Socialdemagogia 

Cuando aún era vicepresidente segundo, Pablo Iglesias dijo, sin despeinarse, que España estaba administrada por un Ejecutivo socialcomunista. Era verdad. Además de buscar la aprobación de los PGE, tenían como meta un intento de trastornar el orden constitucional.

 Hace pocos días, en entrevista concedida a un medio nada arriesgado, Pe-dro Sánchez ofrecía, entre otros, los siguientes titulares:

- "España no se ha roto, no hay una dictadura, no han venido los bolcheviques”

- “Defendemos la Constitución del primer artículo al último”

- Hay posiciones lunáticas que no tienen nada que ver con la realidad que viven los   ciudadanos".

- “La Monarquía no está en peligro”

Es cierto que en una democracia seria tienen cabida todas las opiniones si pa-ra llevarlas a la práctica se aplican las normas de un Estado de Derecho. Siendo es-to verdad, también lo es que este gobierno está formado por personas especializa-das en afirmar una cosa cuando están en la oposición para hacer lo contrario cuan-do llegan poder.

Después de comprobar lo que se ha visto y oído en el XL Congreso Federal del PSOE, quienes tuvieran le esperanza de encontrarse con un partido socialista auténtico, fiel a sus principios y moderno, pueden abandonar toda ilusión. Ha vuelto un Pedro Sánchez más radical que nunca. Un político con dos caras: la que muestra ante los medios de comunicación y la que reserva para satisfacer a sus gentes; me-tiendo en este saco a sus votantes y a sus soportes. Entre los primeros, están todos los que han conseguido un cargo oficial con derecho a nómina y los que no quieren perder la nómina cuando abandonen el cargo. Entre los segundos, todos los que han firmado un contrato de arras con Sánchez, por el que el amo del cortijo se compro-mete a satisfacer todas sus prebendas siempre que le dejen recorrerlo a lomos de su Falcon.

La clausura del Congreso puso de manifiesto dos cosas. La primera, que da-ba la sensación de estar en Sofía y no en Valencia –los aplausos y las votaciones se hicieron a la búlgara, incluyendo los barones que dicen lo contrario por detrás. Y la segunda, que la única socialdemocracia es la que predica Pedro Sánchez, las de-más, son de pacotilla. Para aclarar conceptos, vayamos a lo que dicen los politólo-gos:

-Democracia parlamentaria. - “Aquella en la que el jefe del Estado no tiene normalmente poderes ejecutivos reales como un presidente ejecutivo, ya que la ma-yoría de estos poderes han sido concedidos al jede del Gobierno, que suele llamarse primer ministro”.

-Socialdemocracia. - “Corriente política moderada dentro del socialismo que defiende que la transformación de la sociedad puede llevarse a cabo desde una de-mocracia parlamentaria y no necesariamente desde la revolución”.

Demagogia. - “Degeneración de la democracia, consistente en que los políti-cos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudada-nos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

Si hacemos una simbiosis entre los tres términos, llegaremos a la conclusión de que lo que ha inventado Sánchez es la “Socialdemagogia”

 

Alguien tan poco sospechoso de ser un demagogo como Salvador de Mada-riaga dejó escrito: “Soy liberal porque creo que lo primero es la libertad. Soy socialis-ta porque creo que hay que velar porque las libertades individuales no se ejerzan contra el bien común. Soy conservador porque estimo que sin un mínimo de orden no puede haber ni libertad ni justicia”.

Por mucho que repita lo de la socialdemocracia, este gobierno está sostenido por partidos que, en el mejor de los casos, son fanáticos independentistas, cuando no marxistas de pura cepa o con ribetes bolivarianos. Cuando Sánchez repetía aquello de no pactar con independentistas, filoterroristas ni, por supuesto, comunis-tas –tenemos el dudoso honor de ser el único gobierno de occidente en el que se sientan comunistas-, alguno creyó que hablaba en serio. Nada más ver entreabierta la puerta de la Moncloa, se olvidó de las promesas y, hasta hoy. Otros pocos pensa-ron que sólo era una añagaza hasta ser nombrado Presidente, para después no ha-cerlos caso. Todos se quedaron -nos quedamos- cortos. Sánchez es mucho más sectario que sus acompañantes. Como siempre, nuestro refranero tiene explicación para todo: “Dos que duermen en el mismo colchón…“o “El que con niño pernocta…”

Para muestra, unos cuantos botones. No me resisto a citar en primer lugar el bochornoso espectáculo del terrorista Otegui explicando lo que él entiende por de-mocracia. Y lo más grave es que no han faltado “socialdemagogos” que le han aplaudido. Sánchez ha vuelto a emplear las dos caras, la de replicar al comunicado de Otegui, diciéndole que debe pedir perdón y que no negociará los Presupuestos a cambio de excarcelar a los etarras. La otra cara ha sido declarar a Bildu socio prefe-rente del gobierno -nótese lo poco que ha tardado Otegui en dejar las cosas claras.,. Por si lo anterior no fuera suficiente, después de haber pactado con el PP aprobar una declaración institucional para exigir el perdón de Bildu por la violencia terrorista de ETA, el PSOE abandonó la idea –debía ser aprobada por unanimidad- para no contrariar a quien debe darle sus votos. Desde luego, al menos hay que reconocerle una virtud a Sánchez: le importa un carajo el qué dirán.

Segundo botón. España es la única democracia en cuyo parlamento se aplaude a un diputado condenado por agredir a un policía. Aquí lo han hecho desde la bancada que apoya al gobierno, y la presidenta del Congreso lo es sólo de un sec-tor de la bancada. Como todo el mundo ha podido ver, en España, además de in-cumplir resoluciones del Congreso de Diputados, se bordea lo que dictamina el Tri-bunal Supremo.

Para que esté completo el trípode que sostiene a Sánchez, otro botón. Al menos uno de los condenados –y después indultados- por el procés ha declarado su deseo de asistir a la manifestación que se celebre en el País Vasco solicitando la excarcelación de los etarras. Es un ciudadano libre y puede asistir, pero ¿quién paga a los tres mossos que le darán seguridad? Efectivamente, Ud.y yo.

Después del rotundo fracaso de la profecía de Sánchez sobre la cantidad que pagaríamos a final de año por el recibo de la luz, se vuelve a poner en escena el viejo truco de la demagogia. Muchos españoles están pasando necesidades porque sus ingresos no les permiten llegar a final de mes. Sube todo. Pues bien, para tratar de confundir al personal, se advierte que lo que se cobrará en las autovías no será peaje sino un “Sistema de tarifación aplicado a las vías rápidas de alta capaci-dad”.  ¡Ahí queda eso! Luego salen los responsables del sablazo y dicen que esto no es subida. Y tienen razón; esto es su vida, mejor dicho, su buena vida.