ángel Lozano

- Violinistas

          Cristian Monteiro Delgado

          Lucía Gonzalo Salinero

          - Repertorio:

                    Dúo de Charles de Beriot: N° 6 op. 87 (2'30")

                    Dúo de Bartok: N°22 - Mosquito Dance (1')             

                    Vivaldi: Concierto en La menor para 2 violines (4')

- Narrador

          Luis Gutiérrez

- Recitan:

          Manuel Andrés

          Juan Carlos López Pinto

          María Ángeles Gutiérrez

          Carlos Blanco

          José María Sánchez Terrones

          Paquita Lahoz

          Elena Díaz Santana

Verán, con la que está cayendo, y rondándome por la cabeza y el corazón el impulso de gritar ‘paren el mundo que me bajo’, he decidido hablar aquí de algo que esté tan lejos que no nos haga daño a ustedes ni a mí. Y así ha asomado por mis entendederas la figura de don Miguel de Unamuno; es probable que haya sido él mismo, en su afán de eternidad, quien ha buscado un huequecito entre mis confusas neuronas. Bueno, pues ahí voy, pero, aunque don Miguel es muy listo, le he hecho trampa, hoy voy a recordar a doña Concha Lizarraga, su santísima esposa. 
 
Doña Concha
 
Concha y Miguel se conocieron en la catequesis y, a partir de ahí, sus vidas quedaron unidas para siempre. Ella enseguida se quedó prendada, incluso a tan temprana edad, de la fogosidad, del verbo fácil, del perfil elegante y sabio de su amigo, aunque, cuando a Miguel niño le daba un arrebato de aquellos que luego se harían famosos (desde la infancia apuntaba maneras) una vocecita maligna le decía por sus dentros «guapa, te ha caído la langosta». 
Miguel se enamoró primero de las primorosas trenzas de Concha e intuyó que aquellas trenzas tan firmes y sólidas eran una metáfora peluda del talante de la niña, realista, fuerte, tranquila, en fin, justo lo que él necesitaba. Así, de este modo tan sencillo y natural, comenzó la andadura por la vida de aquellos dos jóvenes enamorados. 
 
Don Miguel enseguida despuntó en la vida política y cultural del país, como había intuido Concha, pero, como también había intuido, se agarraba unos berrinches de padre y muy señor mío; en fin, que la pobre no daba abasto, porque debía atender a los nueve hijos que había traído al mundo, obedeciendo al empeño de su compañero de no perder ocasión de hacerse eterno, y además a aquel niño tan grande, que le daba más guerra que los otros nueve juntos, incluido el pobre Raimundín que sufría de discapacidad desde el nacimiento. 
 
Un día alguien le dijo a doña Concha que su Miguel decía en ‘Por tierras de Portugal y España’, concretamente en el capitulito dedicado a Braga, que las mujeres portuguesas tienen un algo especial, tienen ‘meiguice’, dicho en portugués, es decir, se explica Unamuno, ‘blandura, dejadez, …parecen nacidas para la caricia y para el rendimiento’. Y doña Concha sonrió al malintencionado, porque ese Miguel juguetón y coqueto, él que era siempre tan serio, le enternecía siempre. 
 
Concha murió en mayo de 1934. La enfermedad la convirtió en un niña pequeña y, ahora fue él, el que la arrulló por las noches, el que la atendió hasta el fin, y luego el que se quedó tan solo.
 
Mila Beldarrain
Fuente: www.elcorreo.com