Honores de muerte

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No siempre es cierto aquello de que una imagen vale más que mil palabras, pero en lo que a continuación voy a comentar, creo que sí sucedió. Pocos días hace de aquellas fotografías que han dado la vuelta al mundo y que, a cualquier humano con cierta sensibilidad, ponen la piel de gallina.

Un cordón, formado por una treintena de compañeros, rendía honores, como se rinden a aquellos compañeros que mueren en acción, a “Juez”, un compañero, un aliado, un valiente pastor alemán que prestó servicios casi una década y que se enfrentaba a su última misión, la de acudir con agallas a su propia muerte.

Con porte recio, con la cabeza bien alta, con ojos que derrochaban humanidad, ”Juez”, portando en su boca su juguete preferido, demostraba una entereza que dudo que yo tuviese, caminando hacia el final. Habrá quien piense que lógicamente un animal puede mantener ese arrojo porque no es consciente de lo que es la muerte o porque ni tan siquiera sabe a lo que se enfrenta, pero especialistas en el tema y personas que han acompañado a sus fieles compañeros a ese momento de la inyección final, sienten, y perciben,  que ellos son conscientes de a qué se enfrentan.

Sigo mirando la imagen y se me pone la piel de gallina. Observo esos ojos que tanto dicen y sienten, y no puedo evitar mi cada día mayor admiración por ellos, por los animales que tanto bien nos hacen y que en rarísimas ocasiones reciben el reconocimiento que se merecen. Me alegro, me impresiona, me reconforta pensar que “Juez”, quien ayudó a atrapar a casi doscientos delincuentes y entregó su vida a los demás, haya recibido un homenaje como éste, nada exagerado, acorde a su vida, justo.

En un mundo en que el maltrato animal es un hecho y en que, por desgracia, se evoluciona muy lentamente en la protección jurídica de los derechos de los animales, historias como la de “Juez”, que se nos meten en el alma, hacen mucho bien.

 Hay que luchar por proteger los derechos de quienes se jugarían sus vidas por nosotros sin tan siquiera pensarlo, de los que reciben palizas porque se niegan a pelear en ilegales peleas de perros, de los que adoptan gatos o conejos como hijos, sin importarles de dónde vienen porque perciben su necesidad, de los que tantas y tantas veces demuestran la humanidad de la que carecen los hombres.

“Juez”, paseando con dignidad hacia la muerte, rodeado por el cariño de los suyos, reconocido por su entrega y por su vida, y yo sólo puedo pensar  en aquella película inolvidable de Walt Disney… Todos los perros van al cielo.