El hombre estima la libertad...

Vivimos un tiempo en que todo parece que está emborronado. En el que es difícil borrar y limpiar con goma de Milán lo que está mal. El falso progresismo o neomarxismo cultural lo está ensuciando todo en una efímera huída hacia adelante, en pocas palabras, a la más absoluta de las miserias. Se nos quiere imponer un concepto sesgado de democracia que no acepta otros resultados que no sean acordes a sus creencias. Dicen defender la libertad de pensamiento pero en realidad no existe libertad de pensamiento más allá de la propia ideología, cualquier crítica será tildada de intolerante o etiquetada con términos para desprestigiar a los críticos. Dentro de esta neocorriente de pensamiento estaría el odio a la raza blanca con la victimización de los no blancos y criminalización de los blancos. Los blancos son racistas, xenófobos y retrógrados.

Se fomentan los movimientos migratorios, promocionando el mestizaje físico y cultural y la negación de las razas, impulsados por las crisis permanentes sin solución en África, América del sur y Oriente como son las hambrunas, el ébola, narcotráfico, corrupción, terrorismo y guerras interminables, haciendo creer que Europa el único lugar del mundo para escapar a la miseria. El nuevo neofeminismo inventado victimiza a las mujeres y criminaliza a los hombres denigrando el patriarcado tradicional. Sumado a la victimización de los homosexuales y criminalización de los heterosexuales. Ataque a las creencias cristianas por ser las que representan a Occidente. Se fomenta la idea de que todos somos iguales con la negación del esfuerzo y las diferencias. El animalismo criminaliza a los seres humanos dando incluso más derecho a los bichos que a muchas personas, defiende además un veganismo beligerante. Se da un desafío injustificado a la autoridad con un antimilitarismo y pacifismo utópico. Negación de las naciones y pueblos. Defensa del aborto libre, consumo de drogas, prostitución, promoción del arte degenerado, imposición de su revisionismo histórico y otras prácticas contrarias al buen funcionamiento de la sociedad, sin ninguna base ni sostenimiento. Nos regalan miedo para vendernos seguridad y lo pagamos con libertad.

Este  neoprogresismo ideológico o neomarxismo cultural busca implantarse y suplantar a toda costa a cualquier sistema de valores. Defiende sus ideas como si fueran axiomas o dogmas universales. Cree que los medios justifican el fin pero carece de cualquier visión de futuro pues es la ideología de la deconstrucción. Con la que estamos abocados al fracaso universal y a dejar el poder en manos de unos pocos. 

La vida humana es compleja y difícil pero coherente, por la misma supervivencia de la especie, y por eso mismo es capaz de generar racionalidad en su propio funcionamiento, que no depende como la razón pura, de sí misma, sino de un equilibrio de relaciones entre el sujeto y su entorno o, dicho en términos orteguianos, entre yo y mi circunstancia. La sociedad actual no es más que el resultado del ensayo y error a lo largo de miles de años. Ahora parece que queremos empezar de cero.

La vida no es abstracta ni ideal, sino un acontecimiento donde el hombre está con las cosas teniendo que hacer algo en permanente interacción con ellas. Por otro lado la vida no se reduce al presente porque lo que va pasando queda incorporado a ella como pasado. De igual modo la vida es anticipación de sí misma y apunta a un proyecto de futuro cuya ejecución es propia del quehacer humano, de forma que la vida presente absorbe el futuro y se dilata hacia lo que todavía no es.

Recordando a Cervantes el hombre no es Quijote ni Sancho, sino una síntesis de ambos. Aunque Sancho es el reposo de Don Quijote, y no deja de emplear la palabra “hazaña”. La vida es progreso y en ese pensar en el progreso realizamos mil y un hazañas.

Pasa que algunas veces algunos personajes se salen del guión y quieren crearse una libertad inventada. Son mentiruscos con piedras que se mueven menos que los muñecos de futbolín, siempre palante o patras. Más por ello los gobernantes son los encargados de que no crezca más la bola o el bulo, y de hacer aterrizar a los que creen que pueden volar al margen de la ley y libertad dadas por todos, es decir de la soberanía nacional.

El valor de la libertad planea sobre todos los derechos reconocidos y regulados por las normas legales, y es necesario que sea respetado por todos, con la misma intensidad que los valores de igualdad, justicia y pluralismo político, ya que son la base para garantizar el respeto a la dignidad de la persona.

El hombre estima la libertad y, con su bandera, se han levantado ilusiones y se han hecho revoluciones. La sociedad también aprecia este valor superior de la libertad y, por este motivo, cuando la sociedad, organizada en una superestructura de poder que denominamos Estado, ha de tomar medidas ante la conducta de aquellos que no respetan las normas de convivencia, reacciona limitando o suprimiendo la libertad del infractor. Es lo que conocemos como “ius puniendi” o derecho a castigar del Estado, regulado por normas. Con el derecho y las leyes que nos hemos dado, el Estado institucionaliza los mecanismos de control de la sociedad. Su aplicación es la reacción última o respuesta mayor en la escala represiva o sancionadora establecida y el único mecanismo para preservar la libertad establecida por todos aunque ahora parece que nos toca cada vez más jugar con la libertad establecida por unos pocos…