En Béjar, jugué fútbol con el padre Comadrán

            Después de dejar de jugar en la UNIÓN DEPORTIVA SALAMANCA, 3 de abril de 1967, y comenzar a trabajar en CAJA SALAMANCA con destino en Béjar, me tomé el fútbol con mentalidad amateur y allí acabé jugando en el Mario Emilio, un campo cuesta arriba que no todos los equipos contrarios podían asimilar. Y fueron tiempos bonitos con excelentes relaciones personales.

            Casi por casualidad, en cihefe.es/cuadernosdefutbol, encontré un reportaje sobre “El Padre Comadrán: el sacerdote futbolista”, de Daniel Badía. Ostras, si Comadrán jugó conmigo en el Béjar Industrial.  Y nunca más supe de él. Así que me lancé a conocer noticias: “Josep María Comadrán Vila (Sabadell, 11-02-1948) ya no quiere echar más la vista atrás. Se ha desprendido de todas sus memorias futbolísticas para no tener que recordar y, quizás, arrepentirse de la decisión no tomada. En el fondo, continúa albergando la duda de si hubiese podido llegar a jugar en la élite del fútbol, como soñaba de pequeño. A punto de cumplir los 66 años, aún hoy muchos aficionados que le conocen y recuerdan sus proezas le trasladan la misma pregunta. Pero ya no hay vuelta atrás, ni margen para el arrepentimiento: Comadrán priorizó sus convicciones religiosas ante sus cualidades futbolísticas. Admirador de Kubala, era un extremo ambidextro goleador, hábil, rapidísimo y con un cambio de ritmo que los más atrevidos comparaban con el de Cruyff”.

             “Tuvo la oportunidad de convertirse en el primer sacerdote en ser profesional del fútbol en un equipo de categoría nacional porque ofertas no le faltaron, tanto en sus inicios en Béjar como en la recta final en Balaguer. Josep María Comadrán, padre escolapio, es el segundo de once hermanos. Sus padres se dedicaban al negocio textil. Con 11 años se levantaba a las 6 de la mañana para poder ir a jugar al fútbol y su equipo se financiaba los gastos aportando un duro cada jugador. Estudió en las Escuelas Pías hasta cuarto de Bachiller. Empezó a destacar en el Atlético Sabadell, pero su vocación religiosa le obligó a dejar el fútbol federado durante los años de formación: con 14 años entra en el seminario escolapio de Alella (Cataluña) y posteriormente en el de Irache (Navarra) y Albelda de Iregua (Rioja)”.

           “Con 18 años se traslada a Salamanca, donde obtiene la licenciatura en Teología y Filosofía en la Universidad Pontificia. Es allí donde su carrera futbolística recibe el impulso que tambalea las convicciones de Comadrán. Jugando un partido entre seminaristas, un directivo de la UD Salamanca se fija en él y le propone una prueba. Pero lo tiene todo en contra: el entrenador de turno le dice que no quiere sacerdotes en su equipo y sus superiores le recuerdan constantemente que el fútbol va unido “al vicio y las mujeres”, nada aconsejable en su situación”

           “Finalmente, Comadrán ficha por el CD Béjar Industrial (1970-72), en el que destaca 2 temporadas en la categoría regional y consiguen el ascenso a Tercera. (Maside de entrenador y los Blázquez, Navarro, Bonilla, Jesús, Sera, Guerra, Tomás, Carmona, Isi, Paquito). Allí acostumbraba a despojarse de la sotana por la noche y escaparse a los entrenamientos, sin escuchar las prohibiciones de sus superiores. En esa época el Atlético de Madrid también se interesa por él, después de observarle en un partido amistoso. Las crónicas de entonces cuentan que le llegan a ofrecer 800.000 pesetas de ficha, pero él insiste en no apartarse de su camino. Héctor Rail le convoca para formar parte de una selección española universitaria, pero una lesión en la espalda le impide acudir a la cita. Parece un aviso y supone un punto de inflexión. Es entonces cuando decide olvidarse del fútbol profesional”. 

           Muchos datos biográficos de los señalados yo los desconocía, pero, doy fe, de que era un personaje encantador y un futbolista de primer nivel.