Viernes, 23 de octubre de 2020

Duermen los cipreses

"Él piensa que ha de caer como rama que sobre las aguas flota,
antes de perderse, gota de mar, en la mar inmensa. " (A. Machado)

Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche

con el alma sujetada a duras penas entre tu pelo

y mi almohada. Duermen los cipreses en tus manos de poesía

con acento extranjero, mientras quema la alborada recién abatida

entre tu cielo y mi espalda, viene la música por el aire

encajonada

a saber de mis goces pasajeros, el alma precintada

parte con otra mensajería, muy frágil, muy frágil resultó

al ser alumbrada entre los juncos de esta vida

sin ancla

que no entiende de nombres. No podría ser

de otra manera, llevo escrita la paz en mis ojos

y otro invierno que se pierde entre algunos brotes

de ternura.

Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche

con la mirada perdida en el horizonte de las cosas

y la fría escarcha aguzando en mis entrañas de poeta

con acento extranjero, el alma precintada

por el velo sagrado del amor mientras quema

la alborada

recelosa del sueño.

 

 

Somos flores de otro mundo, errático caballero

sin más armadura y espada que el beso sempiterno,

no podría ser de otra manera, llevo escrita

la paz en mis ojos

y otro invierno que se pierde entre algunos brotes

de ternura.

Templo la sangre en mi ático vacío

despido al pájaro recién despertado

por el sol de la mañana, un errante caballero

sin más horizonte que el lecho

del río, entre tanto sobreviene la música por el aire

encajonada

que me lleva a otras iglesias más modestas,

pasajeros de la noche tu yugo

y mi espalda, cuencos del alma

tus manos plegadas por el mar

arrían mis velas en esta vida

sin ancla

que no entiende de otros renombres.

Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche

enhebra voluntades el tiempo en decadencia,

oteo el páramo desnudo lleno de paisajes

clandestinos, la meseta de tu cuerpo

no alcanza para estos versos. Soy de alma

continental y verso en altiplanicie, no podría ser

de otra manera,

tiembla el zócalo de mi ático

vacío

y otro invierno que se pierde entre algunos brotes

de ternura.

 

 

Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche

con la mirada perdida en el horizonte de las cosas

el deshielo ha llegado a mis raíces

de poeta

con acento extranjero, comuneros

de la fe expandida son mis versos

ahora que la llama se les apaga

en estas horas de secano.

Somos flores de otro mundo, palomares en Tierra

de Campos

pastoreando por entre los recodos

que la memoria deja

reposar en su alma de estaño,

mientras las encinas siempre solitarias

se dibujan en el perfil de la noche más eterna

y la fría escarcha aguzando

en mis entrañas de poeta,

somos alma secreta de las cosas

alumbrados entre los juncos

de esta vida sin ancla

que nunca entendió

de nombres.

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