Consideraciones otoñales 

Decía un gran maestro del periodismo salmantino con el que tuve el placer de coincidir en numerosas y variadas ocasiones, Don Enrique de Sena, que suele ser frecuente que los viejos evoquemos los tiempos vividos cuento más lejos mejor con marcada nostalgia, y qué razón tenía. 

A Isabel Allende, reconocida escritora de 78 años de edad, la encantaba decir: “Me encanta decir cuántos años tengo; para que vea la gente las cosas que puedo hacer todavía”. Tampoco le faltaba la razón.

Andaba yo en estas consideraciones otoñales “trabajando” en la Parcela en mañana espléndida de sol; y pensando en escribir hoy, sin concierto ni propósito cierto y determinado. Pues tenía mis dudas respecto a una excursión de fin de semana que pensaba hacer; o bien acercarme hasta el pueblo singular de El Cerro, ya que las castañas célebres del lugar de privilegio han “empezado a caer” y quería tener la satisfacción de sacarlas de su refugio punzante, el erizo, de donde se resisten a salir y gozar de su sabor en primicia. Habiendo además otros alicientes añadidos como el poder gozar del ambiente pletórico de belleza de este entorno. Yo diría que paradisiaco.

O por otra parte, desplazarme hasta la localidad salmantina de Peñaranda de Bracamonte-, (Ver foto), donde además de gozar de paisajes diferentes en otra orografía singular de llanuras sin fin repletas de trigos incipientes, cebadas, centenos y otros cultivos que alegran la vista y el espíritu se podría degustar en Las Cabañas, un establecimiento emblemático del lugar, su famoso y sabroso cochinillo o tostón asado de fama mundial.

Difícil elección, de donde mis dudas en donde ir… a unos lugares queridos u a otros que no lo son menos.

Dado que mi hija Susana y su esposo Nacho celebraban sus veinte años de casados; fue motivo de que escogiéramos la ruta de “secano” y en un ¡Plís… plás!... nos “plantamos” en Peñaranda. Y cuando quisimos darnos cuenta, estábamos sentados en el espectacular espacio del Restaurante Las Cabañas, siendo los primeros en llegar, aunque poco después el trasiego de comensales fue incesante y se lleno por completo.

Pero ahora tengo que confesar con premura, que a pesar de toda la parafernalia inicial y las atenciones personales para nosotros por parte de los dueños del establecimiento y el servicio, a mí me faltaba allí algo muy importante a lo que ya estaba acostumbrado… ¡me faltaba la presencia de la gran María Hernández Alonso, ‘Mari’ (Ver foto), cabeza visible del emblemático establecimiento culinario peñarandino. Ella era toda una institución en el gremio y lo manejaba a la perfección. Lo habían iniciado sus abuelos, me decía Mari en el año 1988, cuando la hice una entrevista: “… hace poco tiempo –La Cámara de Comercio-, reconoció públicamente los cien años de existencia del primer establecimiento en poder de mi abuelo. Era una taberna típica muy célebre donde se servía el aguardiente y las rosquillas, así como el conocido asado de tostón. Luego tuvimos “otras” “Cabañas”, hasta llegar a la actual que yo regento como jefa de cocina de la cuarta generación. Aquí llevamos ya treinta años y estoy muy orgullosa”.

Llegados hasta aquí debo aclarar qué la gran Mari no ha muerto, pero sí anda inmersa en ese otro mundo, donde la enfermedad degenerativa actúa, (las razones se están investigando), donde se produce una destrucción de las células nerviosas del cerebro. Ello origina problemas de memoria, altera las funciones cognictivas y el comportamiento, con olvidos e incapacidad para recordar la información recién aprendida… Una pena.

Recuerdo con tristeza el deambular nervioso de Mari, por este local donde hoy me encuentro; pues ella era sabedora de que la atención a “sus” clientes era primordial y que a ellos les gustaba ser atendidos por la “jefa”, siendo un ritual que ella practicaba todos los días. Recuerdo también; cuando en la entrevista que tuvimos en aquella terraza acogedora, cuando tratábamos de dar un repaso a su vida dedicada a la hostelería… era un día tal cual hoy, de gran revuelo y actividad en el establecimiento. Todo parece un calco de aquel lejano día de -1988-. Pero no; hoy falta a la cita la gran Mari, María Hernández Alonso, “tan salmantina como peñarandina”… ¡No es lo mismo! ¡Ni mucho menos!

Repito. En estas consideraciones otoñales de hoy dedicadas a la gran Mari, me he puesto a pensar, meditar, reflexionar y considerar este tema con atención y cuidado. Llegando  a la conclusión de que hoy, aquí en Las Cabañas… faltaba es este marco magnífico; una mujer importante: Mari.

Pues eso.