Las calenturas del futuro (inmediato)

El próximo verano ya no será el verano más caluroso que hemos vivido, sino el menos caluroso de los que vamos a ver.

(Omar Baddour, científico de la Organización Mundial de Meteorología)

 

Después de unos días relativamente frescos, este fin de semana la Agencia estatal de meteorología prevé en Salamanca máximas de 36º C por efecto de una ola de calor que en otras zonas de España puede superar ampliamente los 40º C (en Sevilla podría rozar los 50º C). Nadie debe sorprenderse, teniendo en cuenta el reciente episodio térmico desbocado en el NW de Norteamérica, con temperaturas máximas cercanas a los 50 grados y mínimas en torno a los 20 durante casi una semana, unos veinte puntos por encima de los datos habituales en la zona. Como las desgracias nunca suelen venir solas, esta calorina ha venido acompañada de un máximo concentración de CO2 en la atmósfera (420 ppm; en 2020, la máxima fue de 411 ppm.). Todo ello ha provocado unos 200 fallecidos y 78 incendios forestales.
Si en esas latitudes de América son datos inusuales, aquí no tanto. El 3 de agosto de 2018 el observatorio de Matacán registró una máxima de 39º C, dentro de una serie de seis días por encima de los 35º C. Y es posible que en Salamanca el aire no esté tan contaminado, pero hay otro fenómeno no menos preocupante: la sequía. De los 328 mm/año de media en el periodo 1981-2010, se pasó a 181,3 en 2018, un 47,7 por ciento menos. Los datos posteriores son más “normales”, pero Salamanca sigue en la frontera entre la España seca y la muy seca, y la tendencia es a peor. (Ciertamente, disponemos de mucha agua embalsada, pero ni puede llegar a todas partes ni remedia el estiaje, que damnifica a la agricultura y la ganadería y propicia los incendios).
No creo que a estas alturas haya algún indocumentado que comparta la opinión de los negacionistas. Para estos tales, la noción de cambio climático es mero hoax (cuento, mentira); es difícil creer que creen eso y más bien cabe pensar que defienden las empresas basadas en el carbono. Por si acaso, para personas más humanas recomiendo la lectura del libro “El desafío del clima”, recientemente publicado por RTVE con la autoría de algunos de sus hombres y mujeres del tiempo. La publicación es divulgadora y estudia las causas, efectos y posibles líneas de acción para paliar el cambio climático. Se trata principalmente de avanzar en la línea de los acuerdos internacionales de París de 2015, centrados en la reducción en un 50% de las emisiones de CO2 en 2030.

Hablamos de paliar, no de revertir este complejo y letal fenómeno. Por desgracia, ya no tiene remedio y los cambios del clima van a peor y son irreversibles; aun en el menos malo de los escenarios, la temperatura irá al alza, lo mismo que las concentraciones de gases de efecto invernadero, el nivel de los océanos y los fenómenos extremos (olas de calor, ciclones, inundaciones…). Los autores de este libro creen que algo puede hacer cada hijo de vecino con el uso de materiales reciclables, coches eléctricos, transporte público y dietas menos carnívoras. Con este tipo de recetas hablan para la clase media occidental, siempre ávida por mejorar sus pautas de consumo y de movilidad.

Pero es dudoso que el problema, en su alcance global, tenga otra solución solución que no sea un drástico cambio de sistema económico. Y aun así.