Tulipomanía. La primera burbuja

Semper Augustus

La crisis de los tulipanes fue la primera gran burbuja económica de la historia moderna. Ocurrió en los años 30 del siglo XVII en un periodo de gran prosperidad en los Países Bajos. El objeto de la burbuja fueron los bulbos de tulipán, que multiplicaron su valor por 100 en tan solo cuatro años, para después caer estrepitosamente creando asola una grave crisis económica.

A principios del siglo XVII las flores se convirtieron en símbolo de ostentación y riqueza en el centro de Europa. Entre ellas, el tulipán, era el mayor exponente de opulencia  gracias a las variaciones inexplicables que surgían en algunos de sus bulbos, resultando abultamientos multicolores e irrepetibles.

Este exotismo desembocó en una locura compradora de tulipanes que duró varios años, llegando a provocar la primera gran crisis financiera de la historia reciente.

El motivo que llevó a Holanda a esta profunda depresión  fueron los desorbitados precios que alcanzaron los tulipanes, y la posterior caída de los mismos, lo que llevó a muchas personas a la más absoluta ruina. En 1559 llegan a  este país los primeros tulipanes; provenientes de Turquía, donde se consideraba flor sagrada, pronto se extendió como una plaga por los terrenos holandeses, donde las características del suelo ganado al mar, resulta óptimo para su cultivo.

 En los años siguientes aparecieron tulipanes nunca vistos, más altos, más coloridos, diferentes tonalidades y brillos… en poco tiempo el tulipán se había consolidado como símbolo de poderío económico entre la alta sociedad, todo el mundo quería tener uno. El proceso por el cual el tulipán cambiaba de color era un secreto para los agricultores (hoy se sabe que ese proceso se debe al virus inoculado por el pulgón a la planta), que intentaron dar con un proceso que les proporcionara la  flor y color a su gusto. El tono  de la flor era aleatorio, nadie podía controlar de qué color sería un tulipán hasta que no había florecido, ciertos tonos estaban mejor cotizados que otros más comunes, con lo que el precio de la flor comenzaba a subir. Principiando el siglo XVII: se llegaron a vender casas señoriales, campos de cultivo, o granjas enteras a cambio de un solo bulbo. El precio de los tulipanes subía y subía, nadie veía el fin a un negocio que dejaba rendimientos de hasta el 500% al inversor. Gran parte de la nobleza holandesa comenzó a depositar toda su fortuna en el cultivo del tulipán. Nombres   de coloridas variedades como el “viseroij” era sinónimo de riqueza instantánea.   Pero a esta locura colectiva le quedaba un coletazo muy fuerte: año 1636, la peste bubónica asola gran parte de Europa, dejando la mano de obra escasa. La reacción no se hizo esperar: el precio del bulbo se disparó por las nubes. Hipotecas sobre sus propios hogares, trabajos gratuitos hasta 15 años, todo valía para invertir en la flor divina.  La locura llegó a extremos que ni el comprador ni el vendedor había visto en su vida el tulipán que se estaba vendiendo, tan solo operaban con un bono sobre un “teórico” tulipán que estaba plantado en algún campo robado al mar. Grandes y pequeños inversores habían hecho fortunas increíbles en cuestión de pocos años. Aflora las ganancias y lujo. Hasta que llegó el 5 de febrero de 1637. Aquel día se hizo la última gran venta de tulipanes: 99 tulipanes a 90.000 florines (unos 15.000 euros hoy en día). El 6 de febrero, medio kilo de tulipanes salían a la venta por un precio inicial de 1.250 florines y nadie pujó por ellos. Las voces más críticas los “tulipaneros” se hicieron escuchar clamado por el absurdo precio que habían alcanzado aquellas flores que tan solo florecían dos semanas al año.

Un bulbo del Semper Augustus se llegó a intercambiar por una lujosa mansión en el centro de Ámsterdam. Otro Semper Augustus se vendió por 6000 florines. El mercado de los tulipanes entró en la bolsa de valores.  Como no podía ser de otra forma, surgen curiosas anécdotas: según  relata Charles Mackay, un marinero confundió un bulbo, de Semper Augustus, que había encontrado en su barco con una cebolla y lo cocinó junto a un pescado que le había regalado su patrón por traer la mercancía sana y salva. Este mercader había comprado el bulbo por 3000 florines. Al marinero le salió cara la “cebolla”. A causa de su negligencia, sufrió prisión de 6 meses.

Pronto, el negocio de los tulipanes dejó de ser un producto de temporada como el resto de los cultivos y pasó a negociarse durante todo el año. La floración de un tulipán desde su cultivo dura 7 años, lo que conllevaba muchos riesgos y no cuadraba con la euforia compradora. ¿Cómo se podía negociar un producto de temporada durante todo el año? La solución fue comenzar a vender los bulbos de tulipán antes de que se hubieran recolectado. Negociándose el precio y la cantidad de compra antes de que los cebollones florecieran. Aunque suene descabellado, fue uno de los primeros pasos para la aparición de uno de los mercados más importantes en la actualidad, el de los futuros financieros.

Pinchazo de la burbuja de los tulipanes

En 1637 la burbuja estalló, el precio de los tulipanes empezó a caer en picado. Todo el mundo se quería deshacer de los bulbos de tulipán, provocando numerosas bancarrotas y el pánico en todo el país. La gran cantidad de contratos que no podían hacerse frente y la falta de garantías de este extraño mercado financiero llevaron a la economía holandesa a la quiebra.

 

     Semper Augustus