Jerusalén Este, mayo 2021: no hay tregua en el conflicto palestino-israelí

Estamos en presencia del, hasta ahora, último episodio del conflicto palestino-israelí, cuyo centro neurálgico reside en la ocupación militar de territorios palestinos por parte de Israel y con la pasividad y complicidad de las organizaciones internacionales.

Fuente: Amnistía Internacional España.

Carlos J. Álvarez Gonzalvo

Defensor de los Derechos Humanos

Los recientes acontecimientos ocurridos en mayo de 2021 son un eslabón más del conflicto palestino-israelí. Esta vez el episodio surge en Jerusalén Este. Durante la celebración del Ramadán, se dieron enfrentamientos entre la población musulmana y la policía israelita con motivo de diversas limitaciones impuestas a la primera por las autoridades israelíes, en relación a los desplazamientos y celebraciones en diversos lugares sagrados de Jerusalén Este —territorio palestino ocupado por Israel desde la Guerra de los Seis Días de 1967—. En concreto, las autoridades de Israel fundamentaban las limitaciones antedichas en restricciones provocadas por la pandemia, sobre todo el desplazamiento y concentración ante la Puerta de Damasco, una de las ocho puertas de la muralla de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y un lugar muy frecuentado por los palestinos en sus protestas, manifestaciones y actividades sociales y culturales.

Tampoco puede obviarse que durante el Ramadán, esto es, en medio de la festividad sagrada de los musulmanes, unos centenares de ultraderechistas israelíes se dirigieron hacia la Ciudad Vieja de Jerusalén a orar al Muro de las Lamentaciones al grito de «¡muerte a los árabes!», provocando enfrentamientos con la población palestina. Ni que recientemente fueron desalojadas y desahuciadas varias familias palestinas del barrio de Sheij Yarrah, al norte de la Ciudad Vieja de Jerusalén, por decisiones judiciales de tribunales israelíes, lo que fue interpretado por la población palestina como una provocación y una burla del pueblo de Israel, así como una afrenta más del Estado sionista en su política subterránea de expandir los asentamientos de colonos israelitas en territorios palestinos ocupados.

En todo caso, y dentro de ese contexto de tensión latente, la virulencia de la acción policial israelita en la llamada Explanada de las Mezquitas de Jerusalén Este, con más de 300 heridos palestinos, desencadenó que Hamás —organización que dirige de facto la Franja de Gaza sin comicios desde 2006— y la Yihad Islámica lanzaran cohetes desde la Franja de Gaza contra el centro de Israel y Jerusalén. En respuesta, el Estado hebreo comenzó a realizar bombardeos aéreos sobre el territorio de la Franja de Gaza, en una operación militar que las propias autoridades israelíes han bautizado como «Operación Guardián de los Muros». El resultado es ya habitual en el conflicto palestino-israelí: víctimas mortales en ambos bandos, en que las estimaciones más prudentes hablan en esta ocasión de más de 200 fallecidos —la inmensa mayoría palestinas— de los que al menos 60 eran menores de edad y 34 mujeres.

Estamos en presencia del, hasta ahora, último episodio del conflicto palestino-israelí, cuyo centro neurálgico reside en la ocupación militar de Israel de ciertos territorios palestinos desde la Guerra de los Seis Días de 1967. Territorios que, en su mayoría, siguen bajo el control de Israel con la pasividad y complicidad de las organizaciones internacionales. No vaya a ser que se enfade EE.UU., histórico amigo del Estado hebreo. La Operación «Guardián de los Muros», lejos de tener autonomía propia, es una continuidad de la «Operación Margen Protector» de 2014, más dramática y significativa en términos de víctimas mortales y daños materiales, pero con los mismos protagonistas, el mismo modus operandi y el mismo tema de fondo, que no es otro que el conflicto palestino-israelí, o por utilizar el título de un famoso libro de Edward Said, La cuestión Palestina.

Mientras continúe la inacción de las organizaciones internacionales ante la ilegítima e ilegal ocupación israelí de Cisjordania y el bloqueo aéreo, marítimo y terrestre ejercido por el estado hebreo sobre la Franja de Gaza, esta no podrá salir de la gravísima crisis humanitaria en que se encuentra. Crisis que ha sido todavía suficientemente publicitada. Y, por qué no decirlo, mientras permanezca la organización palestina Hamás al mando de las operaciones como gobierno de facto de la Franja de Gaza, la resolución justa de la Cuestión Palestina se nos antoja una quimera, y episodios como los ocurridos en mayo de este año en Jerusalén Este, desencadenantes de la operación militar «Guardián de los Muros», son una confirmación de este triste augurio, que sólo lleva consigo la muerte y la sistemática violación de los derechos fundamentales de la población civil.