El Cuarto Rey Mago

Para que exista ese “encuentro” con la belleza, no nos basta con encontrarnos con ella, es necesario que nos involucremos, que facilitemos su nacimiento

ROMANO GUARDINI

 

Dos cosas colman el ánimo con una admiración y una veneración siempre renovadas y crecientes...: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.

IMMANUEL KANT

Hay cosas en las que a veces no reparamos, como la importancia de vivir, lo limitados que somos, la necesidad de descubrirnos a nosotros mismos y lo que tenemos alrededor, la inagotable dimensión de la belleza, que nos alimenta el anhelo de ir más allá de sí, rebelándose contra los límites de la existencia.

Al leer el poema de José Jaime Capel, te coloca más allá de lo sensible, desvela un kairós de la belleza, no solamente la significa, la hace presente. Es realmente bello el poema, yo diría sublime, eleva el alma a contemplar la naturaleza del paisaje y del alma del personaje. Te atrapa y te encamina a penetrar en el lenguaje, la descripción de la naturaleza, nos lleva al “otro” del paisaje, toma posesión del alma y nos canta al corazón.

Tus palabras son como un pincel que va coloreando el libro de bitácora del cuarto rey mago, Artabán. No olvidas el misterio de la naturaleza y del hombre, con lo que llenas de vida y de sentido cada renglón de poema en una creación continua, libertad de la que haces partícipe al lector. Tienes razón que hay mucho de ti en el poema, mucho de tus experiencias y de tus viajes, pero en tu viaje de Samarcanda a Belén, has realizado un desdoblamiento, creando y recreando a tu otro yo que llevas en lo más profundo, adquiere conciencia y habla con la voz de Artabán: poesía, fe y geografía.

 

En el techo del mundo, una rocalla,

muy alta cumbre, augusta, nevada,

rayando el cielo, entre adosada,

se alza regia la colosal muralla;

 

qué eminentes pilares de hielo,

de perpetuos glaciares abundado,

do aludes de jazmines al revuelo

visten armiño surcos del sembrado.

 

La poesía, la fe y el paisaje son como el aire que respiras, han penetrado en tu existencia y son ya parte de tu ser y te acompañan en tu caminar por el mundo y en tu vuelta a Ítaca. Son ahora las raíces de tu existir, clarísimo alquimista de las palabras, que mezclas con una profunda precisión existencial. Toda la cultura occidental nos remite a dos muertes, nos recordaba George Steiner, la de Sócrates y la de Jesús, dos profetas disidentes que buscar la Verdad (con mayúsculas), defienden tú búsqueda, la salvación humana, el camino hacia la transcendencia, hacia Dios. Todos llevamos nuestro personaje, tu llevas a Artabán, es tu otro yo, con él has traspasado los límites de la palabra y has atravesado el tiempo, pasado, presenta y futuro. Un rayo fugaz que se concentra en un punto, hablas del pasado, pero es presente y también futuro, sensación relámpago de drama, armonía y paz. Anuncias la nostalgia de la infancia, de las experiencias del camino, de los viajes, pero también de una vida que ahora se dirige hacia el fuego de la luz. Como si hubieras abierto esa bola de cristal en la que vivías encerrado.

El espacio y el paisaje contribuyen a marcar la conciencia, nos enraízan en el mundo en la existencia y en el corazón, para no volar al etéreo vacío y seguir el camino del amor a Dios y al prójimo. El “otro” del paisaje es la cara de nuestro ser más profunda, más radical, es la conciencia vital que precede a toda idea y nos ayuda a poder estar en el mundo. En eso lo has bordado, el paisaje se inserta en el poema como tu conciencia vital y que nos lleva al camino de Artabán.

 

Por una abra desierta del sendero,

tendido un extranjero en patria extraña

y en desmayo, creyó su fin certero,

la piedad que surte al bien, le acompaña.

 

De galas despojado al mercader

de adarga y caballo sobre la arena;

vendó su herida en su adolecer,

con bálsamo de nardina agarena.   

Pero la corriente subterránea desde las llanuras de Kazajistán hasta los montes de Judea, es ese misterio desconocido, ese soporte seguro del “otro absoluto”, que aflora como un manantial de vida en el crucificado, tocando lo que está detrás, al propio Padre Dios. En este poema se ha desvanecido Gabriel ante la presencia samaritana de Artabán, que lleva el ADN del nazareno. El camino escarpado de Artabán, es un ver sin ver, un sentir sin sentir, desvelando la cortina que nos separa y tocando esa sustancia del alma hacia el misterio, donde habita Dios. Bienaventurado Artabán, que tiene fe, hambre de fraternidad y justicia, desnudo de equipaje, que como la estrella que ilumina en la noche nos lleva todos a los pies de la cruz.

Gracias, amigo por tanta belleza, por tanta vida interior, por tanta creación poética, por modelar y recrear el espíritu del Amado.

Ha sido un gran regalo leer tu precioso poema y una recomendación que hacemos desde estas páginas.

José Jaime Capel Molina, catedrático jubilado de la Universidad de Almería, muy conocidos sus libros dedicados al clima por los que nos dedicamos a esta hermosa profesión de enseñar. Destacan sus aficiones a la pintura y a la poesía, sobre todo a la poesía mística. Su primer libro de poesía Afelio, lo publica en 1989. Destacan El sur de azabache, El silbo del Ruiseñor, El Lirio de Israel, El Vals de Alfil, con el que recibe el premio de Literatura Granada Costa 2018. Su último libro, que también he tenido la suerte de prologar fue Arcadio y Gabriel. Último Paraíso (2020).