España, quién te ha visto y quién te ve

         Quienes vinimos a este mundo en los años de nuestra posguerra civil hemos tenido la oportunidad de poder comprobar la evolución que ha sufrido nuestra sociedad hasta llegar a nuestros días.

            Desde pequeños, aprendimos a vivir en un ambiente en el que reinaba la paz, el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, el afán de superación y la conformidad. Estábamos en una nación gobernada por una dictadura, término cuyo significado desconocíamos. Vivíamos en un país que, sin ayuda exterior, iba restañándose las heridas de la guerra y recuperando, poco a poco, un aceptable grado de bienestar.

Es verdad que con más esfuerzos que el resto de Europa, pero comenzábamos a ver la luz. Para muchos, seguíamos siendo un pueblo con boina que no creía en la democracia, sin darse cuenta que no sabíamos en qué consistía esa democracia Después fuimos creciendo y tuvimos la oportunidad de saber que había otro sistema político, que regía los destinos de no pocos países del llamado mundo occidental. Se apoya en unos postulados asumidos universalmente, después de definirlo como el menos malo de todos. Supimos después que ese sistema necesitaba el exacto cumplimiento de todos los postulados porque, de lo contrario, tendría de democracia sólo el nombre.

Así, nos enteramos que, a pesar de que en democracia se supone que el poder reside en el pueblo, existen partidos que no aceptan de buen grado los resultados cuando ese pueblo no les vota a ellos; que la corrupción anida en la derecha y en la izquierda; que los ataques contra la Constitución y los gobiernos legalmente constituidos pueden llegar desde los dos bandos y que hay políticos que, en lugar de gobernar en favor de todos los ciudadanos, lo hacen en contra de la oposición.

En estas estábamos, cuando a nosotros también nos llegó la democracia y comenzamos a asomarnos al exterior. Fuimos capaces de dar una lección de tolerancia y consenso para conseguir una modélica transición y dotarnos de nuestra Constitución, lograda con el esfuerzo de unos políticos que supieron anteponer lo más necesario del momento a los intereses partidistas de cada uno.

En la primera etapa democrática llegaron al poder partidos liberal conservadores y socialistas. Los primeros, potenciando todos los pilares que sostienen el bienestar de los pueblos: la unidad, la libertad, la educación, la independencia de los poderes, el empleo, las infraestructuras, etc. Los segundos, como siempre sucede, diciendo una cosa, pero, al mismo tiempo, haciendo lo contrario e intentando asegurar el voto a base de gastar más de lo que sería deseable. Baste como ejemplo que Sánchez lleva gastado en desplazamientos a la isla de la Palma más euros de los que han llegado de la ayuda que prometió.

 Alternando una de cal y otra de arena, fuimos saliendo del aprieto, aunque nuestra economía –eso que llamamos el motor de arranque de todas las políticas- tenía un nítido perfil en dientes de sierra.

Con la llegada de Sánchez al poder, llegaron al gobierno una serie de personas salidas de las de un socialismo sui generis y de un rancio comunismo que han dado lugar a un gabinete que opera como cualquier dictadura de corte bolivariano. Podría parecer que Sánchez se ve obligado a tomar decisiones impuestas por sus socios cuando la realidad es bien distinta. Se une a quienes practican un progresismo muy distante de lo que significa una democracia y más dispuesto a alcanzar su anhelada república, a costa delo que sea. No la que se practica en muchas naciones del mundo occidental, sino la que esclaviza a no pocos pueblos de Hispanoamérica, Asia o Europa.

            Por el horizonte más próximo, están apareciendo los negros nubarrones del descontento. Existen protestas de todos los ramos de nuestra economía. Industria, agricultura, ganadería, comercio, turismo, transporte, sanidad, fuerzas de orden público y un largo etcétera, están -o estarán-  en pie de guerra.  Ni el más que probable repunte de la persistente pandemia parece inquietar a este gobierno al que sólo preocupa el Valle de los Caídos o la Memoria Democrática “Unilateral”. Tenemos unos gobernantes que han llegado a la política porque no son capaces de vivir de otra cosa. Así no levantaremos cabeza y perderemos el lugar que con tanto trabajo habíamos alcanzado. Pobre España, quién te ha visto y quién te ve.