El sabor de lo bueno 

“Suavidad y temple en honor a San Mateo. Las maneras de torear a la verónica de Marcos fueron el apunte de la tarde a destacar entre todo lo visto bajo el frío que azotaba en el fin de feria”
Alejandro Marcos toreando a la verónica | Foto: Miguel Hernández

Volver, vivir con el alma aferrado a un dulce recuerdo, que diría la canción. El volver que anunciaba Alejandro Marcos unas horas antes de pisar La Glorieta vino empapado de suavidad en la forma y fortaleza en el fondo. El alma aferrada al recuerdo dulce del soñado doce de septiembre que le llevó hasta allí, y por eso Alejandro se volvió a sentir artista, puede que lo sintiera ya hace unos meses antes, pero es aquel doce cuando quedó de manifiesto y así se sintió también este 21.

Suavidad y temple en honor a San Mateo cuando aún resonaba en los tendidos su sólida capacidad. Sus maneras de torear a la verónica fueron el apunte de la tarde a destacar entre todo lo sentido bajo el frío que azotaba. Esos lances a la verónica de Alejandro Marcos fueron un canto a la cadencia. La suavidad con la que toreó con el capote a ambos toros sonó a puro sentimiento. Gusto y encaje ante el áspero tercero y también ante el exigente sexto. Y esa media a ralentí al cierra plaza. Cuando mece el capote vuelven a impactar sus maneras porque juega con los brazos, la cintura y la muñeca encajando siempre la figura.


Ese manejo del capote de Alejandro Marcos fue el sabor de lo bueno que se impregnó arriba, así como su evolución y las formas de andar en la plaza, otra vez. La naturalidad siempre suma. Ilusiona su temple innato en el trasteo de muleta y como se gusta en cada detalle siempre acompañando con la suavidad con la que maneja los engaños. Ilusiona a Salamanca y si hablamos de detalles, ese fue el valor diferencial de una tarde que era el epílogo del fin de fiesta. Juli fue capacidad, entrega y disposición, el encierro de Garcigrande fue descastado y sólo se salvó el sexto, y el salmantino, mientras, volvió a dar motivos para creer. Es la ilusión lo que nos mantiene vivos, y tenemos motivos para creer aunque el silencio a estas horas se haya apoderado ya de nuestra Glorieta y los cerrojos que ya han caído nos impregnen de nostalgia. Septiembre siempre vuelve. El sabor de lo bueno, queda ahí en la retina.