Escribiendo

Mientras escribo, durante estos más de tres años que llevamos juntas las personas que me leéis y yo, pasan cosas.

Va sucediendo de todo, tanto en el mundo como en las vidas personales. Existen momentos llenos de bienestar, de euforia, de alegrías, y otros que se cubren de tristeza o de nostalgia y pena.

A lo largo de estos 180 artículos que celebramos hoy, he perdido a algunos amigos muy queridos, a familiares con los que compartí momentos muy especiales que mantengo en el bolsillo de memoria que guardamos en el forro del corazón, y personas allegadas han perdido a su vez, por uno u otro motivo, a seres amados.

También ha dado tiempo a que duelan los huesos, (a veces, mucho, los del alma), a que enfermen personas que conocemos, a que haya que abrir un pecho para quitar cuanto antes una boca asesina, a que algunos se sienten por obligación en el banco de la espera con un pie escayolado o una pierna atornillada por varios sitios… Asentar la paciencia, doloroso aprendizaje.

O nos crece “un bicho” en el mundo, como una seta, en un lugar ya de por sí alborotado, y nos pone las vidas (y las muertes) patas arriba.

A veces la tierra cruje, ruge, vomita, arde, se seca, se queja a su manera del maltrato diario al que la sometemos, vándalos de lo vivo, quién nos da derecho, atilas del gasto innecesario de recursos naturales, insensibles a la belleza que nos regala, cuánta soledad sentirá.

Y en nuestros paseos vemos negocios cerrados, leemos cifras no deseadas que suben, seguimos líneas quebradas que se despeñan como lava de un volcán para hundirse en la profundidad del mar, afloran números rojos de todo lo que tan mal hacemos…

Mientras escribo también pasan cosas buenas. Se besan las parejas bajo los árboles, se posan los pájaros en las fuentes, sale el sol, bendito sol, caricia de otoño; hijos amorosos pasean a sus mayores en sillas bajo mantitas que acarician todos sus huesos, los niños se deslizan por los toboganes como un descubrimiento del siglo, las persianas guardan dentro los afectos familiares, al calor de mesas camillas pasadas de moda; los sofás reúnen la charla del día tras el trabajo agotador.

Cuando estoy escribiendo se podan árboles, se siega hierba, se nadan mares, se abren puertas de colegios, se cierran fábricas, se sirven raciones con algarabía, se despide gente, se continúan guerras, se viaja al espacio haciendo turismo, se vacuna, las hojas se marchitan, se crean canciones, se derraman bellas sensaciones en la partitura de la vida…

El mundo, este lugar tan pequeño, sigue girando a su ritmo en ese gigantesco espacio sideral inventado hace tantos siglos, tapizado por las obras de arte creadas por mano humana. Se guardan numerosos tesoros en su seno.

Y estamos aquí, participando de algo tan minúsculo, de este instante llamado vida, con el firme propósito de aprovechar este regalo.