Sábado, 28 de noviembre de 2020

Autorretrato vanidoso de escribiente. Sic transit

      De las lindezas cosechadas con mis últimos artículos sobre la energía nuclear (me llaman indocumentado, ignorante, charlatán, manipulador, vendido y hasta falto de temas para mis escritos) hay una que me ha dado que pensar acerca de la futilidad del oficio de escribir. Comentaba una señora que debido a mi ignorancia escribo donde escribo (supongo que se refiere a esta web) "y no en otro sitio". En un reciente encuentro familiar, una prima carnal a la que no veía desde hace muchos años me dijo que le hizo mucha ilusión descubrir en internet que yo había escrito un libro... Uno. La realidad es que me han editado una veintena de libros como autor principal: novelas, manuales profesionales y ensayos, algunos de los cuales figuran en la bibliografía de asignaturas, cursos y talleres de más de un centenar de universidades de Europa y América. Tengo localizadas citas y referencias de mis publicaciones en bibliotecas y catálogos de trescientas universidades de cincuenta países, así como en medio millar de libros, trabajos académicos y artículos especializados impresos y digitales de otros autores. De La radio teoría y práctica, el primero de mis manuales publicados como autor principal, se hicieron seis ediciones y reediciones, una de ellas en Cuba sin autorización por mi parte y sin retribuirme un céntimo por derechos de autor. Y en el disco duro de mi ordenador velan como maletillas a la espera de una oportunidad otras diez obras inéditas.

    En cuarenta años de ejercicio profesional he cobrado por mi trabajo periodístico en prensa escrita, radio, televisión y agencias: noticias, reportajes, informes, entrevistas, crónicas, artículos firmados y editoriales para cuarenta y tres periódicos, una decena de revistas y dos agencias informativas. En defensa de la Naturaleza y denunciando la contaminación comencé a escribir en 1970 en el diario Hierro y desde entonces he publicado en el Diario de Mallorca, el semanario Hoja del Lunes de Bilbao y las revistas Sábado Gráfico, Norte y Algo.

    He pasado miles de horas en directo y en diferido ante micrófonos de radio y cámaras de televisión leyendo o presentando textos escritos por mí. Mi principal fuente de ingresos fue como redactor de Radio Nacional de España, para la que trabajé durante siete lustros en el País Vasco, La Rioja, Baleares y Castilla y León. Como delegado de Radio Nacional de España en Baleares residí cuatro años en Palma de Mallorca, donde tuve ocasión de cubrir acontecimientos protagonizados por personajes como Gadafi y el entonces presidente de China Li Xiannian. He sido enviado especial a varios países extranjeros. Formé parte del grupo de periodistas que acompañamos a los reyes de España en su primer viaje a Guinea Conakry y Senegal. Uno de los proyectos para programas de televisión que tengo inscritos en el registro de la propiedad intelectual se materializó en un concurso de cultura y variedades que emitió La 1 de TVE presentado por Valeria Maza y Ramón García. En los últimos diez años he ganado una docena de premios literarios y he sido accésit o finalista en otros tantos certámenes.

     Durante mi antediluviana etapa escolar obtuve menciones y accésits en ciencias, dibujo, geografía y matemáticas. Almaceno títulos y diplomas académicos por las Universidades de Valladolid, Deusto, Navarra y Pontificia de Salamanca: un doctorado, una licenciatura, una diplomatura y dos certificados técnicos. He impartido clases en dos universidades en todos los grados de la enseñanza superior: los dos ciclos de las antiguas licenciaturas, dos másteres, cursos extraordinarios y un curso de doctorado. Para todos ellos, como es lógico, me hinché de redactar dossieres, memorias y exámenes.            

    En 2010 fui invitado por la Fundación del Español Urgente a un seminario titulado "Los periodistas, maestros del español", en el que participamos una veintena de profesionales de España, Argentina, Chile, Colombia, Nicaragua y México. Se celebró en la cuna de nuestra lengua, San Millán de la Cogolla, y presidió la inauguración doña Letizia, a la que tuve el placer de saludar en uno de sus últimos actos oficiales antes de convertirse en reina.

   ¿La conclusión de este currículum aparentemente lucido? Pues, que me arrepiento de bastantes cosas de las que he hecho y lamento otras tantas que he dejado de hacer. En definitiva, si me envaneciera por la retahíla de datos que acabo de exponer demostraría ser un cenutrio, puesto que el saldo ha quedado reducido a muchas ideas y poco dinero (los libros apenas generan derechos de autor, salvo los que promocionan las multinacionales), un sueldo de pensionista, cero ahorros y –a excepción de un círculo muy pequeño– escaso reconocimiento profesional e institucional. Sic transit gloria mundi. Al final, la buena señora que pretendía ningunearme con su comentario despectivo, resulta que va a tener razón.