Aprender es la vida misma

Está claro,  nuestro aprendizaje de la vida no tiene fin, y así debe ser. Aprendemos sobre casi sin querer sobre multitud de cosas. Sobre temas economicos, pues durante la crisis de 2008 nos instruyeron sobre lo que era la prima de riesgo o los crecimientos negativos y que ambos términos pueden ir juntos. En los últimos años, con la pandemia del COVID 19, nuestro aprendizaje se desplazó al ámbito de la salud. Nos educaron en lo que era un retrovirus atenuado, la incidencia acumulada, el triaje, el distanciamiento social (por si no estábamos ya suficientemente lejos unos de otros), los EPI (Equipo de Protección Individual) o los ERES y los ERTES, en esta ocasión, incluso hemos tenido amplias prácticas: de lavado de manos, uso de guantes y mascarillas, utilización de hidrogeles; y hasta hemos aprendido algo de geografía, porque ahora sabemos que Wuhan es la capital de la provincia china de Hubei.

Con los asuntos de los papeles de Panamá o los de Pandora (curiosa coincidencia en su comienzo por ‘p’) podemos comprender ahora en qué consisten las compañías offshore, recordar que siguen existiendo los ‘paraísos fiscales’ (para el uso exclusivo de sinvergüenzas) y que hay una ingeniería financiera que no se enseña en las Universidades.

Desde hace un par de semana estamos aprendiendo sobre geología y vulcanología: tubo, colada, fajana, piroplastos, erupción hawaiana o estromboliana, etc; yo creo que algo de esto vimos en el bachillerato pero hace ya muchos años. Y este aprendizaje nos lo proporcionas multitud de expertos a través de los medios de comunicación.

En ámbito de la política también estamos permanentemente aprendiendo cuando vemos que los Pactos de Estado son quimeras y que de firmarse, su incumplimiento queda impune. Recuerden, por ejemplo, el Pacto de Estado contra la Pobreza firmado en 2007 por TODOS los grupos con representación parlamentaria, que finalizaba del siguiente modo:

Los grupos políticos representados por los/as abajo firmantes se comprometen, en su ejercicio parlamentario y en sus responsabilidades de Gobierno estatal, local y/o autonómico, a impulsar los mecanismos necesarios para la puesta en marcha de estas políticas e iniciativas, de acuerdo al calendario establecido en el presente documento[1]

Casi 14 años después apenas un par de párrafos de todo lo escrito en sus 8 páginas de acuerdos e iniciativas, se ha cumplido.

También, aprendemos que nuestros políticos colaboran en nuestra formación ¿o será  deformación?). Hablan primero para sus votantes (nos debemos a nuestros votantes…, si nos lo pide el partido…) y después para el resto de los ciudadanos. Nos enteramos de que los fondos  que manejan, sean estos públicos o privados, los ponen al servicio de sus intereses particulares (financiación de campañas, sobre sueldos, viajes privados…). Aprendemos que siempre anteponen sus ideologías al bien común, que abusan con frecuencia palabras que ellos mismos han vaciado de contenido como: patria, bandera, justicia social, seguridad nacional, democracia, nacionalismo, libertadn o dialogo y consenso, en lugar de mercadeo.

Lo más triste de esta situación es que ni los políticos tienen intención de educarnos en el ejercicio de una ciudadanía responsable, ni nosotros parece que tengamos mucho interés en aprender. Acertadas palabras las del psicólogo y filósofo estadounidense John Dewey: Aprender no es prepararse para la vida. Aprender es la vida misma.

Claro que todo este aprendizaje no es ni indoloro ni gratuito, pero es el único camino para ser libre porque según el filósofo neerlandés de origen hispano-portugués del siglo XVII, Baruch Spinoza: La actividad más alta que un ser humano puede alcanzar es aprender para entender, porque entender es ser libre. Ni más ni menos

Yo debo confesarles que ya no sé dónde situarme. Los extremos me aterrorizan, las derechas me irritan, las izquierdas me confunden y el centro está vacío, así que sólo me queda ir hacia arriba o hacia abajo pero aún no lo tengo decidido. Que disfrutéis el puente.