Acto singular

Ha pasado mucho tiempo y casi todos los protagonistas de aquel ‘acto singular’ han muerto. Los que aún quedamos, estamos aquejados por las secuelas que se han ido acumulando en nuestra larga vida. Es un proceso de armonización del metabolismo, de cambio de energías. Si esto se realiza en perfecto equilibrio, este proceso vital está asegurado, pero si se presenta cualquier trastorno, entonces conduce a manifestaciones que se llaman enfermedades, degeneración y muerte. Como decía esto le ha sucedido lamentablemente a muchos de los reunidos en aquel acto solemne que tenía lugar el 13 de marzo 1973 en Poveda de las Cintas (Ver foto). Y que no era otro, y era mucho, que la entrega de un pergamino inserto en  gran cuadro de color oro viejo. (Ver foto).

En él podía leerse: “Los vecinos del municipio de Poveda de las Cintas a Don Anselmo Santos Pérez con motivo de su jubilación y en demostración de agradecimiento y cariñoso homenaje. Pos sus servicios prestados durante 27 años como médico titular. Poveda de las Cintas 13 marzo 1973. Por la comisión. Firmado Ángel Hierro (que era el Alcalde), Juan Perrino, Romualdo Hierro, Arturo López, Bienvenido Rubio, Joaquín Zamarreño y Tomás Puente (maestro).

Yo estuve en el acto de entrega y también lloré con encontradas sensaciones ahora recuerdos. Ya tenía 39 años de edad y una familia propia. Pero la primera vez que llegué hasta Poveda, tenía 12 y puedo asegurar que más de una noche acompañé a una urgencia con mi padre; sobre todo si era a algún parto, ya que los atendía él, sin mandar a ninguna parturienta a la capital, salvo que fuera imposible darle solución adecuada en el pueblo. Yo portaba el farol o linterna para alumbrar en camino de tierra de las calles que cuando llovía se convertían en lodazal con muestras de las ruedas de los carros de labor dejando huella…

Sí, ya sé que con estos recuerdos le estoy dando la razón a quien decía eso de “pelear con nuestras emociones es hacerlo con nosotros mismos”.  No debemos de gastar energía en este asunto, pero debo hacerlo pues veo el pergamino todos los días del año ya que lo tengo en la sala de estar de casa con la firma sencilla de los que colaboraron activamente en el homenaje a mi padre y su médico. Don Anselmo Santos Pérez.

-Ángel Hierro (que era el Alcalde). Bajito, resabido, un tanto “soca” en sus apreciaciones. Siempre deseando el quedar bien. Buena persona.

-Juan Perrino. También bajito, listo, inquieto, hablador. Con él aprendí a jugar al julepe y el chamelo y garrafina ¡un maestro! Durante mis vacaciones en el pueblo.

-Bienvenido Rubio. Cachazas, parsimonioso, tenía problemas en un ojo, cosa que imponía. Siendo vecinos colindantes, cuando mi padre llevó la primera televisión, iban a nuestra casa en las tardes-noches a verla con toda su familia.

-Joaquín Zamarreño. Anodino, muy de pueblo, siempre callado y reflexivo. Muy cetrino de piel.

-Arturo López. Extrovertido, muy “echado pa lante”. Algunas veces brusco. Varios hermanos.

-Tomás Puente. El más joven. Maestro de escuela. Con él tuve buena amistad. Serio, tímido y respetuoso, modesto, servicial, amigo. Llegó a ser director de un colegio en Arévalo (Ávila).

De los que estuvieron también en el ‘acto singular’ pero no en la firma, recuerdo a Marciano Bermejo (hijo), que a los 14 años de edad comenzó a recoger leche ayudado por un burro con aguaderas, por Mazores, La Carolina y Villaflores. Fue quesero del pueblo y él me enseñoó,  en ratos libres durante mis vacaciones, la elaboración del queso artesan… ¡Pero eso es otra historia… de las muchas que conocí en los lugares “sagrados” de reuniones obligadas en aquella época… la fragua del señor Constancio, los tejares del señor “Cachucha”, el taller de carros del señor Anastasio Pinto, el bar del señor Manolo “El Cuco” o de Sebastián Perrino…. también en las duras pláticas del cura Don Santos o en las poesías de mi buen amigo Gaudencio… AMÉN.