El farol de aceite

He pasado unas semanas un tanto angustiado y de bajón manifiesto, pero empieza a quedarse atrás y eso que no ha hecho nada más que empezar. Pues me alivia el ver escrito y también oído, qué: “Las posibilidades de que podamos tener un apagón o crisis de suministros en España, son muy reducidas”.

No obstante me desconciertan cuando añaden a continuación: “El sistema gasista español está “muy experimentado” y “muy bien gestionado” y cuenta con muy “buenas capacidades” y unas reservas estratégicas para más de cuarenta días” (El entrecomillado es mío).

Pues no puedo menos de preguntar… Y…después ¿qué?

Y me tengo que extrapolar a un libro de George Owel, muy célebre ‘Rebelión en la granja’; cuando en uno de sus capítulos dice muy seriamente después de días de “vinos y rosas” y otras bonanzas: “Los gerentes del lugar auguran sin miramientos que valgan; que las raciones reducidas en diciembre, se redujeron de nuevo en febrero y se prohibió el  uso  de faroles para ahorrar aceite. (Ver foto).

En esta preocupación por este desabastecimiento mundial provocado por la escasez de contenedores y el aumento del consumo-on line-, que produce una carestía global de productos y que amenaza a la cadena de suministros de gas y electricidad… Pregunto: ¿Nos obligará a apagar el farol?

Verdad es, que el signo de nuestro tiempo es el de la inconsciencia, es decir, el vivir instintivamente, sin profundidad ni reparar en los mensajes que se vienen recibiendo en temas como el cambio climático desde hace mucho tiempo. Y que descubre de repente el que vivir despreocupadamente tiene sus peligros.

Convendría resaltar, aquí y ahora, lo que decía en su momento Pio XI y no ha perdido actualidad: “La más grave enfermedad qué aflige a nuestra época y fuente fecunda de los males que lamenta toda persona sensata; es la ligereza e irreflexión que lleva extraviados a los hombres”.

Y que después del virus, esta ligereza e irreflexión puede hacer que tengamos que ¡apagar el farol de aceite… ¡apaga y vámonos!

Así que después de este “desahogo” vamos a pasar a otro tema más liviano y distendido. Ya qué de siempre fue mí intención; que esta reflexiones fueran (en lo posible), amenas, distendidas y amables. Y como da la casualidad de que la semana pasada nos quedo pendiente por falta de espacio, para “contar” la tercera-noticia falsa- o al menos, incompleta fake news de “cosas” que alguna vez me achacaron sin fundamento ninguno, hoy voy a completarla…

Y os cuento, que me ocurrió en la Plaza Mayor (Ver foto) salmantina ¡Nada menos! cuando un buen amigo y antiguo compañero de estudios-Francisco-, al que hacía tiempo que no veía; me “apretujó” entusiasta mientras me decía ¡Anselmo, enhorabuena por el libro que has escrito sobre Rusia STALIN EL GRANDE-, me ha gustado mucho! No estaba yo al tanto de que tenías esa “querencia” por ese país…

Por la cara que puse-Francisco-, aminoró su efusividad un tanto desconcertado. Pero es qué  yo; ¡jamás he escrito este libro y tampoco he estado en Rusia! Sí, he escrito otros libros, tenidos-Programas-, de Prensa, Radio y Televisión… miles de Artículos, he plantado muchos árboles, tenido hijos y montado en globo… ¡Pero jamás de los jamases” estuve en-Rusia-, ni escribí sobre Stalin, ni grande ni pequeño! 

Indagando he descubierto que el “otro” Anselmo Santos nació en Salamanca en 1930. Él escribió el libro sobre-STALIN-, Y es más; le vuelve loco Rusia, hasta el punto que cuando se jubiló, se fue a vivir allí. Era militar y hombre de negocios (perdonar que diga-era-, pero no tengo ninguna noticia suya e ignoro si vive o ya murió). No le faltaba el sentido del humor, pues cuando le preguntaron ¿Por qué eligió Rusia? Contestó: “Por entonces vivía en Suiza y con 59 años de edad, me aburría. En Rusia descubrí un lugar donde todo el mundo parecía estar loco… ¡aquello era maravilloso!

Dado el interés de este personaje e historia singular me ha suscitado; continuaré indagando sobre el paisano y colega Anselmo Santos.

Hoy. Apagamos el farol… y ¡nos vamos! Pues eso.