Bienvenido, D. José Luis, nuestro -de Ciudad Rodrigo y Salamanca- obispo

          Según la filosofía moderna, la duda es germen y acicate del conocimiento. Desde esta mañana me embarga la duda de escribir sobre la noticia, a mi modo de ver, más importante del día: el nombramiento de D. José Luis Retana como nuestro obispo. Estaba yo lleno de dudas porque pensaba en los hermanos de la diócesis de Ciudad Rodrigo, pero hay que rendir honor a la actualidad y más cuando es una actualidad positiva.

     Esta mañana se supo oficialmente que el Papa Francisco le había nombrado  Obispo de la diócesis de Ciudad Rodrigo y de la diócesis de Salamanca, unidas “in persona episcopi”, pero manteniendo ambas su personalidad jurídica y canónica, así como sus respectivas estructuras eclesiásticas.

     Me llama la atención, pero vaya por delante que me parece bien, que el que va a ser nuestro nuevo obispo ponga por delante a Ciudad Rodrigo. Creo que para la diócesis de Salamanca es una ocasión de gracia el poder trabajar codo con codo los sacerdotes, los religiosos y los laicos de ambas diócesis. Eso me parece deseable, aunque también entendería que siguiéramos cada uno por nuestro lado. Es importante estar abiertos a la sorpresa y al encuentro. Desde un punto de vista meramente político, sociológico y económico hay muchas razones en favor de una postura y de su contraria, me refiero a unir las diócesis o dejarlas independientes. Pero creo que las razones que deben aducirse son de otra índole.

     Sin entrar en razones espirituales, teológicas o eclesiológicas, creo que la decisión del Papa Francisco, imagino que largamente discernida, será muy beneficiosa para la diócesis de Salamanca también por motivos más pedestres, más humanos. Uno de ellos es que, gracias a la diócesis de Ciudad Rodrigo, podremos abrirnos con más profundidad a la Iglesia que camina en Portugal. Otro es el talante pastoral de los sacerdotes de Ciudad Rodrigo, al menos de los que yo he conocido -un recuerdo emocionado para Alfredo Ramajo-, cercanos a sus feligreses, mimetizados con más facilidad con la tierra, sus animales y sus gentes, “con más olor a oveja”, que diría el Papa Francisco. Otro es su modo de unir Evangelio y Cultura, muy dinámico y participativo, con clara responsabilidad y protagonismo de los laicos, de modo que quién más sepa, que más diga, sea sacerdote, religioso o laico, mujer u hombre, con una gran creatividad a la par que mucha disciplina de trabajo, que no de otra manera se puede vivir la pasión por las nobles artes del teatro y del cine.

     Mi simpatía por el clero de Ciudad Rodrigo viene de mi relación, desde edades juveniles, con D. Ángel Olivera, cuyos padres vivían en mi barrio del Rollo. Con toda sencillez y bonhomía participaba de lleno en mi parroquia, el Nombre de María, durante sus estancias de vacaciones veraniegas o esporádicamente a lo largo del año, como si fuera un sacerdote salmantino más, que lo era, aunque haciendo honor siempre a su pertenencia civitatense, Buena amistad he trabado también, desde hace años, con D. Rafael Caño, a cuenta de los scouts, amistad que no pienso romper sino afianzar.

     Antonio Matilla, sacerdote diocesano de Salamanca.