A los pobres

A los pobres los tenéis siempre con vosotros

“A los pobres los tenéis siempre con vosotros” (Mc 14,13). Éste es el tema y lema que ha propuesto el Papa Francisco para la jornada mundial de los pobres, que él mismo nos propone celebrar cada año en el penúltimo domingo del año litúrgico y que, en consecuencia, tendrá lugar el próximo domingo, ya que el último domingo del año litúrgico es la fiesta de Cristo Rey, este año el último domingo de noviembre.

En esta ocasión corresponde celebrar la quinta jornada anual de los pobres. Para este año, el Papa ha propuesto el tema que señalamos al principio de nuestro artículo, y es el que él mismo comenta en el Mensaje que ha hecho público para este día.

La frase corresponde al episodio evangélico en el que Jesús estaba en la casa del fariseo Simón el “leproso”, que le ofrecía a Jesús y los suyos una cena en Betania. Mientras se cenaba, entró en la casa una mujer desconocida y de no muy buen prestigio, llevando un frasco de perfume valioso que derramó sobre la cabeza de Jesús.

El hecho provocó dos reacciones opuestas: la de Judas, que comentó si no se podría haber vendido aquel valioso perfume y haberle dado el dinero a los pobres. El evangelista Juan (Jn 12,5-6) nos revela que Judas decía eso porque, como llevaba la bolsa con el dinero del grupo, esperaba recibir el importe para poder robarlo. También nosotros hoy utilizamos a veces a los pobres para nuestro propio provecho. Pienso ahora, por ejemplo en las organizaciones que se aprovechan de los inmigrantes que siguen las rutas de las pateras.

Jesús toma ante el episodio de la cena de Betania una postura bien diferente, y se muestra comprensivo con la acción de la mujer. Así le dice a los presentes: “Dejadla en paz. Ha hecho una buena obra conmigo”. Jesús sabía que su muerte estaba cercana y vio en ese gesto la anticipación de la unción de su cuerpo sin vida antes de ser depuesto en el sepulcro.  “Jesús les recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es también en nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, que el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer. Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la única que comprendió el estado de ánimo del Señor” dice el Papa.

En esa línea de actuación, se entiende perfectamente que Jesús proclame con toda solemnidad en el sermón programático de la montaña: “Bienaventurados los pobres” (Lc 6,20). Él es el primer pobre y el primer bienaventurado. Pero nosotros no elegimos ser pobres, a pesar de saber que ellos son bienaventurados, es decir, felices.

La identificación de Cristo con los pobres también se recoge en la narración del evangelio de San Mateo. “Lo que hicisteis con uno de estos pequeños lo hicisteis conmigo” (Mt 25,40). Y también se muestra como el buen samaritano cuidador de los apaleados, heridos y abandonados en el camino de la vida (Lc 10,25-37).

La realidad de la pobreza sigue presente en nuestro mundo. E incluso crece. No parece que nos interesen mucho los pobres. Ni los de cerca ni los de lejos. Pero los de lejos presionan para venir a nuestro mundo desarrollado. Y muchos perecen por el camino. Son los inmigrantes huidos de su tierra en búsqueda de una vida mejor.

Entre nosotros también sigue habiendo pobres. Y más en la crisis económica por la que estamos pasando.

Los mayores recordamos a los pobres que llegaban a nuestra casa y les dábamos un pedazo de pan “por el amor de Dios”. Hoy los tenemos en nuestras calles y en las puertas de nuestras iglesias.

Es verdad que existen instituciones católicas, como Caritas y el comedor de los pobres, o civiles, como Cruz Roja. Y qué bueno sería que no tuviéramos que acudir a estas instituciones.

La jornada mundial de los pobres seguirá despertando nuestras inquietudes y provocando nuestra solidaridad. Lo que hacemos con ellos lo hacemos con el mismo Jesús: “Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). El día de los pobres es nuestro día.