Héroes por la vida

Todo lo humano me interesa porque soy hombre

PUBLIO TERENCIO

Sin solidaridad, la “humanidad” es una palabra vacía, aunque sea bonita. Solo un mundo más solidario y fraterno podrá ser más humano.

JOAN BESTARD

Durante toda nuestra vida aprendemos muchas cosas, pero es una asignatura pendiente aprender humanidad. En la medida que seamos más humanos somos más personas, ya que podemos desplegar nuestra vida al servicio de la generosidad, la entrega, el entendimiento, la paz, el diálogo, la solidaridad y poder hacer un mundo más justo y habitable. Tanto sufrimiento vivido en este año de pandemia y tanta heroicidad anónima, no pueden quedar en el olvido, es una oportunidad para crecer y madurar en humanidad, para desplegar un modo mejor la vida y las relaciones con los otros. La esperanza es el motor que mueve a la humanidad. Solo desde el corazón podremos desentrañar la esencia de las cosas, allí es donde comienza la auténtica vida, la verdadera humanidad desde la cotidianidad del silencio.

Las Naciones Unidas proclamó el 19 de agosto como el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, su objetivo en este año es rendir un homenaje a los profesionales de la salud y trabajadores humanitarios, que a pesar de que se lo ponemos muy difícil, continúan realizando una labor impagable en medio de la pandemia a favor de millones de personas. Los trabajadores humanitarios están superando obstáculos de acceso sin precedentes para ayudar a las personas en crisis humanitarias en 54 países, así como en otros nueve países que han sido catapultados a la necesidad humanitaria por la pandemia COVID-19.

La ayuda humanitaria es imprescindible y hoy más necesaria para poder salvar vidas y poder aliviar tanto sufrimiento de la población afectada, no solo por la COVID-19, ahí están las inundaciones, terremotos, incendios, hambrunas y otras catástrofes, así como los conflictos, no solo bélicos, también de desplazamientos de la población. Esta ayuda que se canaliza a través de las instituciones nacionales y supranacionales mediante dinero, alimentos, suministros médicos, ropa, pero sobre todo con la presencia de personas que hacen llegar esa ayuda. Este día trata de destacar, valorar y homenajear el trabajo de todo el personal humanitario y del personal profesional de la salud que ofrecen su protección y asistencia a millones de personas en situaciones muy difíciles y de autentico peligro. Esta fecha también sirve para conmemorar a todas aquellas personas profesionales que perdieron la vida o resultaron heridas mientras desempeñaban estas tareas humanitarias.

Por otro lado, se recuerda que la emergencia climática está haciendo estragos en todo el mundo, destacando los países más necesitados y vulnerables, que son los que menos han contribuido al cambio climático. En esta situación la ayuda humanitaria se hace más difícil en los cada vez mayores incendios de bosques o inundaciones que hace que pierdan sus hogares, sus medios de vida o sus propias vidas. El tiempo, como estamos comprobando, se está agotando y es necesario que nuestras autoridades políticas tomen medidas urgentes contra el cambio climático para salvar no solo a las personas más vulnerables, para salvarnos todos.

Todas estas personas son auténticos héroes por la vida, que a pesar de las dificultades y de la gravedad de la pandemia, no han dejado de brindar ayuda a millones de personas a través de la donación de alimentos, la posibilidad de albergue y asistencia médica durante el confinamiento. Pero también, estos asistentes humanitarios, han brindado protección y ayuda a las personas desplazadas, refugiadas, migrantes y a toda la población que ante la pandemia se encuentra más vulnerable, teniendo siempre presente la defensa de los derechos humanos.

La asistencia humanitaria es la herramienta necesaria en este mundo globalizado que habitamos y poder desplegar una solidaridad cada vez más necesaria. La acción humanitaria subraya tres componentes necesarios: La asistencia, la protección y el testimonio. La asistencia debe ser guiada por un criterio de necesidad y solidaridad imparcial e independiente. Otro elemento es la protección de las víctimas haciendo vigente el derecho humanitario e internacional. Por último, es necesario dar a conocer a la sociedad las necesidades y las realidades donde se necesita más la ayuda humanitaria.

En el año 2020, según las Naciones Unidas, las necesidades humanitarias alcanzaron el nivel más alto de la historia como consecuencia de la pandemia por el coronavirus (COVID-19), los conflictos internacionales, los desplazamientos de la población a gran escala y también el hambre que se incrementó debido a la pandemia. En diciembre del año pasado, 235 millones de personas requerían asistencia humanitaria y protección.

A todo ello, como hemos comentado, debemos añadir el cambio climático y la degradación ambiental que siguen agravando las vulnerabilidades citadas anteriormente. En los últimos 30 años, los desastres vinculados al cambio climático, como sequías e inundaciones, se han triplicado en todo el planeta. Todos estos desastres repercuten de forma muy negativa en las familias más vulnerables, ponen en riesgo la seguridad alimentaria, empeoran la escasez de agua y obligan a la población a abandonar sus hogares.

La naturaleza de la globalización exige ir más allá de los procesos intergubernamentales y de los Estados nación e implicar a nuevos actores para la búsqueda de soluciones en la asistencia humanitaria. Se necesitan muchas redes de actores no estatales que participen de forma activa, incluidas las empresas y la sociedad civil, reconociendo nuestra obligación de prestar asistencia humanitaria dondequiera que sea necesaria. No hablamos de emociones, sino de deberes y derechos. El derecho de todas las víctimas y el deber de asistencia nos remite a la justicia.

 Por último, la extraordinaria solidaridad que suscitó la pandemia en todos los grupos sociales y en todas las naciones, buscando favorecer a los más pobres, debemos buscar que no sea pasajera, sino en algo estructural. Que se constituya no desde arriba, sino desde abajo, desde los más pobres y vulnerables. Los más vulnerables y necesitados, no deben ser solo objeto de nuestra solidaridad, también buscar que ellos se hagan sujetos de su propia vida y solidarios con los que los rodean. El mundo será para todos cuando miremos la pobreza y la vulnerabilidad como algo nuestro, algo que repartir de forma responsable entre todos.