Jueves, 3 de diciembre de 2020

Científicos, ecologistas y ecolojetas

Jose Javier Muñoz 17 Ecologistas

“Al paso que vamos, llegará un día en que para determinar el auténtico grado de riqueza de un país no se hablará de dólares sino de metros cuadrados de césped por cabeza”. Publiqué esta afirmación hace nada menos que 42 años, el 15 de mayo de 1972, en el diario Hierro de Bilbao. Comencé a escribir sobre la defensa de la Naturaleza unos años antes, en 1968, y dediqué especial atención al tema en el primer lustro de los setenta, cuando aún no había nacido en España ninguna de las numerosas asociaciones ecologistas que hoy nos asedian de modo muy poco ético. O sea, cierta sensibilidad creo que he demostrado.

Me gusta hablar con hechos, así que resumiré algunas previsiones catastróficas fallidas que, sin embargo, continúan sirviendo a los falsos profetas del calentamiento global para justificar sus subvenciones, campañas y movidas antisistema.

Los verdes mantuvieron durante los años setenta y ochenta la amenaza de que a finales del siglo veinte, muchos millones de personas morirían de frío. Ya en 1969  un tal Nigel Calder había vaticinado que “la amenaza de una nueva Edad de Hielo ha de figurar junto a la guerra nuclear como una de las fuentes probables de miseria y muerte a gran escala”. Treinta años después (que en materia de clima es un instante fugaz) sus seguidores hablaban del calentamiento global que nos convertiría en un desierto.

Kerry Emanuel, uno de los científicos más influyentes de la teoría del cambio climático, afirmó en 2005 en la revista Nature que el aumento de la intensidad de los huracanes a lo largo de las tres décadas anteriores estaba relacionado con el calentamiento global. Sólo tres años más tarde, Emanuel publicó en la revista de la American Meteorological Society un nuevo informe contradiciendo su propia tesis. Los modelos econométricos empleados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU –reconoció– difieren de la “realidad que nos está mostrando la naturaleza”.

Para quien considera el IPCC como un aval solvente, reproduzco algunos párrafos del portal de los profesionales de la seguridad www.belt.es del 12 de diciembre de 2011: “El denominado Climagate ha sido calificado por muchos como el mayor escándalo científico del siglo. Todo empezó en noviembre de 2009, cuando un hacker de identidad desconocida volcó en la red documentos y correos electrónicos internos de la Unidad de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia, Reino Unido. La filtración desveló información, confidencial hasta entonces, de la elite científica vinculada al todopoderoso IPCC, cuyos informes sobre el calentamiento global sirven para justificar las políticas medioambientales, industriales y energéticas de los países emergentes y de las grandes potencias. [...] La relevancia de dicha filtración radica en que los calentólogos admiten en privado que manipulan datos, destruyen pruebas y ejercen fuertes presiones para acallar a los científicos escépticos con la teoría del calentamiento global de origen antropogénico. Así, por ejemplo, en uno de los correos desvelados entonces, los científicos de ese organismo reconocen abiertamente que ‘no podemos explicar la falta de calentamiento en estos momentos’.”

El climatólogo neozelandés Vincent Gray Grey (que trabajó durante una década con el IPCC, ha manifestado que el trabajo de este panel sobre el Cambio Climático es “esencialmente corrupto” y ha pedido su abolición. “La ausencia de cualquier calentamiento global en los últimos ocho años tan sólo es el principio. Tarde o temprano todos se darán cuenta de que esta organización, y la teoría que existe tras ella, es falsa. Lamentablemente, su influencia provocará graves problemas económicos antes de que esto ocurra”.

¿Que cambia el tiempo? En eso consiste, esa es su esencia: cambiar. Unas veces hace frío y otras calor. Unas veces llueve y otras escampa. Y si lo medimos en siglos o milenios, sus cambios son tan espectaculares que hoy se pueden plantar coliflores donde nuestros primeros antepasados caminaban sobre diez metros de hielo. Pues bien, aunque resulte surrealista, en 2007 el corrompido IPCC fue recompensado con el Premio Nobel de la Paz por “avisarnos” de fenómenos como estos… y de lo contrario.

Si alguien desea algún dato más acerca del calentamiento mental, le remito a otro artículo mío en esta sección: http://www.salamancartv.com/contributorpost/calentamiento-mental/