La aventura de negarte a matar pacientes si eres médico de SACYL

Vaya por delante la ley, que no tengo ninguna intención de hacer la trampa: Artículo 14. Derecho y obligación de relacionarse electrónicamente con las Administraciones Públicas. 2. En todo caso, estarán obligados a relacionarse a través de medios electrónicos con las Administraciones Públicas para la realización de cualquier trámite de un procedimiento administrativo, al menos, los siguientes sujetos: a) Las personas jurídicas. b) Las entidades sin personalidad jurídica. c) Quienes ejerzan una actividad profesional para la que se requiera colegiación obligatoria, para los trámites y actuaciones que realicen con las Administraciones Públicas en ejercicio de dicha actividad profesional. En todo caso, dentro de este colectivo se entenderán incluidos los notarios y registradores de la propiedad y mercantiles. El 14 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas. Dicho queda.

Y a este 14 que no usaba se aferra SACYL para recabar ese listado de médicos, enfermeros y farmacéuticos que nos negamos a asistir suicidios o practicar eutanasias. Porque según la ley vigente somos nosotros, los que no matamos, los que debemos inscribirnos; se entiende que los demás, los no inscritos, procederán a ello conforme a las condiciones necesarias cuando les sea requerido.

SACYL te exige certificado digital y firma electrónica si decides ejercer tu derecho a la objeción de conciencia, pero no acepta el escrito directo del profesional sanitario que así lo estima (ya lo habíamos enviado algunos) y reduce la manera de comunicación a su escueto formulario. Una supuesta seguridad jurídica nos ha dejado, con la ley ya en vigor, en la mayor de las desprotecciones a los que, por fidelidad no sólo a nuestra conciencia sino también a nuestro código deontológico, no prescribiremos o administraremos un tratamiento letal que ya nos pueden demandar. Mayores trabas nos ponen, y esto redundará en un menor número de objetores, en vistas a seguir alentando esa ley tan liberal y tan progresista que enmienda la deontología médica. La una, una ley de muerte, ovacionada en el Congreso de los Diputados; la otra, una lección de vida, trabajada día a día, desde hace siglos, junto al enfermo en su postración. La apología del suicidio frente al alivio y el consuelo para el que ya no podrá curarse.

Si se trata de inseguridad jurídica cotidiana ya tenemos Medora, el sistema informático con el que trabajamos: cada vez que se escribe en la historia clínica no sabe uno si esa anotación se grabará o se irá al limbo de los datos ocultos, porque ocurre muchas más veces de lo aceptable. Es algo frecuente, como lo es que SACYL, en cualquier procedimiento para unas oposiciones o una bolsa de empleo, te pida que le aportes información que ya está en sus archivos. Dirán que eso no es ejercicio de la actividad profesional, pero podría enumerar decenas de gestiones que copan mi consulta en las que no me comunico electrónicamente. En cualquier caso, la prueba más evidente la proporciona la propia página web de SACYL cuando facilita hasta veinticinco formularios orientativos para la tramitación de la eutanasia, y tampoco son electrónicos.

Normalmente SACYL te pide que tú le solicites un documento, luego te lo manda y lo recibes, después vas a un registro y quizá tengas que esperar cola fuera por protocolo pandémico, allí te ven el título de médico que ya has paseado y presentado doscientas veces, te escanean diplomas por enésima vez, revisan esos imprescindibles papeles emitidos por la propia institución a la que se los presentas… y a partir de entonces, a esperar respuestas, listas, plazos que no conoces, plazas que no te anuncian, sentencias que no te esperas… Es la dinámica habitual que, oh casualidad, ha cambiado cuando se trata de objetar ante la ley de eutanasia. Se nos cambia la rutina a profesionales acostumbrados, seguramente mal, por una administración que parecía desconfiar de sus propios procedimientos electrónicos o buscar una justificación para tanto aparato burocrático.

No obstante, lo mejor de todo es que así pediré un certificado digital que hasta ahora no tenía y procuraré sacarle partido en el futuro. SACYL, por su parte, desde hoy será un modelo de agilidad y trasparencia, dará gusto comunicarse sólo electrónicamente con tan ejemplar administración. ¡No lo dudo! El primer uso de mi certificado, cuando lo tenga después de solicitarlo a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y seguir los pasos pertinentes, será muy honorable. Porque el honor es formar parte de una lista que nunca debió hacerse, y la esperanza, celebrar un día la derogación de esa ley injusta y la aprobación de una que proteja los cuidados paliativos: no lo harán los diputados en sus escaños, sino los enfermos dignamente acompañados por los profesionales sanitarios y, sobre todo, por sus familias.