No me dan miedo ni los registradores ni las registradoras de conciencias

La última noticia es que el Ministerio de Igualdad aspira a elaborar un registro de todos los médicos españoles que somos objetores de conciencia en el proceso de “interrupción voluntaria del embarazo” (traduzco: matar a un ser humano antes de su nacimiento). Remito a la consulta pública que están haciendo y a la filtración de la idea registradora de conciencias a uno de sus tentáculos mediáticos.

La penúltima, casi simultánea, son las cifras publicadas por otro ministerio, el de Sanidad, en referencia a los abortos practicados en 2020: fueron 88.268, mientras que hubo 338.435 nacimientos. Por cada cuatro niños que nacen a uno se le impide nacer, y a esto lo llaman progreso los progresistas y libertad los liberales. Enlazo el informe completo.

La antepenúltima, hace pocos días, la propuesta del Grupo Parlamentario Socialista para terminar con las concentraciones de personas para rezar ante establecimientos donde se practican abortos y con las interpelaciones a las mujeres que a ellos acuden para mostrarles otra posible salida a su encrucijada vital. Véase la proposición de ley.

Sé, por propia experiencia, que escribir de estos asuntos es una manera explícita de significarse a favor de la vida del no nacido, un bien que no está protegido en España actualmente. Esta significación, a menudo incómoda, difícilmente cuenta con la complicidad de un “me gusta” en las redes sociales y seguramente no es desconocida por los que aquí o allá toman decisiones de peso. Pronunciarse contra el aborto o contra la eutanasia es impopular y puede llegar a meterte en aprietos. Benditos, por cierto.

No hay que ser muy avispado para ver que los sindicatos, por supuesto los denominados de clase, pero también los gremiales, huyen de esa causa. Ellos hablan de lo suyo, básicamente de dinero y de influencias, como se hablaba en un foro de médicos en internet hace unos meses, cuando una opinión crítica ante los últimos cambios legislativos fue reconvenida por el recordatorio de que eso no iba con nosotros. Algunos decidimos al momento que era precisamente ese foro el que no iba con nuestra forma de entender la Medicina y el debate de ideas.

En las líneas editoriales de medios de comunicación de diverso signo, cada cual fiel a sus obediencias debidas, también somos vistos como elementos molestos, por lo que es muy de agradecer que en esta columna se me permita expresar opiniones que rara vez encuentran espacio en otros lugares. Son habituales el trazo grueso y la caricatura para despreciar a personas a favor de la vida, sean médicos o no. Más si cabe si, tantas veces, la Iglesia se queda prácticamente sola en esta defensa, con el Papa Francisco a la cabeza (al que hay que leer y escuchar, y no decir sobre lo que dicen que ha dicho…). Son tiempos en que fe y razón no se oponen salvo para el anticlericalismo trasnochado, pero sí transitan por una misma crisis que ignora y retuerce a ambas.

Si finalmente hubiera un registro de objetores ante el aborto intuyo que la Junta de Castilla y León utilizaría el mismo procedimiento farragoso que ha empleado para registrarnos a los objetores ante la eutanasia, algo de lo que, obviamente, tampoco he escuchado quejas sindicales, entretenidos como están en sus asuntos. Por mi parte, tanto la gerencia que me paga por mi trabajo como el colegio que cobra puntualmente mis cuotas, ya recibirían (supongo) mis objeciones por escrito en su momento, pero ni unos ni otros me respondieron, que estas comunicaciones con el silencio administrativo quedan despachadas.

Fiel a mi conciencia, y al código deontológico de la profesión que me honro en ejercer, cuando vuelva a encontrarme a una mujer que me manifieste su deseo de abortar haré como he hecho hasta ahora. No le ocultaré mi postura personal y, en lugar de desentenderme, procuraré fortalecer la relación de confianza médico-paciente, incluso facilitándole mi número personal, de modo que ante la encrucijada, si se decide a transitar por el camino de la vida, me encuentre, y luego, sea cual sea el sendero escogido antes, me tenga ahí. Pienso obrar igual si un paciente me requiere la eutanasia, poniendo mi limitada ciencia y mi débil caridad al lado de su cama siempre en el servicio de la vida.