El odio y el resentimiento materializado y avalado en abucheos

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Como cada año y siempre que el presidente del gobierno no es de la derecha política, en los actos del 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional de España, se producen lamentables y vergonzosos abucheos de sectores sociales y políticos ultras que no admiten el resultado democrático de las urnas cuando éstas no les dan a ellos como vencedores y, por consiguiente, la designación de un Presidente y un Gobierno conforme al Estado de Derecho que impera en España desde 1978, es decir, desde la promulgación de la Carta Magna. Sectores que, como sea, quisieron acabar con los gobiernos legítimos que en su momento presidió Zapatero y actualmente quieren hacerlo con el de Pedro Sánchez, son reaccionarios, autoritarios, cavernícolas y descendientes de los que impusieron su ley y antepusieron sus privilegios a los derechos de todos los españoles durante prácticamente toda la historia, fundamentalmente desde que Franco y su séquito acabaron por la fuerza con el régimen democrático de la Segunda República, provocaron la salvaje y cruenta Guerra Civil y una vil y despiadada dictadura de cuatro décadas que utilizó todos los resortes del Estado para vilipendiar a los disidentes, a los que pensaban de otra manera y a humillar de forma inmisericorde a los exiliados.

 

            Es muy triste que haya personajes cargados de tanto odio, pero lo es más que el principal partido de la oposición no sólo los justifique sino que los jalee constantemente. Eso es lo que demostró Casado en la pasada sesión de control al Gobierno. Ese amparo que la oposición otorga a los abucheadores es la causa inmediata de los mismos, porque estoy convencido de que si la oposición los condenase, no se producirían. Avalar estas vergonzosas conductas es estar más cerca de las proclamas asesinas de Queipo de Llano cuando incitaba a “matar a los rojos como a perros” y se vanagloriaba  de que los “valientes legionarios y regulares” violaran a las mujeres de los rojos que mataban que de los lamentos de Machado y su madre en el exilio de Collioure antes de morir en la más absoluta indignidad y tristeza. Mientras el primero reposa en su espléndida sepultura de la Basílica de la Macarena de Sevilla, el segundo no pudo volver a ver “los días azules y el sol de la infancia” ni rememorar en su ocaso vital los “recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero” .

 

            Por su parte, resulta descarnado y abominable que estos abucheadores atrabiliarios e irrespetuosos con el sistema democrático, se apropien de banderas, estandartes y símbolos que son de todos y que enarbolen un patriotismo que se identifica más con el de la Monarquía absoluta del Antiguo Régimen o el de la Santa Inquisición que con el del Estado Social y Democrático de Derecho que afortunadamente disfrutamos los españoles y no por la ayuda de los políticos a los que adoran (el PP y VOX), que en el 78 no apoyaron la Carta Magna, sino que la vilipendiaron y con artículos publicados en prensa como Aznar en “La Nueva Rioja”, en 1979; en uno de ellos decía que la aprobación de la Constitución fue “el primer atentado al Parlamento”, cometido por los partidos políticos que consensuaron y aprobaron la Carta Magna. ¿Lamentable, verdad?

 

            Ha estado acertado Alfonso Guerra al calificar los abucheos hacia Pedro Sánchez con la siguiente frase: “lo mismo que abuchean a un presidente, aplauden a una cabra. Cada uno elige quién le representa mejor”.  Con eso está todo dicho.