Mirando hacia dentro, paisajes del alma

Es también el  verano tiempo de  mirar hacia dentro, de morar penumbras.  Persianas y celosías que amparen  el fuego de esta luz cenital, voraz, cegadora, que den tregua a la intensidad del estío castellano...
Miramos hacia adentro,  a la arqueología de lo que somos,  al apuntalar de recuerdos y ruinas,  pertinaz empuje de los días que nos crecieron como enredaderas y se nos prendieron de la piel y de las tapias del alma. Los días de la ternura y la inocencia entretejidos de frustraciones o deseos.

Y la casa que fue nuestra infancia,  aquella que nos habitaba por dentro, y el desalojo rebelde de la primera juventud  que se nos desprendiera como camisa vieja, igual que las que abandonaban las culebrillas rastreando el borde del camino que baja al río...

Entonces miramos hacia adentro,  dialogamos con el personaje que fuimos,  la sombra de un deseo... Mientras recorro una vez más los parajes de entonces y  me encamino, como antaño,  hacia el crepúsculo de oro que corona la ermita,  voy desgranando también la memoria de mis estudios universitarios,  de la escritura que el sendero, real o imaginario, me entregara: "Tú, juventud más joven, irás a tu aventura..." cantaba Machado, de dibujos y bocetos que eran otro modo de búsqueda y se han ido quedando con sus dobleces entre los libros.  Vuelvo sobre páginas y  pasos, en la pequeña biblioteca de la casa de los abuelos: El secreto de la flor de oro, Psicología y alquimia, de Jung,   El juego de los abalorios de Herman Hesse,  donde se  enredaron y   entretejieron aquellas primeras indagaciones,  mientras preparo el curso de verano,  para la universidad de la mística en Ávila, Cites:   https://www.mistica.es/asignaturas-verano-2021/c-g-jung-y-san-juan-de-la-cruz-introspeccion-mistica-y-o-divinizacion

Entre Ávila y Salamanca,  mística y guerrera la una, sabia y universitaria la otra, voy de introspección en retrospección, paisajes cordiales revisitados, portillos y  cancelas, lechos secos del río Corneja que deslinda las dos provincias en la luminosa amplitud del  valle, cuando la luz se vuelve violeta. Querer entender:  psicología y mística,  mientras las últimas luces de la tarde evidencian la herida de trascendencia que somos, según María Zambrano. Barbechos de la tierra, cultivos del alma, sondeos como en espirales de los tiempos pasados y los futuribles, me voy adentrando en huertos sellados, la cartografía de lo que fuimos, la esperanza de lo porvenir, el fundamento de aquello que se construía en nosotros, como en el poema de Emily Dickinson: “Los puntales asisten a la casa hasta que está construida y entonces los puntales se retiran… Un pasado de tabla y clavo y lentitud- luego caen los andamios y confirman un alma”,  

Y en esa búsqueda miramos hacia dentro, sosegada retrospectiva.