¡A sus puestos!

Por temas muy variados, la semana pasada ha resultado bastante movida para el gobierno de Pedro Sánchez y, por consiguiente, trascendente para todos los españoles. Por fin se ha presentado en el Congreso el proyecto de ley con los Presupuestos del ejercicio 2022, para su discusión y aprobación, si procede, antes de que finalice el presente año. Ya se puede conocer a grandes rasgos el importe de lo que se tiene previsto recaudar y gastar en los diferentes capítulos, intentando equilibrar al máximo ambos conceptos, sin olvidar la cantidad que debería emplearse para disminuir –no para aumentar- la deuda exterior.

Por lo farragoso de la operación y lo difícil de satisfacer a todo el mundo, para quienes no somos economistas ni nos hemos visto metidos en estos menesteres de la política, la confección de un borrador de PGE se me antoja tarea nada fácil. No obstante, a simple vista y antes de ser sometido a la discusión de la Cámara, ya se puede calibrar cuál es el sesgo que pretende dar cada gobierno a la política del año entrante. Ahora bien, si lo que se busca es salir del apuro lo más dignamente, procurando de paso satisfacer a quienes puedan seguir otorgando su voto en próximas elecciones, la cosa cambia.

La propia ignorancia en la materia obliga a recabar la información que proporcionan los medios de comunicación. Y ya tenemos la primera complicación. Con los mismos números, dependiendo de cuál sea la línea editorial de cada medio, podremos ir del blanco al negro, pasando por toda la gama de grises. El procedimiento parece que no es tan difícil. Me recuerda una conversación que mantuve con un vecino de sombrilla durante uno de los veranos de la década de los 80. Los españoles acabábamos de cumplir con la obligación de confesarnos con Hacienda por medio de la declaración del IRPF. Eran los principios, Hacienda no disponía, aparentemente, de los medios actuales y algunos españoles echaban mano de la picaresca. Aquel señor me decía que él no tenía problemas. La solución era tan sencilla como rellenar los impresos al revés, es decir, empezar por la cantidad a pagar, inventarse los totales de ingresos y gastos, e ir rellenando todas las casillas en orden inverso hasta llegar a los primeros datos. Quiero pensar que aquel ciudadano, que no tenía aspecto de ser un terrateniente, no emplearía la fórmula muchos años porque, de lo contrario, acabaría siendo cazado.

Pues bien, ignoro la fórmula que ha empleado el Comité de Expertos que cobran de la Moncloa, pero todo indica que no difiere mucho de la exhibida por aquel espabilado veraneante. Se comienza engordando el capítulo de ingresos a base de suponer un ficticio nivel de recaudación por la vía impositiva, añadiendo los famosos 27.000 millones de euros que deberíamos recibir de la UE. No es ningún secreto que lo recaudado por impuestos es muy difícil que coincida con lo presupuestado, unas veces por exceso y otras por defecto. Algo parecido sucede con los gastos. Ahora bien, el FMI, la OCDE, el INE y hasta el Banco de España ya han enmendado la plana a nuestro gobierno rebajando las previsiones de crecimiento para el ejercicio 2022, y a menos crecimiento, menos recaudación.

En el capítulo de los gastos, el gobierno explica el cuento de la lechera y se compromete a tirar la casa por la ventana. Superando el techo del gasto hasta máximos históricos, asegura reducir el déficit a la mitad ¡en dos años!, y la deuda cuatro puntos ¡en uno sólo! Ahora me explico por qué se calificó con sobresaliente cum laude su tesis doctoral.

Por otra parte, Bruselas insiste que, para garantizar la llegada de los fondos de la recuperación, España deberá presentar, sí o sí, el correspondiente plan nacional de recuperación y resiliencia con un calendario de inversiones para el período 2021-23. Además, la Comisión Europea indicará las reformas que crea necesarias cuando los planes no se ajusten a lo pactado. En ese sentido, algunas de las reformas introducidas por el binomio gobernante están en entredicho ante la justicia española, o son claramente objetadas por Bruselas. Es decir, Sánchez, y con él todos nosotros, corremos peligro de pasar a la lista de espera hasta que nos pongamos al día.

Para cualquier profano en la materia existen, sin embargo, varios detalles que no pasan desapercibidos, y uno de ellos es el curioso criterio seguido para repartir la tarta entre las distintas comunidades. El presunto sentido social que se quiere dar a estos PGE queda en entredicho cuando se comprueban las cantidades. Sánchez lleva a la práctica su teoría sobre la asimetría. Dejando aparte el malévolo proceder empleado con la Comunidad de Madrid, se nota, de forma descarada, el grado de generosidad mostrado con aquellas Autonomías que disponen de los votos imprescindibles para que Sánchez saque adelante sus planes. Nótese que ese borrador fue compuesto antes de saber cómo sería acogido por los presuntos implicados. Si antes de empezar los trámites parlamentarios algunos amenazan con denegar su apoyo, debemos estar preparados para que el resultado final demuestre un desequilibrio aún mayor.

En esta carrera por colocarse bien de salida, ya ha sonado la voz ¡A sus puestos! Ahora vendrán los codazos y empujones para llegar en cabeza a la meta. Allí se repartirán las medallas, pero el verdadero campeón quiere serlo Sánchez que, con el dinero de todos los españoles, ha confeccionado unos Presupuestos para poder permanecer en la Moncloa. No obstante, resulta sospechosa la prisa por asegurarse el voto de tantos colectivos a la vez. No estará tan convencido de lograrlo y, cuando lo esté, no sería de extrañar un adelanto electoral. El tiempo nos dará o quitará la razón.