Sábado, 28 de noviembre de 2020

Integración o buenismo

    El musulmán medio no es adaptable hoy por hoy a nuestra sociedad occidental. Prescindo aquí de criterios morales; me refiero sólo a los valores de conducta y convivencia, las costumbres y los hábitos atávicos. A raíz de los atentados contra Charlie Hebdo se han publicado una catarata de discursos más o menos bienintencionados que propugnan el diálogo y la comprensión. Pero dos no se comunican si uno no quiere. Y el punto de partida del islamismo es que la razón absoluta está de su lado y no pueden conceder razón alguna a los infieles. Dicho de otro modo, es imposible la reciprocidad consustancial a cualquier clase de negociación o acuerdo porque ellos no admitirán jamás nuestras costumbres en su ámbito de influencia. Y los fundamentalistas nos han declarado la guerra, la yihad, precisamente para eliminar de cuajo nuestros valores.

     Otro tanto ocurre con los países más conflictivos de África. He leído no hace mucho en este mismo sitio de internet que "contribuirá mejor a la seguridad europea combatir la tiranía de los países africanos que todavía la padecen, ayudándoles a dotarse de instituciones democráticas". Pues no. El expresidente senegalés y líder africanista Leopold Senghor manifestó públicamente que el negro "es totalmente distinto, un ser cuya cultura no tiene nada que compartir con la europea porque proviene de otra fisio-psicología". Sólo he viajado a África en dos ocasiones. Por lo que vi y me contaron quienes conocen bien aquel continente, la inmensa mayoría de los africanos siguen rigiéndose por la tradición, las normas de los antepasados, los brujos o los intermediarios de los espíritus. Los adaptados a nuestro estilo son minoría. En algunas tribus puede más el que más fuerza demuestra; en otras hay un predominio de las fuerzas espirituales. Creer que la democracia o la constitución les sirven como a nosotros es una simpleza.