Asalto a la verdad

En nuestras sociedades, desde hace ya años, como si de una estrategia programada se tratara, se está produciendo un preocupante asalto a la verdad. Es un asalto que se produce en todos los ámbitos públicos, pero también en la vida privada e íntima de los ciudadanos.

Si estamos algo atentos a nuestra vida social, observamos cómo la mentira se está enseñoreando de la política, de la economía, de los medios de comunicación, de las relaciones entre sociedades y entre las propias gentes…, en fin, que se ha terminado por convertir en una herramienta de uso, en una moneda usual de cambio.

Antonio Gamoneda ponía el título de ‘Descripción de la mentira’ el que, para nosotros, es su mejor poemario. Podríamos abordar hoy, sí, un trabajo sobre cómo funciona esa descripción de la mentira, utilizada como arma eficaz para conseguir objetivos egoístas y, en el fondo, falsos, y no terminaríamos nunca de realizar tal trabajo.

Hay, en el fondo y desde hace tiempo, un parecería que programado asalto a la verdad. El filósofo Georg Lukacs hablaba, ya hace años, del ‘asalto a la razón’ y así titulaba uno de sus libros. El asalto a la verdad al que asistimos –y parece que sin que nos importe mucho a todos– está instaurando en nuestras sociedades comportamientos cínicos y egoístas, y parecería que tiene como objetivo un ataque a esa ética del bien común, del bien de todos, que es la base de cualquier humanismo.

Antonio Machado hablaba de mi verdad y tu verdad. La verdad, la particular y la comunitaria, la ética de la verdad, ha de ser defendida por todos, pues nos sitúan en un mundo luminoso y no sombrío ni mezquino.

Porque hemos de defendernos de esas “fake news”, de esas noticias falsas, de esas noticias mentirosas, propaladas con fines interesados, que constituyen una de las estrategias más eficaces de ese asalto a la verdad del que hablamos.

El pensador Roland Breeur, en su libro ‘Mentira, impostura, estupidez’, indica muy expresivamente: “Lo que es novedoso en nuestra “época” es quizás el hecho de que la verdad ya no goza de ninguna autoridad.” Indica, al tiempo, cómo el peligro de la “posverdad” no resida en la mentira, sino más bien “en el carácter vano, débil y ramplón de la verdad.”

En definitiva, en esa pérdida de sustancia del contenido de la vida, de la de cada uno y de la de todos, cuando “la verdad –sigue indicando Breeur– no solo es débil, sino endeble, inútil, insípida, fútil.”

Se ha vaciado, se está vaciando a la verdad de toda sustancia, de todo sentido. Y, en esa misma dirección, se está vaciando la vida. Llevándonos, como a rebaño inconsciente, hacia la mentira, la impostura y la estupidez.

Ay…