Jueves, 13 de agosto de 2020

Arriesgarse, hacerse presente ya, creer en algo

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La comparecencia del presidente Rajoy, se suponía que para explicar la pseudoconsulta de Cataluña, ha vuelto a poner en evidencia el pertinaz error que desde hace muchos años está cometiéndose en nuestro país por parte de la clase política dirigente. No es un error solo de Zapatero, que encendió irresponsablemente la mecha, sino que viene desde los inicios de la Transición y que tuvo su reflejo en la Constitución de 1978.

Cataluña es España y ni histórica ni políticamente cabe justificar una secesión. ¿Pero qué han hecho los gobiernos españoles para evitar asomarse al despeñadero en que se encuentra la situación? Claramente: nada o ceder en todo. Se ha tenido un terrible miedo al nacionalismo y se ha pensado, diría yo que ingenuamente, que cediendo permanentemente, los hoy partidos independentistas, pero fundamentalmente Convergencia, terminarían por ceder e integrarse en el sistema político español.

Todo en vano. Esa pertinaz actitud del avestruz y de la permanente cesión (que ha tenido su máxima expresión en la política lingüística y educativa) ha conducido a que el independentismo (meramente testimonial en los inicios de la Transición) se haya transformado en un tsunami que podría llevarse por delante lo que nos parecía  imposible hace tan sólo unos años. En las escuelas catalanas, transmitiendo una visión de la historia de Cataluña y de España claramente sesgada y marginando el castellano, se ha engendrado una cantera nacionalista cuyos frutos están empezando a verse. Esto se pudo evitar, pero la ceguera política ha convertido los polvos en lodos.

¿Qué hacer pues? Luchar, convencer, arriesgar, y en modo alguno apostar por el tancredismo. España ha de hacerse presente en Cataluña, los políticos que defienden la soberanía nacional han de dar la cara allí, aun a costa de que se la rompan: de lo contrario, perderemos todo. Hay que argumentar y demostrar que separarse perjudica en primer lugar a la propia Cataluña, con hechos, con datos, con cifras. La irresponsabilidad del gobierno catalán no puede ser secundada por la abulia de quienes están obligados a comprometerse. No es hora para la molicie.

Apostar todo a la ley es un error. Ley y Constitución sí, pero acompañada de un trabajo político permanente en busca de la unidad de los partidos que abogan por la integridad de España: PP, PSOE, Ciudadanos, UPyD, IU, y una estrategia común. Y no escatimar la negociación cuando esta sea asumible: aquí nos la jugamos todos y todos podemos irnos al traste. Transmitir el sentimiento de que Cataluña es España y que la necesitamos para seguir siendo quienes somos, es tarea primordial. ¿Odiar a Cataluña?: sería odiarnos a nosotros mismos.

No podemos perder un instante. Nos estamos jugando el futuro de España de un modo necio e irresponsable. Hay que dar la cara de una puñetera vez. Los millones de catalanes que se sienten españoles a la par, lo esperan, no los podemos dejar en la estacada. ¿O es que hemos dejado de creer en todo?