Un retazo de historia: el vestido FORTUNY

Situémonos. Venecia: norte de Italia. 1909:  año con fechas tan importantes como la Semana Trágica en Barcelona, la independencia de Panamá, la llegada de Robert Edwin Peary al Polo Norte o la publicación del  Manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti. Y también un hito importante en la historia de la moda: Mariano Fortuny crea su famosísimo vestido plisado Delphos.

Todo empezó en 1906 cuando el modista –que también era escultor, fotógrafo, escenógrafo, y, por supuesto pintor- viajó a Grecia acompañado por su novia Henriette Nigrin, (con quién se casó después) quedó maravillado de la cultura helénica. Fue tal el flechazo que quiso reproducir los textiles de aquella época, y abrió un taller en su residencia veneciana, el Palacio Orfei.  Fue la túnica “chitón podéres” que lleva la escultura en bronce del Auriga de Delfos,  476 a.C., la que el artista quiso replicar y así dio nombre a la famosa pieza.

En el taller, empezó a estampar telas con el único propósito de conseguir  un parecido con las griegas. Tenía que ser plisada, larga, rectangular y ondulada: esto es lo que quería conseguir Fortuny. Y lo hizo. El Delphos es una prenda de seda, con su pequeñísimo plisado único en cada una de las prendas, con una técnica que todavía sigue siendo un misterio. Con ella, consiguió que la tela cayera de manera dúctil sobre el cuerpo femenino sin incorporar ningún armazón interno. Además, sus técnicas de tinte eran extraordinarias, excepcionales, exquisitas y nunca reproducibles.

En 1919, diez años después de que Fortuny lo patentara, se empezó a comercializar el vestido con el nombre del artista en sus etiquetas. El Delphos, aunque considerado algo indecoroso, se convirtió en un auténtico icono de la liberación femenina, prendas tan establecidas como incómodas, por ejemplo el corsé. Después de la publicidad que Fortuny le dio al vestido, fotografiado por él mismo y con su esposa como modelo, la pieza impactó en la alta sociedad y todas querían lucirla. Personas de la talla de Marcel Proust alabaron el vestido, joya que podíamos encontrar en el armario de Régine Flory. No es solo una pieza de coleccionista, sino también de exposición.

El Museo del Traje de Madrid dedicó en 2010 una exposición al artista: “Inspiraciones. Mariano Fortuny” Cruzando el Atlántico, el Museo de Arte Moderno de Nueva York presentó una colección suya en 2003. El nombre de Fortuy ha estado en varias salas, pero también plasmado en pinturas, películas y  novelas: durante las décadas de 1910 y 1920, el pintor español Joaquín Sorolla pintó algunos retratos de su esposa y de otras musas con vestidos Delphos – se pueden ver en el Museo Sorolla-.

El artista nunca desveló el proceso utilizado para teñir las piezas. Una característica por la que destacan los Delphos es el color, conseguidos con tintes naturales y tratados sobre el arte de la tintorería, además de emplear viejas recetas que le fueron confiadas por ancianos artesanos de la región del Véneto. Cuenta una leyenda, que al día siguiente de la muerte de Fortuny, su esposa arrojó a los canales de la romántica Venecia los colores que el artista utilizaba. Es por esto que, a pesar de numerosos estudios en busca de la fórmula mágica, jamás se han conseguido.