De la historia a la fiesta, y viceversa

Omnium terrarum, quaeque sunt ab occiduo usque ad Indos, pulcherrima es, o sacra, semperque felix principum, gentiumque mater Hispania.

Eres, oh España, la más hermosa de todas las tierras que se extienden del Occidente a la India; tierra bendita y siempre feliz en tus príncipes, madre de muchos pueblos.

Las palabras de San Isidoro de Sevilla, escritas hace mil cuatrocientos años en su introducción a la Historia de los Reyes de los godos, vándalos y suevos, son absolutamente desconocidas para la inmensa mayoría de los que ayer comenzaron el anhelado, porque el verano ya se añora, puente de la Fiesta Nacional de todos, y también del Pilar en el que muchos hallamos sostén. Imagino que lo llamarán asépticamente del 12 de octubre los que se dejan torcer los dedos por el silencioso apretón de los prejuicios. Porque, por estas fechas, cada año aparecen los frutos que la primera lluvia otoñal hace crecer por puro regalo, los que la tierra ofrece a su tiempo después del paciente trabajo con el sudor de la frente, y las diatribas obstinadas contra el recuerdo de un hecho histórico que España escoge como día festivo para la nación entera. El día en que quedó obsoleto el hermoso texto del doctor hispánico, porque se supo de otro Occidente plus ultra, pero a su vez se confirmó su aserto: madre de muchos pueblos.

De la historia, que sucedió, a la fiesta, que se celebra cada año en el calendario, sea a través del mero descanso o dedicando algún rato al motivo que justifica el día de asueto. De un tiempo a esta parte, aun sin pretenderlo, cuando uno transita por el 12 de octubre es más fácil toparse con un indigenista indignado, con un nacionalista periférico que alega haber sido robado, o con un español cualquiera repleto de complejos, que con un acto, lectura o persona que invite a contemplar la fiesta a la luz de la historia. Esto es, sin el presentismo que adultera cualquier análisis histórico, sin el triunfalismo que lo desvirtúa y sin la leyenda negra que es precisamente eso, leyenda, pero no historia. Casi prefiere uno que llegue pronto el día 13, porque se hace difícil tener la fiesta en paz. ¡No descansan los guerrilleros ni en el día de la Fiesta de España!

Debemos admitir que no es la del 12 de octubre la única fiesta puesta en cuarentena, y hasta en confinamiento según les dé. ¿Cómo olvidar las polémicas que se montan en Granada cada 2 de enero, cuando se recuerda la Toma de la ciudad? Pues tal día como hoy, 9 de octubre, toda la Comunidad Valenciana celebra como fiesta regional la entrada de Jaime I en la ciudad de Valencia, allá por 1238. ¿Doscientos cincuenta y cuatro años después tanto habían cambiado las cosas? ¿Es menos digno de elogio que en Granada entraran de la mano las coronas de Aragón y de Castilla, y se completara ya un recorrido histórico natural de casi ocho siglos?

Como contraste, 2022 nos va a deparar un día festivo conmemorativo de una efeméride, el quinto centenario de la primera circunnavegación de la Tierra. Por desgracia, sólo va a serlo en una comunidad autónoma, el País Vasco, que lo denomina Día de Elcano. Uno de los hijos más ilustres del territorio de Guipúzcoa bien merece que su gesta sea recordada con un día de fiesta. ¿No se habría podido fijar para toda España esa feliz llegada de Elcano y los otros diecisiete supervivientes a Sanlúcar de Barrameda, a bordo de la nao Victoria? ¿Ni en algo tan elemental somos capaces de ponernos de acuerdo? Será el 6 de septiembre y confío en que la jornada quede a salvo de politiquerías anacrónicas.

Porque juzgar la historia detrás de unas gafas inventadas esta misma mañana conduce a errores. Desde luego, esto no impide que podamos apreciar crueldades del pasado, pero su reconocimiento, o incluso una petición de perdón institucional si cabe, no restituirá el daño sufrido por individuos que ya murieron hace siglos. La Iglesia, o los estados que han formulado declaraciones similares, son conscientes de ello, y estimo valioso que lo hayan hecho. Sin embargo, siempre habrá supuestos herederos de unos agravios que no han sufrido que aspirarán a cultivar esta victimización por los siglos de los siglos, y su respuesta al perdón solicitado será insaciable y difamadora. Por poner un ejemplo, en los Estados Unidos de América han llegado a tachar de genocida a Fray Junípero Serra. Español de Mallorca, franciscano y misionero del siglo XVIII, del que el Papa Francisco dijo esto al beatificarlo en Washington: “Hoy recordamos a uno de esos testigos que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio, Fray Junípero Serra. Supo vivir lo que es «la Iglesia en salida», esta Iglesia que sabe salir e ir por los caminos, para compartir la ternura reconciliadora de Dios. Supo dejar su tierra, sus costumbres, se animó a abrir caminos, supo salir al encuentro de tantos aprendiendo a respetar sus costumbres y peculiaridades. Aprendió a gestar y a acompañar la vida de Dios en los rostros de los que iba encontrando haciéndolos sus hermanos. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos” (23 de septiembre de 2015).

Entre tanto ruido a la contra, habrá quien logre este 12 de octubre, Fiesta Nacional, Pilar de España y de las Españas de ambos hemisferios, saberse a favor de un encuentro entre dos orillas, singularmente mestizo, doloroso y gozoso como todos los encuentros humanos. Intentaré conseguirlo como hago cada año, releyendo mi “Cuaderno de Méjico”, con su espiral, su cuadrícula y sus pastas verdes. No cumplí el sueño infantil de la Ruta Quetzal, pero sí pude disfrutar, siendo estudiante de Medicina en el verano de 2005, de un inolvidable mes en un país maravilloso al que ansío regresar algún día. En los peldaños vitales que durante aquellas escasas cuatro semanas subí y bajé sigo encontrando nombres, experiencias y pensamientos que me animan a celebrar cada 12 de octubre un encuentro por el que hacer fiesta.

En la fotografía, escalinata de la Universidad de Guanajuato, Méjico.