Fallado el II Concurso de Poesía y Relatos Cortos de FAMASA 

Benjamín Chamorro Morán, de Zamora, y María Fernanda Trujillo, de Sevilla, han sido los ganadores

Entrega de premios de una edición anterior de este certamen de Famasa. Foto de archivo

Una vez enviadas las valoraciones de las 22 obras presentadas al II Concurso de Poesía y Relatos Cortos ‘Esperando la normalidad”’, convocado por la Federación de Asociaciones de Mayores de Salamanca, los miembros del jurado compuesto por personas de FAMASA, Ayuntamiento de Salamanca y expertos en la materia, han acordado que los ganadores sean los siguientes:

- Relato Corto ganador: "Esperando la nueva normalidad" de Benjamín Chamorro Morán de Zamora.

- Poesía ganadora: "Penélope y la invocación" de  María Fernanda Trujillo de Sevilla.

La entrega de premios y diploma acreditativo está por determinar y se avisará a los ganadores previamente.

ESPERANDO LA NUEVA NORAMALIDAD (Benjamín Chamorro Morán)

Suena el altavoz ronco de estación y llena el aire con palabras de esperanza. -dice- “Tiene prevista su llegada en los próximos minutos tren procedente del abismo y la incertidumbre pandémica, en pocos instantes hará su entrada. Viene atravesando puentes, e inciertos y oscuros recovecos y túneles plagados de sombras e impotencias. Sus pasajeros, demacrados, parecen haber atravesado el infierno embozados y paralizados por una pandemia incierta y desconocida hasta el momento. Camina con dstino a la “Nueva Normalidad” y tendrá entrada en esta estación para seguir camino de la vida. Tiene previstas paradas en las estaciones siguientes de “La Esperanza”, “Los Sueños Retomados” y de “El Mañana Nuevo”.

Decirles, que viene cargado de abrazos y besos retenidos y helados en el tiempo. Todos con la intención de compensar y regalar días perdidos de vida atrapada en el oscuro abismo del tiempo que se ha llevado la vida a la espalda del cielo, vidas sin despedidas ni abrazos, vidas que se han ido entre ese espeso humo que deja el tren como disimulo de normalidad. Amigos y compañeros que sentenciados sin causa, con la rabia de la tierra pegada a los dientes. Hombres y mujeres invadidos de impotencia. Vidas rasgadas y rotas a jirones, que nadie fue capaz de zurcir como lo hacían aquellas viejas y heroínas mujeres que zurcían para nosotros, incansables, con el huevo güero. Mujeres sin haber sido niñas que vivieron junto al canasto de la costura; y hombres infatigables que escribían poemas de sangre con su arado en la tierra, su tierra.

Ya sé que el tren dejó el pasado en el camino, pero no puede olvidar y cargar con aquellos sueños que se quedan encrespados entre la niñez y la cara de uno de estos residentes de hoy, y que un día también fueron niños de un ayer distinto y mísero.

Va cansando la vejez, y restando facultades, que no sueños. Vejez que nos rompe sin que parezca que importe demasiado a quienes nos contemplan con compasión. Los mismos que hoy nos deben sudores, abrazos, desvelos y consuelos que hace ya tiempo dejó perdidos en un andén el destartalado tren.

Tras este incierto viaje quedan aún muchas cosas por hacer y sueños que soñar; primaveras por pintar y palabras por decir. Sí, y lágrimas que derramar, y es que, como decía Einstein, “Quien no se sorprende por nada, ya está muerto”. Yo no quiero ser un muerto que vive entre los vivos. Espero, y quiero, que si llega la parca, como ha de llegar, lo haga con dignidad y no con estos argumentos de pandemia. Que venga dejando nuevos ecos de vida y no de lutos robados; que no nos regale tanta soledad y tanta angustia ¡Que no sea tan puta!. Que nos mire de cara a los ojos y sea mas generosa; que no se aproveche de angustias y miedos, que nos deje mirar por la ventana del cuarto sin que veamos cristales retorcidos que te cieguen el mañana. Cristales opacos de impotencia y de rabia. ¡Que no se vuelva a reír de la vejez!, porque topándome de cara con la incertidumbre que nos ha dejado esta pandemia, me hace pensar en lo que alguien, sabio, algún día lejano ya dijo: Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres!.


Ya ha llegado el tren a la estación de “La Esperanza”, bastón en mano se van apeando lentamente los más mayores. ¡El tren continúa su destino camino de la vida!.

¡Buen viaje, amigos!

PENÉLOPE O LA INVOCACIÓN (María Fernanda Trujillo)

Un jardín

guardo para ti en el bolsillo.

 

Un nido de sílabas

en la frente llevo

hasta tu vuelta.

 

En las manos,

el eco de la tierra

y trazos de constelaciones

como preludio de un sueño inacabado.

 

En los zapatos,

semillas prendidas

de cuantos senderos anduvimos

o las huellas que el tiempo nos dejó,

anillos desdibujados en la arena,

allá donde el calendario era solo

humo, sin memoria.

 

Y en el corazón, brújula simpar,

madejas guardo

de lo que alguna vez olvidé decirte;

pero eso…, eso, amor mío,

mejor lo dejo para el día

en que hasta mí regreses,

cuando ya no muerdan los insomnios.